sábado, 7 de marzo de 2026

Café con poesía de Unamuno

 


    Los poetas estuvieron muy de moda en la Transición. Muchos de ellos habían sido silenciados o ninguneados durante el Régimen. Y se entiende ese florecimiento en los primeros años de la Democracia. Recuerdo haber comprado con verdadera emoción en los años de bachillerato los primeros libros de antologías poéticas de Machado, Lorca o Miguel Hernández. 

    Es verdad que son muchos los que opinan que en la juventud se lee poesía, en la edad adulta, novelas, y en la vejez, ensayos. Puede que así sea. Mi fervor poético fue sobre todo cosa de juventud. Cierto es.

    Últimamente, bien es verdad, he vuelto a releer poesías. Desde hace unos meses, cada vez que salgo a andar, meto un libro de poesía en la mochila y, al momento del café, leo algunos poemas, normalmente los que había subrayado en anteriores lecturas. Hoy me acompañó don Miguel de Unamuno. Ha sido una presencia bastante asidua en mi vida de lector. Durante mi estancia en Salamanca, me encontré con Unamuno en todos los rincones. El rector eterno de la Universidad seguía hablando a sus alumnos desde su cátedra. También desde el rectorado universitario, convertido en Museo unamuniano, desde la casa en que murió, desde las esculturas, relieves y cuadros diseminados por calles, casas y monumentos y aulas. Tal vez, y sobremanera, desde  los sillares dorados de la ciudad castellana:

                Del corazón en las honduras guardo

                tu alma robusta. Cuando yo me muera

                guarda, dorada Salamanca mía,

                tú mi recuerdo.







Vox, El País y elos obispo chismoso

 


    La Conferencia Episcopal Española se vio obligada a sacar una nota para desmentir la noticia del periódico El País, según la cual el Papa habría mostrado a los obispos españoles de la Comisión Ejecutiva de la CEE su preocupación por la ideología ultraderecha de Vox y el riesgo de que se busque instrumentalizar a la Iglesia y ganar el voto católico. 

    La nota de la CEE desmiente el contenido del periódico y dice que el Papa habló del peligro de la ideologización sin mencionar una sigla concreta. Está claro que alguien miente. 

    El Papa está en su derecho de expresar sus preocupaciones respecto de cualquier tema y asunto. Y más cuando se se trata de una conversación privada entre el Pontífice y sus obispos. Es obvio que el Papa ante gente de su club puede hablar con libertad y llamar a las cosas por su nombre. Lo que no es normal es que alguno de los obispos se lo fuese a contar a sus amigos de El País, esperando, sin duda, que lo publicasen. No parece probable que el diario mintiese descaradamente, porque la versión fue corroborada también por la revista Vida Nueva, según la cual "el Papa citó literalmente a Vox". ¿Fue iniciativa del Papa, o una sugerencia directa del nuncio o de algún obispo español de confianza?  

    En el Vaticano hay una norma férrea: las conversaciones privadas entre el Papa y sus interlocutores no deben salir a la luz. ¿Quién fue el obispo cotilla que contó una conversación privada entre Prevost y los obispos de la CEE? La polémica es un poco desagradable, dada la cercanía del viaje a España y dado el interés de la propia Iglesia en no echar más leña al fuego en esto que en España llamamos polarización. 

    Sea como fuera, los obispos presentes en esa reunión han quedado en mal lugar. Cotillas y chismosos los hay en todas partes. Esta vez parece que 'la prudencia de sotana' no funcionó. Salvo que el obispo en cuestión estuviese muy interesado en que saliese a la luz pública la condena del Papa a la ultraderecha. O que quisiese hacer un favor a sus amigos del El País ofreciéndoles una primicia informativa. O que le jugasen una mala pasada sus simpatías por los partidos situados más a la izquierda. En fin una comedia de enredo que difícilmente será aclarada.

 


viernes, 6 de marzo de 2026

Los santos en rojo de mi calendario

     


        En una ocasión, en los lavabos de la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid, encontré un grafitti a rotulador rojo en los azulejos: "Sólo me interesan los pensamientos de Dios". La leyenda, en medio de otros grafittis de palabras gruesas y salaces, más algún teléfono que se ofrecía a la coyunda y al lubricio, llamaba poderosamente la atención. 

    El problema de Dios, como se decía antes, ¿ha dejado de interesar a las últimas generaciones? Podríamos decir que el problema se ha disuelto como un terrón de azúcar en una taza de café. ¿Dios ya sólo es la indiferencia? ¿Dios ya sólo es la ignorancia? ¿O sigue Dios siendo un escándalo no apto para un público infantilizado?

     En otra ocasión, en el libro de Álvaro Pombo sobre San Francisco, que había tomado prestado de la Biblioteca Municipal, me encontré cada pocas páginas con una frase escrita a mano y en rojo por un lector anterior, con letra redonda de la antigua escuela: "Los santos son la demostración de que Dios existe".

