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domingo, 25 de enero de 2026

La península de las casas vacías, de David Uclés

     


    En los últimos años, que yo recuerde, ningún libro español ha suscitado tanto interés y ha sido tan aclamado, comprado y leído como "La península de las casas vacías", del jienense David Uclés, un joven escritor. Una novela sobre la Guerra Civil, un tema espinoso y vidrioso en estos tiempos de frentismo e ideologización a flor de piel. Como el propio autor señala en el prólogo, "he aquí pues la historia de la descomposicición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías". Y ese doble vocablo del título "casas vacías" es una imagen potente e inmisericorde de ese paisaje después de la Guerra Civil: la muerte deja las casas vacías, pero también la cárcel, el exilio, la locura dejan las casas vacías...

   David Uclés ha creado un territorio mítico llamado Jándula, trasunto de su verdadero pueblo Quesada, de donde, sin excepción, procede toda su familia. El niño y joven David escuchó muchas historias orales a bisabuelos, abuelos, tíos y padres. Y en Jándula sitúa una gran parte de la historia de la familia de Doristo Arbolento. Al final de libro, con la muerte del último varón Arbolento, desaparece el apellido, otra metáfora potente del cainismo hispano.

    David Uclés es sin duda un escritor curioso y su biografía, aunque breve, es también singular. Nacido en Úbeda en 1990, hijo de un guardia civil, que invitó a su hijo a seguir sus pasos o a hacerse funcionario para asegurarse una vida tranquila y cómoda. Pero las historias y los relatos habían atrapado al joven David, y él, dotado con mucho talento artístico, prefirió conocer mundo, leer libros y emborronar cuartillas. Así que en lugar de preparar el temario para unas oposiciones, tocaba el acordeón para sobrevivir y acumulaba palabras y más palabras en el ordenador.

    Escribir esta novela le llevó más de una década. Recorrió España y todos los escenarios donde se desarrollaron las grandes batallas entre 1936 y 1939. Leyó todos los libros, frecuentó las bibliotecas, fotocopió los periódicos de la época, hasta reunir un material ingente. Inasequible al desaliento, se presentó a todos los premios y concursos. pero su novela no terminaba de gustar a nadie. Con cada fracaso, regresaba a las cuartillas, corregía, modificaba, suprimía, ampliaba páginas, y volvía a la carga ante una editorial o un premio. Finalmente la editorial Siruela aceptó su novela y lo demás ya es historia de un éxito literario desconocido en este país. 

    La familia de Doristo Arbolento podría ser ejemplo de otras muchas familias en aquellos años '30 del siglo pasado, donde cabían tantos caracteres y posiciones diferentes: el indiferente a la política y que sólo piensa en su campo, el acérrimo defensor de una idea política, el que se ve involucrado en la guerra sin comerlo ni beberlo, las mujeres que quedan en la casa, con el hambre y la desesperación a cuestas. Y en todas las familias: la muerte en el campo de batalla o en el paredón de ajusticiamiento, la cárcel, el odio, la injusticia, la entrega, el amor, el sacrificio extremo, la traición...

        La novela recorre los tres años de la eterna Guerra Civil, y los escenarios que han quedado en la memoria dolorosa de tantos españoles que hoy día ya duermen el sueño de los justos o las pesadilla de los injustos, ¿cómo lo sabremos?: Paracuellos, Jarama, Ebro, Badajoz. Una guerra en la que no sólo se mataron a garrotazos los españoles, sino en la que asomaron las narices tantos extranjeros, unos para curiosear, otros por romanticismo bélico, otros para azuzar y sembrar más discordia, otros para ensayar sus armas, otros para robar recursos...

        Pero esta novela no es una historia al uso. Las páginas de La península de las casas vacías están llenas de realismo mágico, costumbrismo mágico, o como se le quiera nombrar. Este realismo mágico causa -al menos a mí- un gran desconcierto al comenzar la lectura. Si alguien va buscando una novela de historia rigurosa, probablemente salga decepcionado o, por lo menos, confundido. En muchas historias narradas, uno se pregunta si eso sucedió o eso que se cuenta es realismo mágico, surrealismo, hipérbole costumbrita, etc. Creo que el principal 'error' de la La península de las casas vacías es la mezcla de una novela histórica y una novela de realismo mágino. Lo mágico en muchos capítulos se come lo histórico.  La gran novela de la Guerra Civil aún no se ha escrito todavía (el terrorismo etarra encontró su gran novela en Patria, de Fernando Aramburu). 

