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jueves, 11 de junio de 2026

León XIV: larga y engañosa ovación en el Congreso



    Mi impresión es que el largo aplauso al Papa en el Congreso fue bastante engañoso. Tuve la sensación de que los representantes de los diversos partidos tenían instrucciones concretas de no ser los primeros en dejar de aplaudir. Aplaudir poco significaba que el Papa les había llamado la atención con un buen tirón de orejas. Aplaudir mucho todo lo contrario: el Papa les había dado la razón y el discurso pontificio se adaptaba perfectamente al ideario de su partido. Nadie quería dejar de aplaudir. Creo que el Papa entendió esta estrategia y decidió abandonar el hemiciclo, con sonrisa condescendiente, cuando la ovación había superado el minuto siete.

                Nada más acabar el discurso, hemos comprobado que los portavoces de los distintos partidos se mostraron encantados porque el Papa les había dado razón en todo y se la había quitado al adversario. Las políticas de su partido estaban perfectamente en consonancia con el mensaje de León XIV.

                El Papa, admitámoslo, tenía ante sí un auditorio difícil. Se dirigía a un parlamento donde el estilo bronco y canalla se ha convertido en norma. El griterío, la chulería, la sinrazón y el insulto han tomado carta de naturaleza, demostrando una incapacidad para construir la política del encuentro y del bien común.

            Ciertamente el discurso, bien trabado, ha abordado todas las cuestiones importantes que atañen a la dignidad humana y a la responsabilidad que los legisladores tienen a la hora de hacer leyes, porque siempre está en juego la persona y el bien común. El Papa se ha dirigido a las Cortes como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica. Así resumiría las ideas más importantes de su discurso.

             La dignidad humana es la piedra angular sobre la que debe asentarse todo el edificio de los poderes del estado, porque la dignidad humana precede al poder y "no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento". “Y la dignidad no puede quedar al vaivén de las mayorías”.

    La defensa de la vida debe corresponderse con la dignidad humana. “Toda vida debe ser reconocida y custodiada desde el momento de su concepción hasta su natural ocaso. La defensa de la vida no es un cuestión confesional sino la meta de toda civilización.”

    En el momento actual, la cuestión migratoria es muy importante y está teniendo una cabida excepcional en todo el viaje. El Papa ha dicho que hay que "ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En este capítulo de las migraciones el Papa se refirió a un derecho al que normalmente no se alude nunca: “el derecho a permanecer en la propia tierra”. Los que estamos ligados a la cooperación internacional sabemos que ese derecho es el que deben promover los estados y las organizaciones internacionales y las asociaciones humanitarias: facilitar que cada ser humano permanezca en su tierra, con los suyos, en medio de su lengua y su historia.

                Advirtió también de la tentación de caer en la polarización, algo muy útil, porque precisamente uno de los problemas que más preocupa a la sociedad española es precisamente este. El Papa advirtió: "La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

                No podía faltar una alusión a la paz y al respeto del derecho internacional en un momento en que diversos puntos del planeta se ven afectados por la guerra y a un continuo incremento del gato en armas de los diversos países: "Preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable".

    La familia como “fundamento natural de la comunidad”, y también uno de los pilares del cristianismo no ha faltado en el discurso papal, que reivindica el papel fundamental de la “familia que será siempre  la primera escuela de humanidad y fundamento natural de toda comunidad”.

Muy unido a este tema de la familia, está la defensa del derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos. A la familia,  y no al Estado, le corresponde “elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos”. Y el estado simplemente debe velar para que así sea.

Afirmó también la importancia capital del  derecho a la libertad de conciencia y de religión. Todo hombre y toda mujer deben poder practicar, sin trabas, la fe en la que cree. Y dentro de este apartado defendió, en un momento en que algunos estados han cuestionado este derecho “el sigilo sacramental de la confesión” como algo irrenunciable para la Iglesia Católica”.

Hizo asimismo un llamamiento al entendimiento, al diálogo, a la cultura del encuentro y a la importancia de respetar el valor de la palabra: “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos” y “porque la discrepancia no puede terminar en humillación.

En esta época en la que las nuevas tecnologías libran una batalla singular contra el humanismo clásico,  el Papa advirtió que la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza".

                El discurso papal iba dirigido, en primer lugar a los parlamentarios españoles, pero, en cierta forma, también al mundo entero, especialmente a Europa. El mensaje de León XIV ha sido un canto a la dignidad humana que debe poner límites éticos a los poderes de los legisladores, pero también a los poderes tecnológicos, cada vez más presentes en nuestra vida.

                Tal vez este importante discurso podría ser un resumen del pensamiento de León XIV y de la Santa Sede para facilitar la colaboración de todos por el bien común. Las Cortes reunidas en sesión extraordinaria siguieron con verdadero respeto y silencio el discurso del Papa. Mi opinión sobre la larga ovación ya la he dejado clara. Cada uno de los presentes en las Cortes ha creído que el Papa había confirmado sus tesis y que nada tenía que aprender de los muchos recados, avisos, advertencias y consejos que el Papa proclamó con absoluta claridad en la sede donde está representada la voluntad popular. Ya que los representantes del pueblo no han entendido mucho de lo dicho por el Pontífice, es deseable que todos los demás hagamos examen de conciencia y nos preguntemos sobre la defensa de la dignidad de cada persona y sobre el valor sagrado de cada vida humana.