      Si exceptúo las páginas de la Historia Sagrada, el primer libro del que guardo memoria es una vida de Santa Juana de Arco, en un tomo que el maestro del pueblo había prestado a mi padre. Después, y a lo largo de toda una vida de lecturas, las biografías de los santos, hagiografías se decía antaño, han ocupado muchas tardes y noches de placentera y aleccionadora lectura.

    Las vidas de los santos no son en absoluto planas o aburridas, sino ardientes y fascinantes. Todas darían -y han dado de hecho- para biografías, novelas y películas. Los santos se han adelantado en muchos años a los hombres y mujeres de su generación. Han abierto hospitales y escuelas cuando nadie lo hacía. Han hecho limpieza en la Iglesia cuando el Papa y los obispos se dedicaban a ensuciarla. Han sentido compasión y han ofrecido refugio a prostitutas y rebeldes. Han dialogado con herejes y descreídos. Han puesto dulzura en las conquistas y sus excesos. Se han metido en todos los charcos de la droga, la cárcel, la explotación laboral. Han custodiado el saber y la cultura y han promovido la dignidad. No se han arrodillado ante el poder, pero sí ante el pecador. Han sido, en fin, hombres y mujeres que han desbrozado el monte y el matorral y han abierto sendas transitables por donde luego han caminado otros muchos hombres y mujeres 

    Pienso, por ejemplo, en Teresa de Jesús. ¿Ha habido acaso una mujer más interesante en la historia de España? Los grandes personajes que han ocupado páginas y páginas en los tratados de historia, reyes, generales, conquistadores, caudillos, líderes, ... han dejado, a veces, a sus espaldas, un largo reguero de sangre y dolor. Pero los santos, de hace cientos de años o de ayer mismo, siguen dando dulces e imperecederos frutos. Siglos después de su paso por la Tierra, las palabras y los actos de los santos siguen transformando y transfigurando las existencias de muchas personas que viven aquí y ahora.

    Las tumbas de Carlomagno o Tutankamón son visitadas año tras año para admirar el valor artístico de los monumentos en los que fueron sepultados. Pero sus vidas ya no dicen nada a las nuestras. Sus vidas nada tienen que ver con nosotros. Y sin embargo a las ciudades que fueron cuna o tumba de muchos santos, Ávila, Asís, Pavía, Santiago, Roma, Loyola, Segovia, Auschwitz, Granada, Como o la Trapa de Dueñas siguen acercándose todos los años miles y miles de personas, para dejarse preguntar, para encontrar respuestas, para sentirse bendecidos. Nuestras vidas, lo creamos o no, tienen que ver con sus vidas. Teresa de Jesús, Francisco de Asís, Agustín de Hipona, el Apóstol Santiago, San Pedro, San Juan de la Cruz, Santa Edith Stein, San Juan de Dios, San Luis Guanella o San Rafael Arnáiz, se dirigen a nosotros y nos hablan....

    El Canto de las criaturas de Francisco de Asís, la Oración del Abandono de Charles Foucauld, Nada te turbe, de Teresa de Jesús, o el Cántico Espiritual de Juan de la Cruz, siguen conmoviéndonos por su belleza y moviéndonos a la oración y a la bondad. Quien se acerca a las Confesiones de San Agustín, se reconoce en ellas, porque hablan de un corazón que ha conocido el pecado, la conversión y la gracia. Y ese corazón es también el nuestro.

    Ha habido muchas vidas de santos en mi vida de lector. Cada una me ha tocado de una forma. El heroísmo de Juana de Arco, la leyenda áurea de San Sebastián, la potencia del legado de un Francisco de Asís, de un Ignacio de Loyola o de un San Juan de Dios, la valentía de Teresa de Jesús en un mundo de hombres, la poesía inigualable de un San Juan de la Cruz, la caridad a pie de calle de Fray Leopoldo de Alpandeire, la búsqueda radical de la verdad de Edith Stein, el amor a las personas con discapacidad de Luis Guanella, la dignidad otorgada a los últimos de Madre Teresa de Calcuta...

  Hay otros hombres que están en la sala de espera de la 'santidad', con procesos abiertos de beatificación o canonización. Pero ya están, desde hace mucho o desde hace poco, marcados en rojo en mi calendario personal. A uno de ellos lo conocí personalmente, aunque por pocas semanas, en el Colegio de Aguilar de Campoo: el hermano Juan. En realidad se llamaba Juan Vaccari Magnani (1913-1971).Yo tenía 12 años cuando lo conocí. Edad suficiente para darte cuenta de que te has cruzado con un hombre bueno y cabal, con un santo. Creo haber leído casi todo sobre él. Y de él he escrito bastante, porque su vida, cinco décadas después de su muerte, me sigue fascinando. Otros 'santos en capilla', también están inscritos en mi "liber amicorum". Pienso, por ejemplo, en Pedro Arrupe, un jesuita enamorado de Dios que supo 'centrar' a la Compañía de Jesús en los años borrascosos después del Concilio. Pienso en Javier Sartorius, al que acabo de conocer, un hombre que llegó a Dios, después de conocer y emborracharse con todo 'el menú del mundo'. 