       La península de las casas vacías no es una novela redonda, a mi parecer, pero reconozco la fantasía desbordante, la imaginación arrolladora, la investigación de fondo sobre escenarios, personajes, tipos de la Guerra Civil, el lenguaje rural tan hermoso de algunos capítulos, el manejo de tantas voces diferentes en un gran coro. Y esto, sólo esto, es muchísimo para un escritor de apenas 35 años. Sin duda, David Uclés tiene aún mucho que decir y que escribir. La pasada noche de Reyes, se alzó con el premio Nadal con una novela titulada "La ciudad de las luces muertas". He leído hace poco que todos los suplementos literarios hablan cada fin de semana de obras maestras que se disuelven cuando aparecen otras obras maestras el fin de semana siguiente. No sé si esto sucederá también con esta novela. En ningún momento de la lectura he compartido ese entusiasmo de tantísimos lectores, aún admitiendo una gran frescura en la escritura. ¿Como envejecerá esta novela? El tiempo lo dirá. Por de pronto, este libro nos ha descubierto a un escritor con una voz singular. ¿Es imparcial David Uclés en la forma de tratar a los dos bandos? Creo que no lo consigue, pero también pienso que no se puede exigir a un novelista la imparcialidad, cosa que se le debería exigir al historiador. Y por otro lado, hay que tener en cuenta que cada lector se acerca al libro con sus ideas y sus prejuicios. Es algo inevitable. 

    David Uclés ha elegido para iniciar los capítulos frases de escritores, intelectuales o políticos. Cuando uno acaba la novela, y vuelve sobre esas sentencias introductorias, comprende mejor la tragedia de la Guerra Civil Española, que destrozó España y asombró al mundo por su crueldad cainita.  De botón de muestra: Pío Baroja: "Triste país en donde en la mirada de un hombre que pasa, vemos la mirada de un enemigo". Max Aub: "En España somos grandes cuando somos cien; más, nos entrematamos". Gregorio Marañón: "La multitud ha sido en todas las épocas arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás". Ana M. Matute: "Lo peor en este mundo es sobrevivir". Alejo Carpentier: "Vengo de España. Es decir, del infierno. Es cien veces peor de lo que cuentan los periódicos". Saint-Exupéry: "Aquí se fusila como se talan árboles"

    La Guerra Civil debería ser una enseñanza perdurable para todos los que habitamos este pueblo que aún llamamos España. La manipulación de las masas fue una de las claves para que la gente, sin motivo y sin razón, odiese a su vecino, a su compañero de trabajo y a su propio hermano, con el que había convivido hasta el día antes sin mayores problemas. La llama de la concordia tarda mucho en prender. La llama del odio prende a la primera. Durante la Transición, este país hizo un esfuerzo grande para que los hunos y los hotros hablasen de perdón y magnanimidad. En los últimos años, los esfuerzos van en el sentido contrario: subrayar lo que nos separa, atizar los demonios domésticos, encender ideologías caducas y ensuciar la verdad. El sólo recuerdo de lo vivido en aquellos años treinta, debería echarnos a temblar y servir de freno a nuestra lengua y a nuestra pluma. 

        






martes, 13 de enero de 2026

Grand Hotel Europa, de Ilja Leonard Pfeijffer

 


Grand Hotel Europa es una novela de Ilja Leonard Pfeijffer. Pero es también un ensayo. Tal vez sea mejor denominarla ‘novensayo’, esta palabreja que designa a aquellas novelas cuya trama está al servicio de una tesis. La tesis del escritor está clara: Europa se está convirtiendo en un parque temático, en el patio de vacaciones donde todos los turistas del mundo quieren pasar unos días.

Fue en un café con un amigo, guía turístico por Europa y qué sabe de qué va el tema, el que me aconsejó el libro y me lo prestó. La novela del escritor holandés es una denuncia y al mismo tiempo un canto a Europa. Una denuncia porque un turismo bárbaro está asediando hasta la asfixia al Viejo Continente, y Europa, gustosa y loca, se vende a los bárbaros. Un canto a Europa, porque este pequeño continente, insignificante por su extensión geográfica, ha iluminado al mundo con su filosofía, su arte, su fe, su literatura y su historia.

El novensayo tiene una trama endeble. El protagonista, después de poner fin a una relación amorosa vivida en la ciudad más turística del mundo, Venecia, abandona la isla rumbo al Grand Hotel Europa, sin localización concreta en la novela. Un hotel decadente, que ha conocido días dorados, y donde se dan cita personajes estrambóticos o muy interesantes con los que el protagonista entra en contacto, especialmente con Abdul, el botones emigrante ilegal llegado en patera. La novela es, al mismo tiempo, un homenaje, a la gran literatura europea, desde Homero a Dante, desde Virgilio a Thomas Mann y Joseph Conrad. Y también al arte europeo, que se concreta en la búsqueda detectivesca de un cuadro de Caravaggio a lo largo de toda la novela. La gran cultura europea rebosa por doquier en las páginas de este voluminoso libro.

En las líneas siguientes, voy a recordar y copiar algunas de las ideas o constataciones de  Ilja Leonard Pfeijffer que más me gustaron y, sobre todo, las que me invitaron a la reflexión sobre esta Europa que ya percibimos casi como un problema, aunque también como una esperanza frente a un mundo feo, irracional y desbocado.

En 1422, Venecia tenía 199 000 habitantes y era la segunda ciudad más grande de Europa, sólo por detrás de París. En 2008 sólo quedaban 60 720 personas, menos de la tercera parte que en sus días de gloria del siglo XV. Ahora quedan bastante menos. Se cree que en 2030 ya no quedará ninguno. Sólo los turistas y todo un ejército al servicio del turismo: camareros, limpiadores, policías, guías turísticos, vendedores de souvenirs, etc.