            

miércoles, 27 de mayo de 2026

Lectura humana y ética del asunto Zapatero



                A estas horas los datos mareantes sobre el caso Zapatero están en todas las televisiones y periódicos. En este asunto –y en el de todos los casos precedentes de corrupción de los últimos años- la presunción de inocencia ha sido barrida de un plumazo. Y como todo, en esta España de una polémica al día, como poco, cada uno, dependiendo de la ideología y del partido, o bien exculpa al ex presidente de todas las imputaciones y responsabiliza a jueces y  periodistas. O bien, carga las tintas y se recrea, con gozo electoral, en los párrafos más explosivos del auto o en las fotos donde brillan joyones de dudosa procedencia. Los unos ponen a Dios por testigo de la inocencia del ex presidente. Los otros ponen a Satanás por testigo de los desmanes y demasías. En fin, nada nuevo en esta España vocinglera, y poco dotada para la prudencia y la templanza.

                ¿Se puede hacer una lectura humana de este caso y de los otros casos de corrupción? ¿Se pueden extraer lecciones morales, en estos tiempos de manga ancha para los pecadillos propios y de torquemadas furibundos para los pecadazos ajenos?

    1.- Una primera lección podría ser la de la eterna tentación de la hipocresía. Parecer mejor de los que se es. Aparentar valores y virtudes que no se poseen. Coger el vicio al postureo ético, tal vez porque previamente se ha construido una imagen bondadosa de uno mismo, y no se quiere o se puede renunciar a ella. Sin duda, porque esa imagen beneficia al interesado:  autoproclamarse socialista austero, que se conforma con nada; exhibirse como adalid del feminismo o como notable gayfriendly. Y sobre todo, presentarse como el pacificador  y el defensor de los pobres venezolanos frente a los intereses malvados de los yanquis. Ahora podemos intuir que las cosas no eran exactamente así. La hipocresía esculpe caretas y máscaras. Y Llega un momento en que el personaje se come a la persona. Y el interesado puede creer que la careta es su verdadera cara.

    2.- La avaricia y la codicia. Suelen estar en la base de toda corrupción. El dinero corrompe. El poder y el dinero corrompen doble o triplemente. La avaricia rompe el saco, pero casi siempre lo hace cuando ya no hay remedio para la enmienda. El saco se rompe porque se ha metido tanto en él y tan apretujadamente que, por las costuras rotas, aparece lo que se ha amasado y robado. Se dice que todos tenemos un precio. Y que si el primer chanchullo sale bien, es impulso para cometer un segundo, que parece facilísimo. Y así sucesivamente. La avaricia está reñida con la conformidad ante lo que uno es y uno posee. El codicioso sobre todo es un engreído y un vanidoso que cree que él se merece mucho más en la vida. La avaricia prospera en un humus y en un territorio donde aprovecharse del cargo para sacar beneficio se convierte en lo más normal del mundo, en lo habitual. Y si no, pareces un mentecato y un memo. ¿Tiene necesidad de robar un ex presidente al que le queda una buena pensión, que puede formar parte del Consejo de Estado, que es invitado a muchos foros como ponente, y que cobra bastante por ello? En estos días se ha repetido una arenga del ex presidente: “Un socialista necesita muy poco para vivir; en cambio está siempre dispuesto a dar mucho”.

    3.- Sentiminiento de total impunidad. El sentirse impune e intocable suele conducir a cruzar esa delgada línea roja entre lo legal y lo ilegal, lo lícito y lo ilícito. Uno puede creerse tan importante, tan lleno de contactos, tan poderoso y tan arropado por personas influyentes, que no concibe que todo pueda ser descubierto y acabar en la cárcel. ¡Alguien tapará las fechorías, alguien comprará voluntades! ¡No se atreverán conmigo. Saldré indemne de cualquier sospecha! Tal vez, el ex presidente creía que sus espaldas estaban bien cubiertas por su partido, por la policía obediente, por el poder de la Moncloa, por las televisiones y los periódicos dóciles y subvencionados, por los expertos que lo asesoraban y que aseguraban cometer ilegalidades de las que no dejan huella o que, en el peor de los casos, otros subalternos cargarían con el muerto, cualquier secretaria, cualquier auxiliar. Se tiene la sensación de que el corrupto no se pregunta si las cosas son legales o si son éticas, sino únicamente si dejan o no rastro o manchas. Sentirse impune es la tentación de quien se cree superior al resto de los mortales y catetos de este mundo. La tentación del jefe de la tribu frente a los palurdos súbditos.

    4.- El poder genera personalidades complejas, alambicadas. A veces, retorcidas; a veces, abyectas. El poder (y un presidente de Gobierno lo tiene) y el dinero tienen el don de la insaciabilidad. Un vaso de agua puede saciar la sed de cualquier sediento. Un océano de poder o un banco lleno de dinero no sacian la sed de más poder o de más dinero. El poder otorga a quien lo detenta una vestidura de endiosamiento. El dinero otorga a quien lo tiene una vestidura de respetabilidad y éxito. Ambas cosas pueden llegar a marear. Ambas cosas son adictivas, tanto o más que la heroína.  A Zapatero el poder le cayó del cielo, como un maná. Llegó a la presidencia del PSOE, contra todo pronóstico, porque el sector guerrista se negó a apoyar a José Bono, candidato favorito que perdió por un margen de 9 votos. Cuando ZP tuvo el poder, sin duda creyó que no era una chiripa, una pura casualidad, sino algo merecido por sus cualidades de ‘hombre de estado’. Las elecciones que le alzaron a presidente del Gobierno ocurrieron bajo el impacto emocional de la mayor masacre terrorista. El brutal atentado el 11 de marzo de 2004 le convirtió en inquilino de la Moncloa, también contra todo pronóstico. Tal vez, al dejar la Moncloa, no se conformó con ser un ex presidente al que se invita al 12 de octubre al desfile militar, y poco más. Creerse importante y necesario, crea personalidades endiosadas y retorcidas, vanidosas y mesiánicas. Quizás solo vale para filósofos como Tulio Cicerón aquel conformarse “con un jardín y una biblioteca”.