    Y hay otros que ni están ni se les espera (¿o quién sabe?) en el martirologio romano. Pero que también están en rojo en mi calendario personal. Pienso en Simone Weil, cuyo pensamiento afilado te desnuda y cuya radicalidad existencial te descoloca y desafía. Pienso en Etty Hillesun, capaz de ver luz en el barracón del campo de concentración y de pedirnos que ayudásemos a Dios en su radical impotencia. O en Dietrich Bonhoeffer, por su oposición al totalitarismo y su acerada teoría de la estupidez humana frente al poder. 

    ¿Es posible que hayan existido hombres y mujeres de esta estatura? Ellos, canonizados o no, han iluminado, con su ejemplo y su palabra, las infinitas noches oscuras de la humanidad, y siguen provocando asombro y deseos de emulación. Fray Luis de León removió Roma con Santiago para que los escritos de Teresa vieran la luz y sirviesen de luz a sus lectores. Las reliquias de un dedo o de un trozo de hábito, tan valorados en algunas épocas, no podían competir con las verdaderas palabras o los verdaderos hechos de unos hombres y mujeres que se atrevieron a ser libres y a poner carne, hueso, fatigas y alegrías para ilustrar las palabras del evangelio y dar brillo a la imagen, tantas veces manchada de Jesucristo. Pedro Arrupe decía: "Quiero dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontré al nacer"

       El Vaticano, para proclamar beato o santo, exige milagros. Las curaciones inexplicables suelen ser las pruebas incontestables, el marchamo, el sello y la firma de la santidad. Pero los milagros verdaderos, y no cuantificables, ocurrieron mientras tales hombres y tales mujeres vivían entre los suyos o, cuando una vez muerto, devotos o descreídos se acercaron a sus vidas y escritos. Y esta cercanía acabó en transformación de su persona. Los verdaderos milagros son los que transforman el corazón, la forma de pensar y la dirección de la mirada. Los verdaderos milagros ocurren cuando alguien imita la bondad, la paciencia, la capacidad de perdón o la alegría. Ningún test médico o científicio puede certificar estos milagros. Pero el milagro verdaderamente ha existido: el milagro que saca lo mejor de uno mismo. El milagro de devolver bien por mal, de perdonar para perdonarnos, de entregarnos sin pedir recompensa. 

    El pueblo y las gentes sencillas constatan, en su día a día, estos milagros y por ello pueden exclamar, sin temor a equivocarse, con absoluta infabilidad: verdaderamente es un santo.  

Teresa de Jesús

Sebastián

Juana de Arco

Teresa de Calcuta

Charles Foucauld

Francisco de Asís

Agustín de Hipona

Ignacio de Loyola

Pedro

Santiago

Juan de la Cruz

Edith Stein

Hermano Rafael

Luis Guanella

Juan de Dios

Javier Sartorius

Fray Leopoldo

Pedro Arrupe

Etty Hillesun

Dietrich Bonhoeffer

Simone Weil

Hermano Juan












No a la guerra (¿Y sí a las fragatas?)

     

    Es muy bonito decir y cantar, proclamar y llevar escrito en la chapa "No a la guerra". Es muy bonito, queda muy bien. A muchos les hace sentir pacifistas e identificados con los grandes ideales. Incluso puede dar muchos votos a determinados partidos y ganar muchos adeptos para las manifestaciones. 

    Es fácil y bonito decir "No a la guerra". Y acto seguido enviar la fragata Cristóbal Colón al área en conflicto. La fragata Cristóbal Colón no es un barco velero de una competición deportiva de Mallorca. Es una fragata de guerra, equipada con el más sofisticado armamento (¿mortífero también?). No hemos visto los rostros de los soldados embarcados en la fragata. ¿Tienen familias, tienen miedo, saben a qué van? Lo que sí es seguro es que en la fragata no van quienes han ordenado el envío.

        Es fácil y bonito decir "No a la guerra", y afirmar que no se va a cooperar de ninguna manera con ella, cuando previamente se ha pactado con Estados Unidos el envío de la fragata en cuestión y de todo el material que sea necesario. ¿Se puede estar en la Otan a ratos, cuando apetece, por ejemplo tan solo para mostrar a los mandatarios de la Otan las Meninas del Prado o llevarles de tapas por Madrid?