Los turistas no quieren ver el Museo del Louvre. Sólo quieren ver la Gioconda. Llegar, hacerse un selfie, casi siempre haciendo el tonto, y enviar inmediatamente a todos los contactos: el certificado moderno del “yo he estado aquí”. El resto de las salas del Louvre están a medio gas, y algunas de ellas, francamente vacías. Lo comprobé en mi última visita al museo: recorrí prácticamente en solitario las salas de arte medieval, de escultura europea, de arte precolombino o de artes decorativas.

Para Steiner, uno de los rasgos distintivos de Europa son sus cafés. Los cafés, que no son simples abrevaderos de bebida, sino el lugar por antonomasia de los encuentros, el lugar de los intelectuales  y de los escritores que han debatido y dado a luz las mejores ideas y a los grandes artistas, el ambiente donde han nacido todos los ismos.

Hay tantos occidentales que desean hacer una experiencia de autenticidad africana en un orfanato en África, que se sabe de una organización que paga a las familias africanas para que manden a sus hijos a un colegio durante el verano, de manera que los europeos con ganas de salvar el mundo puedan pasar unos días con ellos, sintiéndose buenos y satisfechos e íntegros.

Para abrir la mente lo que hay que hacer es pensar. Y viajar a tontas y a locas, compulsivamente, más que estimular el pensamiento, lo entorpece. Quien va a la India y ve ejecutivos en mercedes, en vez de monjes con túnicas de colores y pintorescos mendigos en cada esquina, no saca la conclusión de que la India ya no es lo que era, sino que no para hasta encontrar en la India lo que él cree que es la India: monjes con túnicas de colores, mendigos en cada calle y hombres en taparrabos purificándose en el Ganges.

¿Estamos ante un libro muy triste sobre el final de un mundo, sobre todo el final de un mundo como es Europa?

El turismo es un fenómeno caracterizado por la superficialidad, el hedonismo y la eterna juventud y de un comportamiento que es mezcla de infantilismo y gamberrismo. El turista lo mismo se atiborra de dulces, cervezas, comida basura que tiene comportamientos macarras y groseros en las playas, los hoteles, los museos y las iglesias.

Lo de la oferta de alojamiento a través de Airbnb constituye un problema muy serio, tanto para los residentes de la propia ciudad como para las autoridades. Es una competencia desleal a los hoteles. Los vecinos tienen que soportar ruidos infernales. Las viviendas se encarecen para los verdaderos habitantes de la ciudad. La mayoría de los pisos no son propiedad de pequeños propietarios sino de empresas que acaparan pisos y más pisos. El dinero por el alquiler va directamente a las empresas, muchas veces extranjeras, como es el caso de Airbnb. Es muy romántica la idea de que un ciudadano común se gane un dinerillo extra alojando a unos turistas en su piso. Es totalmente falso, dos tercios de los pisos turísticos son propiedad de empresas que explotan decenas de inmuebles.

Muchas veces las ciudades no se benefician del turismo. Son las empresas las que se benefician de ello. Las ciudades tienen que contratar más limpiadores, más policías, más médicos, servicios extras para atender a los turistas, cuyos beneficios van a las empresas de alojamiento o a las franquicias que se están apoderando de la hostelería. Algunos pueblos o pequeñas ciudades muy turísticas han empezado a evaluar los costes y han caído en la cuenta de que sale muy caro atender a tanto turista.

Los turistas van en busca de autenticidad de una cultura o de una forma de vivir y no se dan cuenta de que esto ya apenas se da. Los niños que danzan en Sudán no son niños que viven en esas chozas de paja. Son niños que se ponen una determinada ropa tradicional de impoluta blancura, acuden a un escenario ‘tradicional’,  bailan en corro para que los turistas les graben o se hagan fotos con ellos, y, cuando los turistas se van, los niños sacan su móvil y se enfundan sus vaqueros y su camiseta del Real Madrid.

Aunque entre los propios europeos, abundan las tribus que no paran de decir disparates contra Europa, maldiciendo su historia, negando sus raíces, abjurando de su alma y de su pasado, Europa sigue siendo ese lugar adonde todos quieren llegar, y no para pasar unos días de vacaciones, sino también para vivir permanentemente. Esa combinación de fe y de razón, de curiosidad innata y de gusto por la belleza, ha sido capaz de crear una atmósfera donde es posible vivir la existencia como un don y una celebración. No obstante el cansancio presente y el envejecimiento de la población, Europa aún puede encontrar en su pasado y en su pensamiento muchas razones para la esperanza.