                Lo de Zapatero no es un caso aislado de corrupción o de enriquecimiento ilícito. ¡Tenemos tantos precedentes, a izquierda y a derecha, que se necesitarían varias páginas, simplemente para enumerarlos! Me temo que, igual que la mafia sólo puede funcionar en un territorio mafioso, también la corrupción sólo brota en un territorio corrupto. Y esto es lo verdaderamente grave. La raíz de la corrupción es, por tanto, un problema moral que denota la carencia de valores cívicos sólidos y arraigados. ¡Todos los ámbitos necesitarían una regeneración ética y un rearme moral: de las familias a las escuelas, de las calles a las redes sociales, de las universidades al mundo laboral…!

                Porque lo malo de todo esto es que los sufridos ciudadanos de a pie, además de estar agobiados por tantos impuestos, sin saber muy bien en qué se gastan y malgastan, tienen que sufrir la chapa, la catequización, el discurso aburrido y pesado de los políticos que se alzan como si estuvieran aureolados con una superioridad moral y ética. A todas horas nos dicen, desde los atriles y púlpitos de sus cargos, lo que no podemos hacer, lo que no podemos decir, lo que tenemos que pensar en esta o en otra materia, ya sea sobre el fraude fiscal o el trabajo, la guerra y la paz, la cuestión de género o el cambio climático, o el modo austero de la vida o el lugar exacto de la verdad. Luego, vemos el uso indebido de los aviones oficiales, las denuncias de mujeres por abusos contra políticos muy ‘feministas’ o la frecuentación de prostitutas, los ataques al poder judicial cuando pillan alguno con las manos en la masa, el despilfarro presupuestario, la compra de votos mediante bonos, subvenciones y pagas, el rescate sospechoso de alguna empresa, o los intentos de silenciar o calumniar a los periodistas que no actúan como palmeros del pensamiento de un determinado partido.

                La lectura humana de un acontecimiento político o judicial no debería llevarnos, una vez más, a mesarnos los cabellos en señal de escándalo ni tampoco al linchamiento de los árboles caídos, sino a la práctica de una rectitud moral en cada conducta y en cada palabra. El día que los corruptos, de arriba, de abajo, de derecha y de izquierda, sientan verdadera vergüenza por sus conductas poco éticas, así sea por un lapicero distraído en la oficina o por un saltarse la lista de espera de la seguridad social, ese día, este país habrá dejado de ser un terreno fértil para ejercer la corrupción.









sábado, 23 de mayo de 2026

¿Qué cuenta verdaderamente en Lorca?

           

        Tengo mucha curiosidad por ver la última película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, los Javis, con el título "La bola negra". Este era el título también de la obra de la que Federico García Lorca apenas llegó a escribir unas pocas páginas. La película ha sido presentada en el Festival de Cannes, y ha recibido un larguísima ovación, de las que marcan un festival. Ningún amante de la literatura, niega la valía inmensa del granadino más universal, como excelso dramaturgo y poeta. 

        Leo también en los periódicos algunas de las declaraciones de los Javis, con motivo de su presentación de Cannes. Y algunas de ellas, me sorprenden. Dicen, por ejemplo, "nunca se ha hablado de su sexualidad" y "negarla, estudiarle sin esos sentimientos es homofobia". Creo que si de algo se ha hablado de Lorca ha sido de su homosexualidad y de cómo esa condición influyó tambien en su asesinato. Es más, hay gente que conoce a Lorca, más por su condición sexual que por sus obras de teatro o sus poemarios más conocidos. Hablar de homofobia por no hacer hincapié en la homosexualidad de Lorca, me parece, como poco, una frivolidad y una banalidad. Tal vez sea oportuno saber en qué condiciones y a qué peligros se enfrentan muchos homosexuales en países africanos o asiáticos, por ejemplo. Eso sí que es homofobia. 

        De la homosexualidad de Lorca se lleva hablando mucho tiempo. Y más desde que los Sonetos del amor oscuro fueron publicados en marzo de 1984, precisamente por el periódico conservador ABC. Y resulta estraño que los Javis, que deben rondar apenas los 40 años, afirmen que "si hubieran conocido esa faceta de la vida de Lorca, éste hubiera tenido una importancia muchísimo mayor para ellos".

            Por muy importante que sea la sexualidad, lo que verdaderamente hace grande a un escritor es el talento que logra transmitir a su obra. Los sonetos del amor oscuro están entre las más bellas poesías en castellano. Pero serían igual de hermosos si en lugar de estar destinados a otro hombre, estuvieran destinados a una mujer. La belleza no está en quien suscitó esos versos, hombre o mujer, sino en las palabras y en la musicalidad que plasmaron esa impresión amorosa. Lorca era un ser alado, y en estado de gracia escribió estos versos.

            El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz es para muchos críticos y especialistas la obra maestra de la poesía en español. Es un cántico amoroso, sensual. La amada va en busca del amado. Pregunta a las criaturas si lo han visto pasar. Se funden amada en el amado. Nunca palabras tan luminosas han salido de esta lengua. Pero Juan de la Cruz habla del 'alma' como amada, y de Dios como Amado. Y cualquier lector, creyente o ateo, hombre o mujer, puede leer el Cántico con el mismo placer y con la misma maravilla. Y se puede sentir totalmente identificado con el sentir amoroso expresado tan bellamente por el poeta de Fontiveros. San Juan fue un místico, y tambien escribió en estado de gracia este Cántico.