    Es fácil y bonito decir que no se ha autorizado a las bases de Rota y Morón para que desde ellas despeguen los aviones que bombardearán Irán. Pero al mismo tiempo cualquiera puede constatar que los aviones salen y entran de continuo en las bases. ¿Van únicamente a hacer piruetas deportivas por los cielos? ¿Cómo podemos saberlo?

     Es fácil y bonito decir que el Gobierno no va a aumentar el presupuesto en armamento, cuando con anterioridad ya se ha estampado la firma, al igual que todos los mandatarios occidentales, de una subida de hasta el 5% del presupuesto nacional para las cuestiones de Defensa.

    Es fácil y bonito despotricar de Trump que la ha tomado con España (¿ o con el presidente del Gobierno? Ya sabemos que lo propio de un cretino (Y Trump lo es) es decir cretinadas y lanzar amenazas a diestro y siniestro. Pero tal vez el problema no es que se caiga mal a Trump, tal vez se empieza a caer mal a otros muchos países, porque en los años en que todos consideraban a Venezuela como una dictadura, el Gobierno de España la defendía y danzaba a su son. Y cuando Irán se aliaba con grupos terroristas y financiaba partidos políticos (¿os suena de algo?) que tendían a la desestabilización de países democrátivos, y cuando, igualmente, Irán masacraba -y aún masacra- a los iraníes, especialmente a sus propias ciudadanas, aquí, desde las alturas de la Moncloa, se miraba a otro lado. 

    Repicar y oír misa no se puede al mismo tiempo. Tampoco nadar y guardar la ropa, como todo el mundo sabe. Salvo, salvo que los ciudadanos prefieran que les mientan en su propia cara. Y además, aplaudir y sentirse muy felices por ello.

    Sólo los pacíficos (¿hay políticos pacíficos o sólo 'pacifistas' de boquilla delante de un micro?) dirán de corazón no a la guerra. Los pacíficos serán constructores de paz allá donde vayan y allá donde estén. Los pacíficos, por su carácter y su entraña personal, crearán la paz en su interior, en su casa, en su trabajo, en su responsabilidad en instituciones políticas o asociaciones civiles. Pero también -y lo sabemos- hay pacifistas de ocasión y de oportunismo. Pacifistas de redes sociales y manifestación. Pacifistas ideológicos y pacifistas muy obedientes a los dictados de sus amos, que no siempre son pacíficos, sino muy beligerantes, aunque con sudadera y capucha de cordero.  

    


 



 

    

Gisèle Pelicot: para que la vergüenza cambie de bando

    


    Gisèle Pelicot pasó por España para presentar su libro de memorias en español: Un himno a la vida. El caso Pelicot ocupó miles de páginas en el país vecino. Durante varios años su marido la drogó para que él y otros hombres la violasen, mientras ella estaba inconsciente. Todas las violaciones fueron grabadas para alimentar el morbo. 

    Aparentemente era un matrimonio normal, sin sobresaltos y sin grandes desaveniencias. Una mañana la policía llamó a la puerta de Gisèle, para comunicarle que su marido había sido conducido a comisaría porque en el supermercado había sido descubierto mientras grababa a unas clientas por debajo de la falda. Gisèle no daba crédito y trató de defender a su marido, porque en él jamás había descubierto una mirada inapropiada, un gesto que pudiera delatar su comportamiento. Pero los policías habían llegado con la intención de acceder al ordenador de su marido, y entraron en casa. Fue en ese momento, cuando la propia Gisèle descubrió su pasado de abusos y violaciones. Las pruebas eran devastadoras. A lo largo de los últimos 10 años, unos 70 hombres habían pasado por el domicilio familiar para violar a Gisèle, invitados por su propio marido, mientras él disfrutaba de esas vejaciones y grababa las escenas. 

    La sociedad francesa entró en shock. Y todas las alarmas sociales saltaron. Gisèle se hundió en la más profunda depresión y en la más desoladora vergüenza. Una bajada en toda regla a los infiernos. Su nombre y el de su familia estaban en boca de todos. El morbo, el chismorreo, las dudas sobre el consentimiento o no y la banalidad ocupaban el mismo espacio que la denuncia, el rigor periodístico, los análisis sesudos y los juicios morales. Un tiempo después, comenzó el juicio contra el marido y los 50 hombres. Y ahí, justo en ese momento, después de pensárselo mucho y darle mil vueltas, Gisèle comenzó su rehabilitación como persona y su dignidad como mujer cuando, sorpendiendo a todos, renunció al anonimato en el jucio, al que le amparaba la ley, y decidió: "Quiero que este proceso sea público para que la vergüenza cambie de bando". 