Por otro lado, a lo largo de su dilatada y turbulenta historia se han probado tantas soluciones que los europeos hemos encontrado el gusto por los problemas. ¡Tanto arte, tanta historia, tanta diversidad, tantas lenguas, tanta literatura, tantas naciones! Cada calle ha parido un santo, un poeta, un guerrero, un inventor. Todo el mundo desea venir a Europa. Actualmente solo el 5% de los chinos viajan al extranjero. ¿Alguien puede imaginarse lo que sucederá el día en que lo haga el 30%? Todos los continentes poseen cultura, arte e historia, pero nada comparable a ese pequeñísimo territorio que llamamos Europa. Puedes desayunar en España, comer en Francia, y cenar en Italia. Y estarás en tres países diferentes, con su gastronomía, sus edificios, sus lenguas y su historia preñada de gestas y de costumbres, de fiestas y de obras de arte.

Hay un símil entre el Grand Hotel Europa, donde se aloja el escritor a reflexionar  sobre su vida, que ha conocido horas de esplendor, fiestas y recepciones, que ha alojado reyes, diplomáticos y artistas, pero que ahora ya está en franca decadencia. Al final el hotel es comprado por un empresario chino. Los turistas chinos llenan el hotel, y el hotel vuelve a estar lleno, pero ahora son simples turistas en bermudas y chanclas, con sus móviles en la mano, sus euros en el bolsillo, y sus ansias infinitas de posar en el Partenón, en la catedral de Toledo, en la Torre de Londres, comer una pizza napolitana, una tarta vienesa, y tomar una copa de Burdeos. Y todo ello en una semana.

            Si Europa vende su alma, su espíritu, su forma de entender la vida, la fraternidad, los derechos humanos, la belleza de su literatura o de sus monumentos por un puñado de dólares, o por desidia o por pereza o por renegar de sí misma, probablemente, entonces, nos habremos merecido la invasión de los bárbaros.

Composición de González Fernández

Venecia, como símbolo del turismo de masas

El selfie certifica el "yo he estado ahí"

Purificación en el río Ganges

Airbnb, símbolo de los pisos turísticos

El autor de la novela ante el Partenón

Notre Dame de París: un legado europeo

Turismo de masa: atiborrarse de comida, bebida y viajes

Caravaggio, muy presente en la novela

Danzas africanas para turistas con ganas de 'autenticidad'

Playas masificadas y...

...Monumentos masificados


lunes, 29 de diciembre de 2025

Las lecturas de 2025

  

 

    Leer, leer, leer la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó.

    Es uno de los poemas más conocidos de Miguel de Unamuno. Se lee para aprender de lo que otros soñaron o vivieron. Se lee para saber lo que aconteció en los cuerpos y en las mentes de otros. Se leer para conocer la herencia de dolor y gloria que nos dejaron los escritores. Se lee para espantar el miedo o la muerte. Se lee para entretener la tarde o combatir el insomnio.

        En 2025, estas son las lecturas que dejaron un pequeño poso allá en los adentros.

El niño que se enfadó con la muerte, de Enric Benito

         Cuando su abuelo Sebastián, albañil, un hombre hecho a sí mismo, murió en medio de dolores devastadores, Enric Benito tenía 10 años. Sus padres estaban volcados en su hermano, Tito, con una discapacidad severa, y el abuelo era el único que le hacía caso, así que cuando la muerte se lo arrebató, sintió una tristeza inmensa. Y se enfadó. La muerte se llevaba a quien más quería y él se quedaba ahí, rumiando esa manera tan dolorosa de morir.

      Enric eligió hacer medicina para vengar la muerte del abuelo, y en concreto oncología. Muy pronto aprendió que en los hospitales los cuerpos sufrían, pero sufrían aún mucho más las almas cuando intuían que la muerte estaba en el horizonte.

Después de una crisis existencial y una depresión por estrés, empezó a buscar respuestas a sus angustiosas preguntas. Volvió a la fe de su infancia. Dejó el hospital y decidió dedicar su vida a los enfermos terminales, para ayudar al moriturus a afrontar  el “morimiento”, con la misma naturalidad con la que el nasciturus afronta el nacimiento.

El libro es una hermosa lección de dignidad y de compasión para afrontar el tránsito entre la vida y la muerte. Una lección necesaria en esta sociedad que se niega a admitir lo que nuestros antepasados sabían perfectamente: somos mortales.


La vegetariana, de Han Kang

       La Academia Sueca concedió el Premio Nobel 2024 a la escritora surcoreana Han Kang. No había leído nada de ella, así que decidí empezar con esta novela.

        De la noche a la mañana Yeonghye decide dejar de comer carne. Y no lo hace por dieta o por motivaciones medioambientales. La única razón que nos da es que "tiene sueños" que la inquietan y que sufre por su causa. Pero apenas conocemos el punto de vista de la protagonista. En la primera parte es la voz del marido quien da su versión de los hechos. En la segunda parte es el su cuñado, marido de su hermana, el que nos habla de Yeonghye. En la tercera parte, es la voz de la hermana, sin lugar a dudas la única persona que permanece a su lado en este proceso inexorable de autodestrucción.

       Estamos ante una novela inquietante y desasosegante, pero es una novela que capta la atención y que te sumerge en el cuerpo y el alma atormentados de la protagonista. En la segunda parte hay un momento en que se vislumbra la redención o una posible sanación de Yeonghye, pero es una historia que no podía acabar bien: lanzarse al fuego y creer que este no nos devorará.