            La sexualidad forma parte del ser humano, pero no se reduce a ella. El ser humano es mucho más grande que su manera de vivir el sexo. Es razón. Es cultura. Es ambiente en el que vivió. Es tradición. Es deseo, todo tipo de deseo. Es transcendencia. Es inteligencia. Es sabiduría. Es sufrimiento y placer. Es rebeldía o conformidad. Es sobre todo complejidad, con mil matices y mil sombras y mil luces. Y la suma de todo ello no da un tipo de ser humano predeterminado. Porque el ser humano es único. Y también inexplicable. Inefable. Irreductible.

            Para cualquier lector con un poco de sensibilidad lo que verdaderamente cuenta es el genial Lorca, poeta y dramaturgo; lo demás, poco importa. O cuenta bastante menos.

    Más sobre Lorca en este blog:

https://adanbreca.blogspot.com/2021/02/once-sonetos-del-amor-oscuro-el-17-de.html





            





viernes, 22 de mayo de 2026

Una mujer carga con el féretro del compañero caído

 


        Una compañera carga con el feretro del compañero caído. Una mujer carga con el féretro del esposo muerto. Se llama Luisa. Es guardia civil y acaba de perder a su marido. Lleva una chaqueta negra de punto, de viuda, el pelo recogido, la mano crispada se agarra a la enseña nacional y su hombro sostiene las cuatro tablas donde va el hombre muerto que la sostuvo en vida. La mano alentadora de otro compañero se posa sobre el hombro tembloroso de la viuda. Germán murió en acto de servicio, mientras  perseguía  a una narcolancha, intentando impedir que la droga y el dinero sucio campen a sus anchas por los pueblos de España, arruinando más vidas. En el mismo momento murió también otro compañero, Jerónimo. Parece ser que "los ladrones disponen de más medios que los civiles". Desde el asesinato de otros guardias civiles embestidos por una narcolancha en Barbate, se venía denunciando la escasez de medios humanos y materiales para luchar contra el narco, que se ha hecho fuerte en estas aguas, y que cuenta con el apoyo de todos los que se están enriqueciendo en la zona, gracias a la droga. ¿Quiénes son esos todos? Pero el ministro del ramo está a otros asuntos. Y el dinero se pierde en otros menesteres. No hay que poner ejemplos. Los telediarios abundan en ellos. Para Ministro del Interior ni siquiera el trabajo de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado entraña ningún riesgo ni peligro. Reiteradamente ha negado pagar pluses por este concepto. Marlaska, que tuvo una trayectoria valiente y decidida en sus años como juez, se convirtió, nada más ser nombrado ministro, en el perro faldero de su amo, y señor de la Moncloa, que es el que, al final, decide a quienes regalar dinerillos para obtener votos y a quienes no dar ni un duro. Naturalmente, el sr. Marlaska no hizo acto de presencia ni en el velatorio ni en el entierro. Sorprende la cobardía de los que se muestran tan valientes en foros afines y ante micrófonos fáciles.
      Una mujer llora a su marido, al padre de sus dos hijos y a su compañero muerto. ¿Le interesa al feminismo de manifas y pancartas este tipo de mujeres valientes, trabajadoras, veladoras de la seguridad de todos? ¿Le interesan estas mujeres coraje que, a pesar del dolor y de las lágrimas y de la rabia, cargan con la vida, cargan con la muerte, cargan con el mañana, ajenas al desprecio de algunos políticos? Esta foto habla más de la fuerza, de la independencia, de la entereza de muchas mujeres que tantos discursos fáciles de feministas a sueldo, en escenarios de moqueta y megafonía impecable, con un montón de aplaudidores y aplaudidoras a los cuatro lados del estrado y del atril.
        Una mujer, llorosa e inconsolable, carga con el féretro, mientras las voces rotas de otros muchos compañeros y amigos cantan La muerte no es el final, de Cesáreo Gabaráin:

                        Cuando la pena nos alcanza
                        por un compañero caído.
                        Cuando el adiós dolorido
                        busca en la fe su esperanza...







miércoles, 6 de mayo de 2026

ETA: tibia la sociedad, tibia la Iglesia

     


    Durante la presentación del libro de Jaime Mayor Oreja "Una verdad incómoda" en la ciudad de Alicante, Mons. Munilla ha reflexionado en voz alta sobre la tibieza de la sociedad vasca y de la propia Iglesia vasca frente al terror de ETA. No es nada nuevo ni nada que no se sepa: la anbigüedad en la que se movió buena parte del pueblo vasco y buena parte de la jerarquía eclesiástica de aquellos años de plomo del terrorismo. Pero está bien que un obispo así lo reconozca: "Lo peor del terrorismo no es que mata, es que llevó a la sociedad a la tibieza, a la medianía, a la cobardía, a hacer un pacto con el mal. El terrorismo mata el alma, no sólo el cuerpo".

    En el País Vasco, la pseudorreligión de la autodeterminación, unida a la mística de la violencia, dividió a la sociedad en buenos y malos y cosificó a las personas que no comulgaban con la violencia etarra. Y todos sabemos que cuando a las personas se las convierte en cosas, todo es posible. Por ejemplo, apretar el gatillo o colocar una bomba lapa en los fondos del coche, provocar la muerte y no sentir nada, porque los muertos (militares, políticos de partidos nacionales, niños o ciudadanos anónimos, carecen de valor, no son nada, son cosas, objetos a destruir en nombre de unos grandes ideales: la patria vasca, la liberación, la autodeterminación, la ikurriña, el euskera...