    Su decisión asombró a todos. Gisèle y su familia tuvieron que hacer un esfuerzo titánico para aguantar la presión de los medios de comunicación y de los ciudadanos comunes siempre ávidos de escándalos, de fotos y de declaraciones. Pero, sí, efectivamente, la vergüenza cambió de bando. Y Gisèle, la víctima, tuvo que ser reconocida. La culpa y la vergüenza no podían posarse sobre la mujer drogada, abusada, vejada y violada, sino sobre los abusadores y los violadores, sobre quien la había drogado y sometido a vejaciones continuadas.

    Más allá del escándalo, más allá del jucio, más allá de la valentía de una mujer, que anima a la valentía de tantas mujeres, quedan las preguntas a las que este caso y otros muchos debería obligarnos a hacernos. ¿Por qué sucedió lo que sucedió? ¿En qué nido de víboras puede convertirse la pareja y la familia? ¿De qué barro estamos constituidos? ¿Son compatibles el placer de uno y el sufrimiento del otro? ¿En el menú sexual, todas las prácticas son admisibles? ¿Existen las aberraciones, palabra antigua y denostada, relacionadas con la enfermedad mental? ¿Es posible que hombres 'normales', de conducta intachable, hagan lo que hagan? ¿Qué demonios interiores nos habitan y pueden despertar en cualquier momento? ¿Qué educación reciben los varones y qué mensajes les llegan en esta sociedad de pansexualimo descontrolado?

    Justo cuando el caso Pelicot estaba en la mente de todos, era el tema de todas las conversaciones en Francia, abría los telediarios y las portadas de los periódicos, unos periodistas simularon y publicaron en una página de contactos una anuncio sexual: la posibilidad de violar a una mujer drogada en su propio domicilio. Es decir, una oferta muy similar a la que en su día había anunciado el marido de Gisèle Pelicot. En pocas horas, decenas de hombres (de diferentes edades y diferentes estatus sociales) se apuntaron como candidatos para el abuso, la violación, la vejación, la explotación sexual, más la correspondiente grabación de la escena. 

    Nada que añadir a lo dicho. O sí: ¡Que Dios nos libre del monstruo que podríamos llevar dentro y del que ni siquiera sospechamos! Gisèle Pelicot recordaba últimamente que "durante mucho tiempo fui una ruina, pero ahora he tomado las riendas de mi vida, y ya no quiero cargar con esa condición de víctima, porque es una carga muy pesada", y que ahora tenía una misión: "ser despertadora de conciencias". Y además: "me siento feliz porque he podido confiar en un hombre, después de todo lo que me pasó con los hombres". Esta valentía y esta esperanza ante el futuro, tal vez sean lo que realmente cuenta en la existencia humana. Tal vez por ello, el libro de Gisèle Pelicot se titula, con toda razón: Un himno a la vida.












viernes, 27 de febrero de 2026

Almendros florecidos y basuras en los ríos

    


     Por un lado va la naturaleza. Por otro, van las acciones de los humanos. Después de dos meses de lluvia, ha salido el sol en los últimos días. Para los almendros ha sido como el pistoletazo que esperan los atletas en el estadio. Hoy la senda de la Esgueva era una hilera de almendros florecidos, nubes algodonosas de delicados blancos y rosas, acuarelas de hermosas aguadas. Belleza antigua. Belleza siempre nueva en ese final de cada invierno. Por otro lado, la crecida del caudal del riachuelo ha arrastrado cientos de botellas de plástico, bolsas, láminas de corcho, neumáticos, envases de todos los tamaños y colores. Todos ellos proclaman y pregonan la descortesía de los humanos hacia la naturaleza.

    Podemos echar la culpa a las autoridades políticas y a las confederaciones hidrográficas que no limpian los cauces. Pero básica y llanamente la culpa es de los que arrojan plásticos, envases y todo tipo de basura a los ríos. Dicen que las casas de los españoles destacan por la limpieza, que dedicamos mucho tiempo para que los hogares estén impolutos. Y sin embargo, las calles, los espacios públicos están tapizados de bolsas, envases, papeles, botellas y latas. Esta habitual descortesía hacia la ciudad y la naturaleza, debería avergonzarnos un poco.







 

miércoles, 25 de febrero de 2026

¿Santos oportunos y santos inoportunos?

    

    No se sabe exactamente el número de causas de canonización que no prosperan, ya que la Iglesia no publica esas cifras. Pero se sabe que muchas 'candidatos' se pierden en el limbo de los despachos vaticanos. Los motivos pueden ser varios: postuladores poco sagaces o sin recursos, candidatos que tienen poco tirón popular o que cuentan con pocos devotos, venerables perezosos a la hora de hacer milagros. Los años van empolvando los expedientes y los candidatos pasan al olvido o a una dormición sine die. Se sabe que los procesos son rigurosos y estrictos, costosos y largos. El Vaticano piensa en las vidas ejemplares, pero también en las vidas oportunas. En algunos momentos unos santos son más oportunos que otros. En algunos momentos unos santos convienen más que otros para el ‘discurso vaticano o papal” de cada momento histórico. Pero los santos, ¿son santos porque su vida fue santa o  porque encajan con el relato ganador de un momento de la Iglesia? 