El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Javier Cercas, ateo practicante y anticlerical convencido, recibió con estupor la llamada de la Editorial Vaticana que le invitaba a acompañar al Papa Francisco en su viaje a Mongolia y escribir un libro. Pensó en su madre, católica sencilla, a la que no asustaba la muerte porque creía sin fisuras en la resurrección y en el reencuentro con su marido al que tanto había amado.

         Javier Cercas se empapó bien sobre Francisco y sobre el Vaticano. Tuvo acceso a todas las personalidades de la Santa Sede con las que quisiera hablar. Y un buen día subió al mismo avión que llevaba a Francisco a ese lugar extremo de Mongolia donde hay tan pocos católicos que todos “caben en un teatro”.

El libro es un fascinante ensayo sobre un minúsculo estado, el Vaticano, probablemente el único ‘estado’ planetario. Es estudio de la Iglesia, el único imperio que lleva dos milenios en activo y con una fuerza inexplicable, a pesar de la crisis de fe que ataca a Europa por los cuatro costados. Es crónica del viaje papal a Mongolia, sucesión de entrevistas, resumen de lecturas sobre el tema, biografía del Papa Francisco... Y todo ello salpimentado con recuerdos y memorias del propio autor. El libro tiene su parte de intriga, de crítica acerba, su mala leche, su elogio y admiración por aspectos luminosos de la Iglesia, como la vida abnegada de los misioneros o el afán de Francisco por poner en el centro de la Iglesia a Cristo y a los pobres.


La buena letra, de Rafael Chibes


    Una pequeña obra maestra cabe en apenas un centenar de páginas. La muerte se llevó muy temprano a su autor, Rafael Chirbes (1949-2015), del que aún esperábamos grandes cosas. Hay autores que ya habían dicho todo cuando Caronte les condujo en su barca por la laguna Estigia. Y hay autores que se llevaron a su tumba grandes libros aún no escritos. Chirbes fue uno de ellos.

    Sobre un fondo de guerra civil y de los llamados años del hambre, se inicia esta novela La buena letra. Con el sonido de los fusilamientos aún cercanos y la miseria en la mesa a todas las horas, Ana es la mujer que escribe o cuenta su vida y la de la familia a un hijo que ya considera perdido para su corazón.

    La frustración de la vida. La decepción que causan las personas a las que entregamos parte de nuestra existencia. Lo poco que fructifica el sacrificio y el esfuerzo sembrados. Las vidas galantes, románticas, heroicas que suceden en la pantalla del cine y que nos hacen soñar durante un par de horas. Los deseos inconfesados a los que no sabemos poner nombre y que ponen en tumulto el corazón durante unos segundos. La culpa por pecados aún no cometidos. La sensación de la inutilidad de la vida. La tristura que se va colando por todas las rendijas de nuestro ser. La irrupción de una mujer en una familia que pone patas arriba la convivencia pacífica. La muerte y el deseo de morir presentes desde el inicio al final de la novela. El dolor de tantas ausencias, de tantas vidas con las que nos encariñamos. 


Niño quemado, de Stig Dagerman

 En solo seis semanas, en un estado febril, pero con la precisión de un frío cirujano, Stig Dagerman escribió Niño quemado. Apenas dedicó tres años de su existencia a la escritura. Después entraría en un desierto estéril que le impidió acercarse al folio en blanco. El 4 de noviembre de 1954, a tan solo 31 años, a las afueras de Estocolmo, entró en el garaje, cerró la puerta, arrancó el coche y en pocos minutos los gases acabaron con él.

Niño quemado no habla de un niño, ¿o sí?, sino de un joven de 20 años, Bengt, que acaba de perder a su madre, lo más querido para él. La novela arranca con el entierro de una mujer que no era amada ni por su marido ni por los asistentes al entierro. Un funeral en el que apenas se llora. Un frío glacial acompaña el momento de la despedida. Poco después Bengt se entera de que su padre llevaba una doble vida al lado de una mujer más joven. La rabia y el odio entran en él. También el cinismo y el amargor. Se cree puro frente a un padre impuro. Y lo que sucede con los que se creen puros es que juzgan sin piedad a los impuros.

Dagerman nos brinda una novela dura y cortante. Todos los personajes se sienten incomprendidos y, por lo tanto, dramáticamente solos. Tal vez, únicamente un vaso de alcohol puede encender sus mejillas y su escasa alegría. 

El lector, de Bernhard Schlink

 La novela El lector fue publicada en 1995. El título original en alemán, Det Volteser, significa el que lee en voz alta, un bonito matiz que no tiene vocablo equivalente en español. Su autor, juez de profesión, es Bernhard Schlink. Desde el principio la novela gozó de una gran acogida, hasta el punto de que su lectura está en el plan alemán de estudios, para que los jóvenes puedan conocer la Alemania de la posguerra, ese momento histórico que conoció el hundimiento de una nación, la división de un país, el sentimiento exacerbado de la culpa en tantos ciudadanos que habían aplaudido el auge del nazismo o simplemente habían mirado a otro lado, aunque todo el mundo sabía, más o menos, lo que estaba sucediendo en los campos de concentración. Pero también la posguerra fue ese momento en que Alemania se armó de valor para levantar una nación en ruinas, físicas y morales Y también fue el periodo en que una juventud avergonzada por el pasado reciente de su propio país, sin explicarse muy bien cómo había podido triunfar el nazismo y sentirse rodeados por padres, abuelos, vecinos o profesores que habían apuntalado una sociedad enferma moralmente.