    Frente a una mayoría ambigua, tibia, indiferente, cuando no abiertamente proetarra, hubo una minoría de vascos verdaderamente valientes, que no tuvieron miedo, que no se dejaron vencer por la ideología del odio y la violencia. Ciudadanos que se manifestaban en silencio después de cada atentado, a pesar de las presiones de los energúmenos que tenían a unos metros y que no paraban de insultarlos. Empresarios que no sucumbieron al chantaje. Miembros de partidos que aceptaron ir en las listas electorales, con el riesgo que eso suponía, jueces que hacían su trabajo, fuerzas de seguridad que mantuvieron el tipo y la dignidad. Cristianos que no se dejaron ganar por el incienso nacionalista de las sacristías. 

    ¿Hay que pasar página? ¿Hay que olvidarlo todo? Sería lo deseable. Pero hay dos condiciones que necesariamente deben cumplirse: Una: los violentos deben pedir perdón  a las víctimas y a toda la sociedad que sufrió por esta causa. Dos: Los terroristas deben colaborar en esclarecer los casos terroristas aún no resueltos.

        Pero justo se está dando lo contrario. Los pactos entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Bildu han servido para el blanqueamiento de los actos terroristas. Los partidos que sostuvieron el entramado de ETA y que la jalearon campan a sus anchas, mientras que las víctimas se están convirtiendo en invisibles. Sin cumplir las penas de cárcel establecidas, los terroristas salen de los centros penitenciarios. Mientras que el relato de que los chico violentos tenían sus razones y de que las víctimas de ETA lo fueron por su falta de entusiasmo nacionalista, va ganando terreno. Es el relato triunfador. No está de más recordar un hecho: cada dos por tres, los antiguos etarras reciben homenajes en el País Vasco, mientras que los restos mortales de Miguel Ángel Blanco (¡Miguel Ángel Blanco!) debieron ser trasladados a la aldea gallega de Faramontaos, porque la tumba de Emua, la localidad donde vivió y donde fue concejal, aparecía un día sí y otro también con pintadas insultantes,  y destrozos las flores pisoteadas. Buena parte de la sociedad vasca fue tibia. ¿Lo sigue siendo todavía?

   






Tumba de Miguel A. Blanco en Faramontaos (A Merca)

miércoles, 15 de abril de 2026

Siempre nos quedará el Papa

 


                Un día sí y otro también escuchamos una frase, tal vez muy manida: “Otro mundo es posible”. Está claro que ese otro mundo posible que sueñan Donald Trump y León XIV es bastante diferente, diríamos incluso que opuesto. Los ataques groseros y mendaces del Presidente de Estados Unidos hacia el Papa no han hecho sino confirmar a muchos que la Iglesia Católica está en buenas manos y que Estados Unidos, primera potencia mundial,  no  sabe hacia dónde va en el proceloso mar que nos ha tocado vivir. La reacción de muchos votantes católicos -y no sólo católicos- de Trump, no se ha hecho esperar, y han mostrado su malestar por los ataques de Trump, y su apoyo sin fisuras a León XIV

                Donald Trump, sin saberlo, sin sospecharlo siquiera, ha hecho un gran favor a la Iglesia Católica, aupándola un peldaño más, en ese pódium ético en el que está situado el Papa, y que hoy día constituye la única referencia válida para un mundo de líderes ególatras y psicópatas, desnortados y corruptos.  

                El Vaticano, por su propia naturaleza o tal vez porque tiene dos mil años de historia, tiende a la diplomacia y a la prudencia. La Santa Sede suele otorgar poca importancia a las críticas y a las polémicas. Todos los días hay deslenguados en contra de la Iglesia que faltan a la verdad. Y esto sucede por parte de políticos, periodistas y el propio clero. Otra cosa bien distinta, son las críticas razonadas y argumentadas que ayudan siempre a la transparencia y a la verdad. Lo propio del Pontífice romano, como su nombre indica, es construir puentes, tejer acuerdos, concitar concordancias y suscitar puntos en común. Pero la Iglesia no va a faltar a la verdad ni a su búsqueda de paz en el mundo, porque eso está en el Evangelio, y forma parte de su misión. El nacimiento de Jesús se anuncia con un mensaje de paz a los hombres de buena voluntad. Cristo Resucitado se aparece a sus discípulos con un saludo de paz.

                Los ataques al Papa han retratado a Trump. Esperar que el Papa apoyase sus desvaríos internos y su dislocada política internacional, no amparada por el derecho internacional, es pedir cotufas en el golfo, como solía decir nuestro Sancho Panza. Tachar al Papa de que le gustan las armas nucleares iraníes o el tráfico de drogas en Venezuela es, aparte de una grosería hacia otro Jefe de Estado y representante de 1500 millones de católicos, una gran mentira.  La respuesta serena del Papa ha retratado al Papa. Él no es un político ni hace política. Pedir diálogo, cese de las hostilidades, búsqueda de la paz y del entendimiento, defensa de las vidas inocentes que arrastra cualquier guerra… es simplemente traducir el mensaje evangélico en este momento concreto de la Historia. Y por supuesto, al Papa no le da ningún miedo la administración Trump. Problablemente Trump y sus numerosos medios informativos intentarán desacreditar al Papa y a la Iglesia. Otros muchos lo han intentado antes que él con escaso éxito. El tiempo pone a cada uno en su sitio.

