En los amplios reportajes que las televisiones nos han ofrecido en los últimos días con motivo de la polémica sentencia a los cinco jóvenes que abusaron de una mujer en los Sanfermines de hace un par de años, me ha llamado la atención el tatuaje que uno de ellos llevaba grabado en el bajo vientre: “Carpe diem’.
Muy
probablemente, este latinajo sea el único que los jóvenes y no tan jóvenes
posmodernos conocen y ponen en práctica de la amplísima sabiduría que el mundo
romano nos legó.
El
Carpe diem se ha convertido en santo y seña de posmodernos hedonistas. Una
filosofía, una ideología y una religión para andar por casa y por el mundo. Y
también un lema para el perfil de whatsapp y un tatuaje para el cuerpo. Si en
google buscas ‘Carpe diem tatuaje imágenes’, te salen centenares de fotos de
cuerpos tatuados con el latinajo de marras..
Porque
cuando decimos ‘Carpe diem’ o su equivalente castizo ‘Vive la vida’, lo que
estamos diciendo es: “come, bebe, folla y alrededores….” Eso es lo que
entendemos. Y nada más que eso. A nadie se le ocurre que el ‘Carpe diem’
(agarra el momento) pueda significar disfruta de la naturaleza que encuentras
en tu camino, goza de los libros, facilita la vida a los que te rodean, exígete
ser coherente, crece en espiritualidad, alimenta tu alma… Nada de esto.
El
carpe diem va directamente al cuerpo y a sus exigencias menos espirituales.
Luego, cuando ocurre lo que ocurre, nos escandalizamos y nos llevamos las manos
a la cabeza. Los cinco miembros de la manada ('la fuerza del lobo está en la
manada' era otro de los tatuajes que llevaba uno de ellos) tenían claro lo que
era el carpe diem. Y quisieron satisfacerlo, con o sin la aquiescencia del otro,
en este caso de la otra. Probablemente la mujer víctima implicada también era
partidaria del ‘Carpe diem’ pero no supo ver –o no entendió a tiempo- que una
manada de lobos nunca pide permiso a un cordero. Aquel sueño de Isaías que cantaba que 'el lobo y el cordero pacerán juntos', aún no se ha cumplido. Y parece que queda lejos de nosotros.

El
‘carpe diem’ que un "lobo de la manada" lleva grabado en su bajo vientre es una
imagen atroz de este reino –o de esta dictadura- que todos hemos ayudado a
construir.
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