El Lector nos mete de lleno en el misterio de la iniquidad. El misterio del mal. El misterio del corazón humano, que es capaz de todo, de lo mejor y de lo peor. La culpa enloquece a unos y torna impenetrables y herméticos a otros. 


Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa

      La Catedral es el nombre de un bar de Lima donde conversan Zavalita y Ambrosio, después de un encuentro casual en la perrera municipal a la que acude Zavalita para recuperar a su perro y donde Ambrosio, antiguo chófer de la familia, apalea perros sospechosos de haber contraído la rabia. Una larga conversación de horas, una conversación que es como un río donde llegan arroyos claros, turbios, fangosos o cristalinos. Un río que atraviesa Perú durante el ochenio del general Manuel A. Odría (1948-1956).

      Vargas Llosa confesó más de una vez que esta novela es la que salvaría si tuviera que elegir una sola. Es una novela total. Entre trago y trago pasa la vida. Entre trago y trago transcurre la conversación de Zavalita y Ambrosio en ese antro de La Catedral. Caen los dictadores y sus adláteres. Pero el ansia de poder permanece, como permanecen las ganas de corromper y dejarse corromper en el Perú de Odría, y en todos los Perús del mundo. Al final de la novela de Mario Vargas Llosa no nos queda claro en qué momento se jodió el Perú. Ni en qué momento se jodió Santiago Zavalita ni en qué momento se jodió Ambrosio. La catedral sigue siendo una de las grandes novelas del siglo XX.

Los días frágiles, de Philippe Besson

    En 1891, al puerto de Marsella llega un hombre joven, aunque acabado. La infección de su pierna avanza inexorablemente. El cáncer de hueso le roe. En el hospital marsellés, los cirujanos deciden amputarle la pierna. Estamos hablando de Arthur Rimbaud. Niño prodigio de las letras francesas. Enfant terrible de la poesía, cuyos versos dejaron sin palabras a toda la intelectualidad francesa. Bebedor incansable de absenta en los cafés parisinos. Rubio provocador de ojos azules y mirada lánguida de los salones literarios. Joven que se puso el mundo por montera liándose con el afamado poeta casado, Paul Verlaine. Y con el que huyó a Bruselas, provocando un  escándalo monumental en la mojigata sociedad francesa de la época.

     El hijo pródigo de la literatura francesa vuelve a casa, ni arrepentido ni humilde, sino altivo y provocador, fiel a su genio y a su talante. Y en su tierra natal, Las Árdenas, oscura de nieblas y aguas, no le espera ningún padre con los brazos abiertos que le prepare una fiesta de bienvenida, como sucede al hijo pródigo del Evangelio. Una fría y hermética madre le abre la casa familiar, pero no le abre el corazón. El hijo que ha sumido a la familia en una ignominiosa vergüenza, ¿se merece acaso otra cosa? En su orgullo, madre e hijo son iguales. Pero Rimbaud es ahora un guiñapo, un enfermo digno de compasión. Y Philippe Besson reconstruye en Los días frágiles el último tramo de la vida del siempre sorprendente Arthur Rimbaud.


El puente sobre el Drina, de Ivo Andric

    Ivo Andríc escribió esta novela en 1945, en lengua serbocroata y con el alfabeto cirílico (Дрини ћуприја), apenas terminada la II Guerra Mundial, y en ella el protagonista es el puente que cruza el río Drina a su paso por Visegrado, en Bosnia.

    Esta gran novela abarca cuatro siglos, justamente desde que un niño cristiano de apenas 10 años, arrancado de los brazos de su madre, fue llevado, como tantos otros, ante el sultán otomano para formar parte, desde pequeños, del ejército de jenízaros. Era el adzami oglam, o tributo de sangre. Era el peaje que tenían que pagar las familias cristianas en el imperio otomano. Durante horas, tal vez días, los niños empapados hasta los huesos esperaron hasta que un barquero los fue pasando sobre las aguas crecidas y turbulentas del Drina. En las orillas se juntaban todas las pobrezas y las desdichas del mundo. Esa mañana de 1516, ese niño de 10 años vio todo esto mientras los gritos de las madres le desgarraban el alma y un dolor agudo le golpeaba el pecho. Ese dolor se quedaría ahí por muchos años. El niño creció y llegó a ocupar un puesto muy importante en el imperio otomano. Sería mundialmente conocido como el Gran Visir Mehmed Bajá. Entonces se acordó de aquel penoso viaje. Se acordó de que todos los hombres sueñan con una “buena vía, una compañía segura y una posada caliente” y decidió construir un puente que asombrase al mundo: el puente sobre el Drina, para unir Bosnia con Oriente.