Parece ser que la ‘santidad’ de Isabel la Católica no sería oportuna en este momento porque podría ofender a los movimientos indigenistas y a todos los que piensan que aztecas y demás pueblos originarios, como ahora se dice, eran todos unos angelitos que habían creado un mundo de fraternidad y un paraíso en la tierra justo hasta el 12 de octubre de 1492. Pero se quiera o no, se reconozca o no, la conquista española fue distinta y diversa a las conquistas de ese momento histórico. Sin olvidar desmanes, excesos y crueldades, la conquista estuvo inseparablemente unida a la evangelización. El anuncio de Jesús humanizó toda la conquista. Los frailes dulcificaron la conquista y fueron refugio para los indios más vulnerables. Ahí radicó. Se permitieron los matrimonios mixtos. Se crearon universidades y hospitales. Los indios fueron 'vasallos' de los Reyes de España. El inmenso patrimonio artístico de la época virreinal habla de ello.¡Y estamos hablando del siglo XV! 

Una frase del testamento de la Reina Católica cambió la historia de América: "Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien".

No conozco en profundidad la vida y las virtudes y defectos de Isabel la Católica, pero estos jueguecitos vaticanos sobre la conveniencia de ciertos santos, parece más oportunismo y juego de contemporización.





domingo, 22 de febrero de 2026

Pandillas juveniles: semilleros de violencia

     


    José Esteban Rubio cumplió sus 18 años el martes, 17 de febrero. Tres días después, tres puñaladas acabaron con su existencia en plena calle y a plena luz del día en el barrio vallisoletano de La Rondilla, en Valladolid. Una muerte violenta. Un menor de 13 años acabó con su vida, con la colaboración de otras dos chicas, de 16 y 18 años.  

    Aún es pronto para saber qué es lo que llevó a un niño de 13 años a coger un cuchillo de cocina y atravesar el corazón de José Esteban, estudiante en un instituto y portero de fútbol en el Club Juventud Rondilla. Todos relacionan el crimen con las pandillas sudamericanas. Algunos dicen que el joven muerto había pertenecido en su día a una de esas pandillas, pero la había abandonado para encauzar su vida en el estudio y el deporte. Abandonar estas pandillas, con sus códigos secretos y sus pactos de silencio, es una traición y una sentencia. Muchos opinan que al agresor, por ser menor de edad, se le habría pedido una prueba de máxima lealtad a la 'pandilla': acabar con la vida de otro. 

    José Esteban es ya una vida derramada y desperdiciada para siempre. Una vida ya en el cementerio. Pero también la vida del niño agresor es una vida ya rota a los 13 años. ¿Qué le habían prometido por este asesinato? ¿Qué sentido de identidad o de pertenencia tan fuerte le hizo cometer este hecho tan cruel? ¿Saben los padres lo qué hacen sus hijos, con quién se divierten, qué compañías frecuentan? ¿Tiene algo que decir la comunidad educativa en todos esto? ¿Son conscientes las autoridades de que, si no se cortan de raíz estas semillas de violencia, arrastrarán a muchos inocentes a una muerte segura o a un miedo espantoso?

      Mientras leía la noticia, cabizbajo por esa gratuita violencia que siega vidas, como un dalle siega heno, he pensado en la novela de Fernando Vallejo, colombiano de nacimiento, La Virgen de los sicarios. Los niños sicarios entran y salen de la iglesia de Medellín para pedir a María Auxiliadora, que les salga bien el negocio de matar, que les afine la puntería, que les perdone esas muertes por encargo, esos asesinatos sin motivo y sin culpa. Porque lo mismo se dispara por que el vecino tiene la música muy alta que por unas zapatillas de marca. O sobre todo por un encargo, a un precio irrisorio. Matar es más barato que llamar al fontanero o al repartidor de pizza. Un cóctel explosivo de narcotráfico, sexo a bajo precio, consumo de droga, fascinación por pertenecer a un grupo que crea identidad a niños sin raíces, nacidos ya con la marca de la corrupción, nacidos ya con el ferviente deseo de pasar de amo en amo, hasta que otro sicario mejor pagado acabe con su vida.   



lunes, 16 de febrero de 2026

Una Propuesta de Desarme Mundial

        Dudo mucho que estos tiempos de hierro sean los mejores para dedicarse a la poesía. Pero dudo aún más que la situación mundial (pensemos en Ucrania, Gaza, Sudán, el discurso de Trump desde la Casa Blanca y el de los mandatarios de los países de la OTAN justificando y suplicando más presupuesto armamentístico) sea el momento más idóneo para lanzar una propuesta de desarme mundial. Y sin embargo, mi última lectura lleva por título “Una propuesta de Desarme Mundial”, y la firma Juan Manuel Molino Laguna, nacido en Pinos Puente, Granada, en 1951. 