                    En estos tiempos recios, el Papa recuerda que existe el camino de la verdad que conduce a la dignidad de cada persona, a la convivencia pacífica entre los pueblos, a la justicia y a la defensa de las personas inocentes. La verdad suele incomodar y molestar. Unas veces molesta a unos. Otras veces, a otros. Ese es el precio que hay que pagar. En tiempos confusos y revueltos, siempre nos quedará el Papa.






lunes, 13 de abril de 2026

Trump: una impostura en nombre de Dios

                Coincidiendo con la guerra contra Irán, y con el momento más bajo de la popularidad del presidente de Estados Unidos, numerosos y significativos pastores cristianos, de signo evangelista, llegaron a la Casa Blanca para implorar la bendición de Dios sobre Donald Trump. La imagen resultó, como poco, bizarra y patética. Entronizado en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Trump recibía a izquierda y derecha bendición tras bendición, mientras se imploraba el don divino sobre el excéntrico presidente. El predicador encargado de la oración (sería mejor calificarla de performance) afirmó: “Oramos para que continúes dando a nuestro presidente la fortaleza que necesita para dirigir a nuestra gran nación, mientras volvemos a ser una nación bajo Dios”.

                Nunca de forma tan clara se había visto en el último siglo esa simbiosis entre “trono y altar” que huele indudablemente a ancien régime y a medievalismo anacrónico. ¿Cómo habrán visto los sinceros fieles evangélicos esta bendición? Puedo imaginarme cómo me habría sentido si, en lugar de pastores evangélicos, hubiera habido obispos católicos. Desde siempre se ha rezado por los gobernantes del mundo, para que el Señor inspire sus decisiones y obren con rectitud. Cosa muy distinta es bendecir sus actos, especialmente en este calamitoso momento, con una guerra por medio, y una amenaza completamente vergonzante: “No quedará nada de la civilización iraní”. En la oración evangélica se metió en el mismo cajón a Estados Unidos, las fuerzas armadas y el presidente Trump. Y en verdad son cosas bien distintas.

                El nacionalismo religioso supone una gran manipulación por parte de la clase política de los sentimientos religiosos de un pueblo. Las iglesias de cualquier tipo no deben permitir una manipulación tan grosera, aunque haya por medio ventajas económicas o ideológicas. Los líderes evangélicos pasaron por alto el perfil de moralidad dudosa del presidente, tal vez porque piensan que esta alianza dará ventajas e influencia a sus iglesias. Por su lado, al poder político poco o nada le interesa la religión y su forma de entender la moral personal, pero le interesan sus votos y su voz en los púlpitos dominicales.

                El Evangelio es mucho más grande que cualquier opción política de izquierda o de derecha, más grande que el liberalismo económico a ultranza y el trasnochado odio de clases del comunismo. Y por lo tanto, la identificación con una opción política concreta es siempre nefasta para unos y para otros.

                Esta especie de consagración por imposición de manos que unos cuantos pastores evangélicos han efectuado sobre Trump en la Casa Blanca es un acto más de este esperpento en el que se ha convertido una buena parte de la sociedad estadounidense. Un espectáculo de mal gusto que nos habla de la impostura religiosa de algunas iglesias y de algunos mandatarios.

                 No olvidemos que el segundo mandamiento de la Ley de Dios dice “No tomarás el nombre de Dios en vano”, lo que equivale a “respetar el nombre del Señor, honrándolo y prohibiendo usarlo de manera frívola, falsa, blasfema o sin el debido respeto”.

 





viernes, 6 de marzo de 2026

No a la guerra (¿Y sí a las fragatas?)

     

    Es muy bonito decir y cantar, proclamar y llevar escrito en la chapa "No a la guerra". Es muy bonito, queda muy bien. A muchos les hace sentir pacifistas e identificados con los grandes ideales. Incluso puede dar muchos votos a determinados partidos y ganar muchos adeptos para las manifestaciones. 

    Es fácil y bonito decir "No a la guerra". Y acto seguido enviar la fragata Cristóbal Colón al área en conflicto. La fragata Cristóbal Colón no es un barco velero de una competición deportiva de Mallorca. Es una fragata de guerra, equipada con el más sofisticado armamento (¿mortífero también?). No hemos visto los rostros de los soldados embarcados en la fragata. ¿Tienen familias, tienen miedo, saben a qué van? Lo que sí es seguro es que en la fragata no van quienes han ordenado el envío.

        Es fácil y bonito decir "No a la guerra", y afirmar que no se va a cooperar de ninguna manera con ella, cuando previamente se ha pactado con Estados Unidos el envío de la fragata en cuestión y de todo el material que sea necesario. ¿Se puede estar en la Otan a ratos, cuando apetece, por ejemplo tan solo para mostrar a los mandatarios de la Otan las Meninas del Prado o llevarles de tapas por Madrid?

    Es fácil y bonito decir que no se ha autorizado a las bases de Rota y Morón para que desde ellas despeguen los aviones que bombardearán Irán. Pero al mismo tiempo cualquiera puede constatar que los aviones salen y entran de continuo en las bases. ¿Van únicamente a hacer piruetas deportivas por los cielos? ¿Cómo podemos saberlo?

     Es fácil y bonito decir que el Gobierno no va a aumentar el presupuesto en armamento, cuando con anterioridad ya se ha estampado la firma, al igual que todos los mandatarios occidentales, de una subida de hasta el 5% del presupuesto nacional para las cuestiones de Defensa.