Mientras agonizo, de William Faulkner


    William Faulkner escribió Mientras agonizo en 1930. El título (As I lay lying), según he leído, está sacado de un verso de Macbeth de William Shakespeare. La novela está situada en el condado ficticio de Yoknapatawpha, inspirado en la propia tierra natal del escritor. Una tierra dura que crea seres humanos duros, tercos, implacables, adustos, taciturnos. Una tierra tan dura que enloquece. Faulkner recibió el Premio Nobel en 1949.

    La novela transcurre en apenas unos diez días, si bien la escritura tiene sus retrocesos y sus avances. Se trata de una novela coral, dividida en 59 monólogos interiores, y contada por 15 narradores diferentes (el padre, la madre difunta, los cinco hijos, pero también el médico, el pastor de la iglesia, los vecinos y algunos más), lo que nos permite ver la historia desde muy diversos puntos de vista.  Poco a poco, como en un rompecabezas, todo va va encontrando su sitio. Los narradores cuentan lo que recuerdan, temen, esperan, aman u odian. Cada narrador nos ofrece su voz y su sensibilidad, para que el lector, con todos los materiales, pueda comprender la vida de estos personajes atrapados en una tierra y en un viaje en los que la pobreza es visible y la miseria moral también. A la madre sólo le corresponde un monólogo interior, justo a la mitad del libro, pero es un monólogo crucial, como la piedra angular de todo el edificio de la historia contada.


Corazón tan blanco, de Javier Marías

        Javier María nos dejó en 2022, y probablemente aún le quedaban por escribir algunos buenos libros. Novelista, traductor, columnista, ensayista, polemista, en 2012 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura, pero rechazó esta distinción: “Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional. He rechazado toda remuneración que procediera del erario público”. Para unos, fue hacer un feo. Para otros, un acto ético.

            Corazón tan blanco tiene uno de los comienzos más deslumbrantes de la novelística en castellano: “No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola…”

  Una novela potente y perturbadora. Marías va desgranando aquí y allá semillas que, con el pasar de las páginas, adquieren su sentido. Una novela que se va construyendo como se construye el pasado de una civilización, a través de las distintas capas de una excavación arqueológica.


Obras completas del Hno Rafael


    El 26 de abril de 1938 un joven monje de apenas 27 años murió en la Trapa de Dueñas. Muchas décadas después, su tumba en el monasterio trapense sigue recibiendo miles de visitas y sus escritos siguen deslumbrando y alumbrando por su profundidad, sus altos vuelos y la belleza de sus reflexiones. La fama de santidad se fue extendiendo por doquier desde el momento en que su cuerpo, reducido a un guiñapo por la diabetes, cerró los ojos.

    Hoy aún podemos leer sus escritos. Y lo debemos a dos circunstancias extrañas. En los últimos años de su vida, Rafael se carteó con su tía, la duquesa de Maqueda, su alma gemela. Ambos hicieron un pacto: apenas leídas y contestadas, las cartas debían ser destruidas. Pero su tía, anonadada por la correspondencia de su jovencísimo sobrino, no cumplió el pacto y guardó las cartas como un tesoro. Al día siguiente del hermano Rafael, debían haberse destruido los escritos que tenía en el cajón de su mesa, pero su confesor, que conocía la santidad del alma del joven monje, suplicó de rodillas al abad que no los destruyese.

Hoy día sus escritos son una guía segura para adentrarse, sin perderse, por el camino que lleva al corazón de Dios. Las obras completas del hermano Rafael (santo desde 2009) siguen iluminando a muchos creyentes en sus noches oscuras.


Septología, de Jon Fosse


            Ochocientas páginas que hipnotizan desde el principio hasta el fin. No se trata de un argumento trepidante. Septología hipnotiza como hipnotiza el fuego en un fría noche o el movimiento de las olas desde una playa solitaria. Asle, el protagonista, recuerda fragmentos de su vida de pintor, de esposo, de alcohólico, de creyente. Y el lector contempla embelesado esta continuo oleaje de palabras, de personajes que se desdoblan y duplican, de días de bruma, de nieve que cae, de cercanía hacia otros seres humanos, tan desamparados como el protagonista.

        Jon Fosse, noruego, ganó el premio de literatura en 2023. Para mí fue todo un descubrimiento. Y Septología la considero una obra mayor, difícil de resumir, inclasificable. ¿Pero acaso se puede definir la sensación que nos produce una tarde de lluvia, el interminable sucederse de las olas, el crepitar del fuego o las palabras de una avemaría tras otra.

            Hay que entrar en este libro de Jon Fosse, como quien se sumerge en un bosque de belleza inaudita, o quien se lanza al agua en un día de calor o quien entra en una iglesita de sobrecogedor silencio. El argumento poco importa. O tal vez sí: la aventura interior de un pobre hombre. Nada menos que un hombre.



lunes, 17 de noviembre de 2025

Corazón tan blanco, de Javier Marías

 


Un verso de la obra teatral Macbeth de William Shakespeare inspiró a Javier Marías no sólo el título de una de sus más conocidas novelas, sino también el argumento: Corazón tan blanco. Lady Macbeth, después de que Macbeth, por ella instigado, haya asesinado al rey Duncan de Escocia dice:

“My hands are of your colour /But I shame to wear a heart so White” (“Mis manos son de tu color / pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco”.