            Sin embargo, mi admiración sigue intacta hacia los que piden, reclaman, exigen que soñemos a lo grande, porque a veces lo imposible de hoy, puede ser lo posible de mañana. Y la utopía en estos tiempos puede ser la realidad cotidiana de un tiempo venidero. Hace dos mil ochocientos años Isaías entrevió un día en que “de las espadas forjarían arados y de las lanzas, podaderas”. Ese día aún no ha llegado, pero ese sueño del profeta ha sostenido el corazón de tantos hasta ahora. Admiro al vendedor de banderas blancas en medio de la batalla, al padre que alza a su niño para que toque los cuernos de la luna, al que ofrece un vaso de agua al enemigo al que todos apalean.

            Podríamos decir que esta historia parte de lejos. Y que tiene dos inicios. Primer inicio. El autor, cuando era un estudiante en el Colegio de los Pasionistas de Peñafiel, conoció en la asignatura de Declamación la poesía de Moisés Garcés Cortijo. La profundidad humana de sus versos fue una primera semilla de humanismo pacifista, de entendimiento y de fraternidad. Este contacto con la poesía generó una profunda resonancia en su interior. Segundo inicio. En julio de 2014 Juan Manuel asistió al Festival de Canto y Danza en Tallin (Estonia). Miles de voces, músicos y danzantes hacen vibrar a todo un pueblo en un sentimiento indescriptible de armonía y hermandad. Esta energía musical colectiva genera de nuevo una profunda resonancia en sus adentros, y provoca en el autor la idea de que un mundo en paz es posible. Y lo primero para lograrlo es el desarme, y un desarme a nivel mundial. A estas alturas no sabemos si son las guerras las que necesitan armas, ¿o son las armas las que necesitan y requieren guerras?

            En su juventud Juan Manuel Molino siguió estudios de filosofía, teología, geografía e historia y musicología. Finalmente orientó su vida profesional hacia la música, impartiendo clases de musicología e historia de la música en diversas academias y en institutos de Valladolid y Ceuta. Ya se sabe que la música hace girar los astros en una armonía perfecta que ha cautivado al hombre desde sus inicios y ha hecho surgir la primera filosofía y las grandes preguntas. La música es armonía que invita a la armonía. Y la paz no es sino la abundancia de armonía en los corazones de lo hombres y de los pueblos y en el espíritu de las leyes.

            El libro Una propuesta de Desarme Mundial vio la luz en septiembre de 2025 y habla de todo esto: la génesis de esta propuesta de desarme y los acontecimientos culturales que se producen año tras años en algunas ciudades del mundo y que son como muestras, espejos y momentos de inspiración que nos susurran que un desarme es posible, que una paz es posible, porque el entendimiento es posible, como lo demuestran las composiciones y las interpretaciones musicales en un ambiente de respeto y de valoración del otro. El autor habla mucho del Festival de Canto y Danza de Tallin (Estonia), pero también  del sonido y la música como terapias probadas, de las Comunidades de Damanhur que han surgido en diversos lugares del mundo, de los festivales de poesía celebrados en Granada (Nicaragua) o en Medellín (Colombia), del Festival de las Músicas Sagradas y del Festival de Cultura Sufí ambos en la ciudad marroquí de Fez, del Festival Internacional de Cine de Marrakech, de marcado compromiso social, y de tantas manifestaciones artísticas que intentan traducir en armonía y belleza ese anhelo inmarcesible del corazón humano: la paz.

            Estoy seguro de que este libro será un altavoz más para esta  propuesta de desarme mundial. El libro cuenta este largo proceso. Y, además, contiene diversas crónicas sobre los festivales que han inspirado las Propuesta. Entrevistas del autor a diversas personalidades del mundo de la cultura. Entrevistas que diversos medios han hecho al propio autor. Reseñas de periódicos. Recopilación de las mejores poesías de Moisés Garcés. Entradas biográficas de artistas y poetas. Notas explicativas de lugares y acontecimientos. E incluso un excelente guión dramático para explicar la Historia de la Música. El libro acaba con una serie de fotografías que ilustra muy bien toda esta andadura pacifista. Los objetivos de esta propuesta de desarme son pocos y claros: que los países se comprometan a un desarme y a reducir las ingentes cantidades de dinero destinadas a armamento. Y que se dedique todo ese dinero a la salud y a la educación. Además, la Propuesta quiere apoyar a cuantos (iglesias, ongds, asociaciones, foros, instituciones, festivales, debates, medios de comunicación y hombres y mujeres de buena voluntad) apuestan por una cultura de la paz y del desarme. El autor cree que la música puede ser un nexo de unión y el vehículo más privilegiado entre todos los que trabajan por la paz, a tiempo y a destiempo, a veces con escasos recursos, pero con una esperanza y una insistencia verdaderamente proféticas.