    Es fácil y bonito despotricar de Trump que la ha tomado con España (¿ o con el presidente del Gobierno? Ya sabemos que lo propio de un cretino (Y Trump lo es) es decir cretinadas y lanzar amenazas a diestro y siniestro. Pero tal vez el problema no es que se caiga mal a Trump, tal vez se empieza a caer mal a otros muchos países, porque en los años en que todos consideraban a Venezuela como una dictadura, el Gobierno de España la defendía y danzaba a su son. Y cuando Irán se aliaba con grupos terroristas y financiaba partidos políticos (¿os suena de algo?) que tendían a la desestabilización de países democrátivos, y cuando, igualmente, Irán masacraba -y aún masacra- a los iraníes, especialmente a sus propias ciudadanas, aquí, desde las alturas de la Moncloa, se miraba a otro lado. 

    Repicar y oír misa no se puede al mismo tiempo. Tampoco nadar y guardar la ropa, como todo el mundo sabe. Salvo, salvo que los ciudadanos prefieran que les mientan en su propia cara. Y además, aplaudir y sentirse muy felices por ello.

    Sólo los pacíficos (¿hay políticos pacíficos o sólo 'pacifistas' de boquilla delante de un micro?) dirán de corazón no a la guerra. Los pacíficos serán constructores de paz allá donde vayan y allá donde estén. Los pacíficos, por su carácter y su entraña personal, crearán la paz en su interior, en su casa, en su trabajo, en su responsabilidad en instituciones políticas o asociaciones civiles. Pero también -y lo sabemos- hay pacifistas de ocasión y de oportunismo. Pacifistas de redes sociales y manifestación. Pacifistas ideológicos y pacifistas muy obedientes a los dictados de sus amos, que no siempre son pacíficos, sino muy beligerantes, aunque con sudadera y capucha de cordero.  

    


 



 

    

Gisèle Pelicot: para que la vergüenza cambie de bando

    


    Gisèle Pelicot pasó por España para presentar su libro de memorias en español: Un himno a la vida. El caso Pelicot ocupó miles de páginas en el país vecino. Durante varios años su marido la drogó para que él y otros hombres la violasen, mientras ella estaba inconsciente. Todas las violaciones fueron grabadas para alimentar el morbo. 

    Aparentemente era un matrimonio normal, sin sobresaltos y sin grandes desaveniencias. Una mañana la policía llamó a la puerta de Gisèle, para comunicarle que su marido había sido conducido a comisaría porque en el supermercado había sido descubierto mientras grababa a unas clientas por debajo de la falda. Gisèle no daba crédito y trató de defender a su marido, porque en él jamás había descubierto una mirada inapropiada, un gesto que pudiera delatar su comportamiento. Pero los policías habían llegado con la intención de acceder al ordenador del marido, y entraron en casa. Fue en ese momento, cuando la propia Gisèle descubrió su pasado de abusos y violaciones. Las pruebas eran devastadoras. A lo largo de los últimos 10 años, unos 70 hombres habían pasado por el domicilio familiar para violar a Gisèle, invitados por su propio marido, mientras él disfrutaba de esas vejaciones y grababa las escenas. 

    La sociedad francesa entró en shock. Y todas las alarmas sociales saltaron. Gisèle se hundió en la más profunda depresión y en la más desoladora vergüenza. Una bajada en toda regla a los infiernos. Su nombre y el de su familia estaban en boca de todos. El morbo, el chismorreo, las dudas sobre el consentimiento o no y la banalidad de muchos medios ocupaban el mismo espacio que la denuncia, el rigor periodístico, los análisis sesudos y los juicios morales. Un tiempo después, comenzó el juicio contra el marido y los 50 hombres. Y ahí, justo en ese momento, después de pensárselo mucho y darle mil vueltas, Gisèle comenzó su rehabilitación como persona y su dignidad como mujer cuando, sorpendiendo a todos, renunció al anonimato en el jucio, al que le amparaba la ley, y decidió: "Quiero que este proceso sea público para que la vergüenza cambie de bando". 

    Su decisión asombró a todos. Gisèle y su familia tuvieron que hacer un esfuerzo titánico para aguantar la presión de los medios de comunicación y de los ciudadanos comunes siempre ávidos de escándalos, de fotos y de declaraciones. Pero, sí, efectivamente, la vergüenza cambió de bando. Y Gisèle, la víctima, tuvo que ser reconocida. La culpa y la vergüenza no podían posarse sobre la mujer drogada, abusada, vejada y violada, sino sobre los abusadores y los violadores, sobre quien la había drogado y sometido a vejaciones continuadas.

    Más allá del escándalo, más allá del jucio, más allá de la valentía de una mujer, que anima a la valentía de tantas mujeres, quedan las preguntas a las que este caso y otros muchos debería obligarnos a hacernos. ¿Por qué sucedió lo que sucedió? ¿En qué nido de víboras puede convertirse la pareja y la familia? ¿De qué barro estamos constituidos? ¿Son compatibles el placer de uno y el sufrimiento del otro? ¿En el menú sexual, todas las prácticas son admisibles? ¿Existen las aberraciones, palabra antigua y denostada, relacionadas con la enfermedad mental? ¿Es posible que hombres 'normales', de conducta intachable, hagan lo que hagan? ¿Qué demonios interiores nos habitan y pueden despertar en cualquier momento? ¿Qué educación reciben los varones y qué mensajes les llegan en esta sociedad de pansexualimo descontrolado?