            La muerte se llevó a Javier Marías, cuando aún le quedaban obras buenas por  escribir, o eso quiero imaginar después de releer este libro suyo. Javier Marías (1951-2022) era hijo del también escritor y catedrático Julián Marías. Vivió parte de su juventud en Estados Unidos, donde su padre, represaliado por el régimen franquista, había recalado. Javier fue un escritor de mucho éxito, académico de la Española desde 2008 donde ocupó el sillón R, y uno de los pocos candidatos españoles al Nobel de literatura. Un escritor de talante liberal, no atado a ideologías, solitario y de carácter hosco que le granjeó no pocas enemistades, especialmente cuando en sus artículos empezó a dar estopa a los nuevos inquisidores de lo políticamente correcto. Poco amigo de frecuentar los círculos literarios, murió discretamente a los 70 años. En su legado literario, títulos como Todas las almas, Mañana en la batalla piensa en mí, Tu rostro mañana, Berta Isla o Tomás Nevinson. Corazón tan blanco fue publicado en 1992.

            Novelista, traductor, columnista, ensayista, polemista, en 2012 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura, pero rechazó esta distinción: “Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional. He rechazado toda remuneración que procediera del erario público”. Para unos, fue hacer un feo. Para otros, un acto ético.

            Corazón tan blanco tiene uno de los comienzos más deslumbrantes de la novelística en castellano: “No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola…”

            Una novela potente y perturbadora. Marías va desgranando aquí y allá semillas que, con el pasar de las páginas, adquieren su sentido. Una novela que se va construyendo como se construye el pasado de una civilización, a través de las distintas capas de una excavación arqueológica.

            Juan es el narrador al que, adormilado en su dormitorio de regreso de un viaje, le despierta una conversación en el salón de su casa. A oscuras y en silencio oye una conversación que no hubiera querido oír. Su padre, Ranz, confiesa a su nuera Luisa, mujer de Juan, el secreto nunca revelado. Ranz cuenta a su nuera lo que nunca se ha atrevido a contar a nadie después de tantos años de lo sucedido: la razón del suicidio de su mujer, apenas acabado el viaje de novios. Pero a ese suicidio, le precedió otro asesinato y una instigación, o que como tal fue tomada por el narrador. Las tragedias se encadenan, como los eslabones de una cadena, nos enseñó Shakespeare, y ahora nos lo enseña también Corazón tan blanco.

            El narrador se pregunta si acaso es mejor no saber, permanecer en la ignorancia. ¿Hay que desvelar los secretos o hay que irse con ellos a la tumba? Pero parece ser que el ser humano tiene una necesidad imperiosa de descargarse de un secreto, como se descarga de un saco de piedras sobre su espalda o su conciencia. Y una vez dicho lo dicho, ya no hay vuelta atrás. Lo que se revela, no puede ser recogido. Y lo que se escucha, no se puede hacer como que no se ha oído. Y sobre esta confesión o revelación se levanta la novela de Javier Marías: vidas paralelas, situaciones equívocas, malentendidos, pecados que sueñan desvelarse, secretos confesados de los que nos arrepentimos inmediatamente, palabras que nos atrapan o nos liberan.

“Escuchar es lo más peligroso. Es saber que estás enterado y estar al tanto. Los oídos carecen de párpados que puedan cerrarse instintivamente a lo pronunciado, no pueden guardarse de lo que se presiente que va a escucharse, siempre es demasiado tarde. Ahora ya sabemos, y puede que eso manche nuestros corazones tan blancos, o quizás son pálidos y temerosos, o acobardados”.    

El episodio sin duda más conocido de Corazón tan blanco es aquel en que Juan y Luisa, como traductores en organismos internacionales, hacen una traducción totalmente ajena al sentido original de lo pronunciado por dos altos mandatarios extranjeros. Este juego, broma, dislate o perversión lleva a una situación disparatada y totalmente inusual en las conversaciones internacionales entre los representantes de dos países. Este episodio marca también el inicio de la relación amorosa de sus protagonistas, Juan y Luisa.

El paralelismo entre Macbeth y Corazón tan blanco podría resumirse en este párrafo de la novela de Javier Marías: “Ya lo he hecho (I have done the deed). He hecho el hecho y he hecho la hazaña y he cometido el acto, el acto es un hecho y es una hazaña y por eso se cuenta más pronto o más tarde, he matado por ti y esa es mi hazaña y contártela ahora es mi obsequio, y me querrás más aún al saber lo que he hecho, aunque saberlo manche tu corazón tan blanco”. 

Javier Marías ejerció de soberano del ficticio Reino de la Redonda, con el nombre de King Xavier I. Y como tal otorgó títulos nobiliarios a personajes de la cultura como Umberto Eco, Alice Munro, Arturo Pérez-Reverte o Milan Kundera






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