 Esta Propuesta de Desarme Mundial, antes y después de la publicación del libro, ha sido presentada ante muchos organismos públicos, instituciones, embajadas, organizaciones de festivales,  personalidades del mundo de la cultura, bibliotecas, eventos culturales, colegios e institutos, conciertos como el de Plácido Domingo en el Bernabéu, foros de poesía, en las páginas de los medios de comunicación, en diversas entrevistas. Cabría destacar la presentación en 2019 en el Espacio Ronda de Madrid, Sede de la Federación por la Paz Universal. Y han sido muchas las autoridades, personalidades del mundo de la cultura, alumnos y periodistas, responsables de asociaciones... en los que esta propuesta ha econtrado resonancia, eco y respuesta. Tal vez sea una mera coincidencia, pero no está de más decir que el 10 de octubre de 2025, día en que el libro que aquí se reseña se presentó en la ciudad de Ceuta, ciudad puente, ciudad donde conviven, con sus lógicas dificultades, etnias religiones, lenguas diferentes, se firmó la paz entre Israel y Hamás. Sabemos que es una paz frágil, débil, tambaleante. Pero la más imperfecta de las paces es preferible a la más perfecta de las guerras. Preparémonos para una cruzada –escribió Moisés Garcés- en la que las liras venzan a los cañones… porque la paz solo puede escribirse con amor” O como tanto había deseado Giovanni Papini “que los cantos de los poetas sean el gozo de los afligidos y la voz de los que no pueden expresarse”

El poeta Moisés Garcés murió en 1972. Unos años después, su viuda, Ana Silva Aramendi, decidió entregar todo el legado poético a Juan Manuel Molino Laguna, para que lo diera a conocer y lo difundiese. Y este legado está en el origen de esta propuesta de Desarme Mundial. Sobre todo, un poema único, porque es bello y porque es necesario. Este poema ha inspirado la vida de Juan Manuel Molino Laguna y ha inspirado su Propuesta de Desarme Mundial. Este poema lleva por título Imprecación a la paz:

“Desde el taller, desde la fábrica / desde mi libro y mi oficina / desde mi escuela abandonada… yo te pido la paz”

“Desde Hiroshima y Nagasaki / aun no lavados todavía / del gran pecado de los siglos … / Desde la mesa que presiden / los vencedores y agiotistas / de la palabra y la soberbia”

“Que cese la carrera de la muerte / y todas las conciencias estén limpias / y la palabra hermano sea un símbolo / y las hambres no existan / y el odio tampoco…

“Que enarbole justicia su bandera / y en compañía de amor, blancos y negros, / comamos y bebamos en el mismo banquete / de la paz… ¡mi Señor!”.

        Hasta que la guerra sea un negocio muy lucrativo para las empresas de armamento, necesitaremos recorrer un largo camino empedrado de dificultades. Hasta que los más dóciles o interesados en la carrera armamentística, sigan ocupando los palacios del poder donde los destinos del mundo se administran, nos espera una larga carrera de fondo y de obstáculos. La paz es cosa de valientes. No sólo de soñadores, no sólo de idealistas. No sólo de utópicos. Nada se pierde con la paz, pero todo se pierde en tiempo de guerra. 

        Mientras tanto el aliento de los poetas nos acompañará como un viático de pan y agua en el ardiente camino que aún habremos de recorrer:

    "... Yo te pido la paz... / Señor, que es demasiado tanta guerra / y tanto dolor en mis hermanos / y tantas fatuas mil conquistas / para ir desnudos a tu reino".







     



domingo, 15 de febrero de 2026

Las lealtades, de Delphine de Vigan


    De vez en cuando los periódicos hablan de niños o adolescentes ingresados en un hospital con un coma etilíco.  Los padres, los profesores y la sociedad se preguntan cómo hemos llegado a esto. De vez en cuando los psicólogos y pedagogos escriben que las separaciones de los padres están dejando a la intemperie a una generación de niños que no entienden ni comprenden ese ir de casa en casa, como maletas a la deriva. De vez en cuando, alguien, lleno de horror, descubre que la persona con la que convive nada tiene que ver con el que surfea por la red donde da rienda suelta a sus psicopatías. Muy a menudo ni los padres quieren ver, ni los profesores quieren ver. Ni nadie quiere ver, aunque todos intuyan anomalías y se extrañen ante comportamientos poco explicables. Y todos, todos, arrastramos heridas, heridas de cicatrices insospechadas o escondidas con multitud de ropajes y complementos. 

    Sobre estas premisas, Delphine de Vigan (1966, Francia) escribió su novela Las lealtades. Leí hace algún tiempo Nada se opone a la noche. La próxima será Las gratitudes. 

    

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