    Justo cuando el caso Pelicot estaba en la mente de todos, era el tema de todas las conversaciones en Francia, abría los telediarios y las portadas de periódicos y revistas, unos periodistas simularon y publicaron en una página de contactos una anuncio sexual: la posibilidad de violar a una mujer drogada en su propio domicilio. Es decir, una oferta muy similar a la que en su día había anunciado el marido de Gisèle Pelicot. En pocas horas, decenas de hombres (de diferentes edades y diferentes estatus sociales) se apuntaron como candidatos para el abuso, la violación, la vejación, la explotación sexual, más la correspondiente grabación de la escena. 

    Nada que añadir a lo dicho. O sí: ¡Que Dios nos libre del monstruo que podríamos llevar dentro y del que ni siquiera sospechamos! Gisèle Pelicot recordaba últimamente que "durante mucho tiempo fui una ruina, pero ahora he tomado las riendas de mi vida, y ya no quiero cargar con esa condición de víctima, porque es una carga muy pesada", y que ahora tenía una misión: "ser despertadora de conciencias". Y además: "me siento feliz porque he podido confiar en un hombre, después de todo lo que me pasó con los hombres". Esta valentía y esta esperanza ante el futuro, tal vez sean lo que realmente cuenta en la existencia humana. Tal vez por ello, el libro de Gisèle Pelicot se titula, con toda razón: Un himno a la vida.












sábado, 6 de diciembre de 2025

¿Safaris humanos en Sarajevo?


Si verdaderamente se confirma que hubo safaris humanos en Sarajevo, tendremos que admitir que el ser humano ha descendido un peldaño en lo que entendemos por humanidad.

En este momento la fiscalía de Milán ha abierto una investigación al respecto, después de recibir denuncias verosímiles que hablan del asunto. Al parecer durante el cerco a la ciudad bosnia de Sarajevo, durante la guerra de los Balcanes, entre 1991 y 1994, se celebraron safaris humanos. Turistas ricos pagaban cantidades exorbitantes al ejército serbio para situarse como francotiradores en las montañas que rodean la ciudad de Sarajevo, disparar contra cualquier ciudadano que atravesase una calle o una plaza, y "cobrar una pieza humana” . Según las denuncias, los turistas francotiradores partían de la ciudad italiana de Triste y llegaban a Sarajevo a pasar el fin de semana, con la misma tranquilidad y adrenalina que el que se marcha a cazar un oso en Rumanía o una cabra hispánica en Las Batuecas salmantinas.

            Y lo mismo que en una cacería de animales no se paga lo mismo por todas las piezas, también existían diferentes precios, dependiendo del ser humano abatido. Los más cotizados, los niños; luego, las mujeres; después lo soldados y, por último, los ancianos. A veces se producía un tiroteo en una plaza. Los vecinos acudían a socorrer a los heridos y entonces esos mismos vecinos compasivos se convertían en un blanco fácil para los tiradores apostados en sus puestos de tiro, con un doble whisky y una lata de caviar al lado.

            Los rumores sobre este tipo de prácticas circulaban cada poco tiempo. La exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karic, presentó una denuncia en este sentido en 2022, pero parece ser que fue papel mojado. En el mismo año, se presentó el documental ‘Sarajevo safari’, dirigido por Miran Zupanic, en el que varios testimonios hablaban abiertamente de esto. A las montañas de Sarajevo, habrían acudido ‘cazadores de humanos’ canadienses, estadounidenses, italianos, rusos y de algún otro país.

            Ahora se sabe también que esta práctica de caza se llevó también a cabo en la guerra del Líbano y en otras guerras africanas. Que en las guerras se cometen todo tipo de atrocidades por parte de los combatientes es algo sabido. Con razón se dice que “en las guerras se abre la veda”, es decir se suspenden las normas y se da permiso para matar, y no solamente por ideas gloriosas de defensa de la patria, la revolución, los ideales y los valores, sino que en las guerras se abre la veda para las venganzas, los inconfesables motivos y todas las aberraciones posibles.

            Pero lo de ‘cacerías humanas” para turistas adinerados, no entraba hasta ahora en el vocabulario bélico. En un artículo de Conversation, firmado por Fernando Díez Ruiz, de la Universidad de Deusto, se habla de la ‘anatomía psicológica de los cazadores de Sarajevo”. Según este profesor, el perfil de estos turistas es el de personas aparentemente normales en su vida familiar o laboral, pero con pasión por las armas y la caza, necesitadas de dosis extremas de adrenalina, capaces de deshumanizar a un ser humano que cruza una calle, proclives al sadismo que ellos revisten de aventura, rebosantes de un narcisismo psicópata y que identifica, sin problema, placer y poder.

            Hanna Arendt ya habló hace tiempo de la ‘banalidad del mal’. Cuando la conciencia, la ética y la espiritualidad desaparecen de nuestras vidas, basta el anonimato y la sensación de impunidad, para devolvernos a la selva y, como el lobo, matar por el placer de la sangre, y no por la necesidad de alimentarse o defender las crías.

            De momento no se ha puesto nombre y apellidos a los ‘cazadores’, tal vez nunca se les ponga. Tal vez no se encuentren pruebas contundentes. Tal vez haya intereses en no remover el fango de aquella guerra. Los familiares de los muchos hombres y mujeres que murieron en el cerco de Sarajevo a manos de los tristemente famosos francotiradores, ahora saben, o mañana sabrán, que no se trataba de odiosos soldados enemigos, sino de unos 'simples' turistas que, al volver de la cacería, dieron un beso a su mujer, cenaron tranquilamente con música de fondo de Mozart, y entregaron algún souvenir del duty free del aeropuerto a sus hijos. ¡La banalidad del mal!









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