domingo, 14 de junio de 2026

León XIV: En Montserrat y en la región más fracturada

 


            No lo sé con certeza, pero creo que los obispos deseaban el viaje papal por varios motivos: avivar el despertar religioso de la sociedad española, invitar a todos a la cultura del encuentro y del respeto, tan contraria a la crispación, y apoyar todos los esfuerzos para la acogida y la integración de los migrantes.

            Que Cataluña es desde hace varios años la región más fracturada y crispada de Europa, lo sabe todo el mundo. La irrupción de un independentismo agresivo, excluyente y radical fracturó la política, la convivencia cívica, la política, incluso las familias y a los propios católicos. Y también quebró la economía.

            Con sus discursos incendiarios y violentos, los independentistas sembraron el caos y violentaron la convivencia en las calles, los colegios, las fábricas y las casas. Convirtieron en enemigos a todos los que no comulgaban con las ideas independentistas, castigándolos de mil formas y denigrándolos de mil maneras.

            A fuerza de prebendas, favores económicos, amnistía a los golpistas condenados, por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, pero también como consecuencia del ese lento pero inexorable desinflamiento de la quimera independentista, se ha llegado a una relativa tranquilidad, que probablemente salte por los aires cuando ya no haya nada que repartir ni tampoco competencias que descentralizar.

            En este clima, León XIV ha visitado el monasterio de Montserrat, alma del sentir religioso catalán y corazón de la devoción mariana de esa tierra tan hermosa y tan próspera. El Papa conocía la historia de este monasterio: “Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo”.

El Papa era consciente, antes de llegar, de la fractura que la propia iglesia catalana había padecido. Unos obispos tuvieron que hacer malabares para promover una idea de unidad y universalidad entre los católicos, otros se movieron con calculada ambigüedad. Y hubo algún obispo que abiertamente apoyo el referéndum del procés y fue a votar. Este obispo más preocupado por la política que por la Iglesia, colgó los hábitos a la primera de cambio y se casó. Muchos curas avivaron el fuego independentista, las esteladas colgaron de muchos campanarios y los lazos amarillos se repartieron entre los feligreses, como si se tratase de la comunión dominical.

Por eso el Papa diridigéndose a la Mare de Déu de Montserrat: “Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz”.

Durante las semanas previas al viaje papal, los independentistas se encargaron de atizar el fuego a cuenta de la lengua que el Papa usaría. Y una malencarada diputada de Junts agarró al Papa la mano y no se la soltó hasta echarle una filípica sobre el amor a la lengua catalana. ¿Qué hubieran dicho las feministas si hubiera sido el Papa el que hubiera agarrado por la fuerza la mano a la diputada para recordarle el amor a los no nacidos, por ejemplo? A la diputada en cuestión le parece que hablar en Cataluña en catalán es un acto de amor. Pero hablar el castellano en Madrid es un acto de sumisión. Recordemos que incluso varios miembros de los coros que intervinieron en la misa de la Sagrada Familia habían previsto reventar la bendición de la torre con sus esteladas al viento y su canto de Els segadors. La policía descubrió el complot y apartó a otra zona a los coristas saboteadores. Y no olvidemos que Puigdemont, huido de la justicia, socio de Sánchez y exiliado de oro en Bélgica, pidió abiertamente a sus seguidores que "llevasen banderas independentistas y que silbaran al Papa". Una vez más, causa estupor que algunos partidos consideren enemigos e intolerantes  a todos los que no están de acuerdo con sus ideas, elevadas a dogmas e idolatrías.

El Papa habló de fe, de encuentro, de unidad, de formar una única familia, ya nada más entrar en la catedral de Barcelona: “Con este espíritu también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”. Y lo hizo con claridad y verdad en catalán y en castellano, para que pudiera ser entendido por todos.

No es de extrañar que en Cataluña la confianza en la Iglesia haya caído tanto. No es de extrañar que el número de seminaristas haya disminuido a cota casi ‘cero’ o que Cataluña sea la región que menos marca la cruz de apoyo a la Iglesia Católica en la declaración de hacienda. Para alguien que desea vivir su fe de forma sencilla, sin politiqueos y banderas, ¿cómo compaginar el mensaje universal del amor de Cristo con un exclusivo apego a los amigos ideológicos y una consideración de enemigos todos los demás?

Probablemente la Iglesia en Cataluña es sostenida en un buen porcentaje por los numerosos emigrantes latinos que hay en la región. Y así lo pudimos ver en el encuentro del estadio olímpico. Aunque cabe recordar que las políticas de la Generalitat durante décadas  favorecieron la emigración de países musulmanes, con lenguas muy diversas, a los emigrantes latinos que hablaban español y que, por lógica, no se iban a esforzar mucho en aprender catalán.    

Los sinceros creyentes de Cataluña han tenido que hacer frente a esta guerra sucia de conmigo o contra mí, y han tenido que esforzarse más que en ningún otro lugar por permanecer fieles a la Iglesia y por dar testimonio de una caridad universal, de una fraternidad que debe abarcar a todos. Por ser testigos de un Dios que es incompatible con todas las idolatrías, también la del partido, la lengua, la bandera.

Desde la iglesia y también desde el balcón del propio monasterio, el Papa afirmó: “Gracias por estar aquí. Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una sola familia, con esa acogida de nuestra Madre María, la Virgen de Montserrat”.

E igualmente: “Gracias a cada uno y a todos vosotros que estáis aquí esta mañana para recordar a todos —en Cataluña, en España, en el mundo— que la fe da vida, y la fe da esperanza”.








jueves, 11 de junio de 2026

León XIV: larga y engañosa ovación en el Congreso



    Mi impresión es que el largo aplauso al Papa en el Congreso fue bastante engañoso. Tuve la sensación de que los representantes de los diversos partidos tenían instrucciones concretas de no ser los primeros en dejar de aplaudir. Aplaudir poco significaba que el Papa les había llamado la atención con un buen tirón de orejas. Aplaudir mucho todo lo contrario: el Papa les había dado la razón y el discurso pontificio se adaptaba perfectamente al ideario de su partido. Nadie quería dejar de aplaudir. Creo que el Papa entendió esta estrategia y decidió abandonar el hemiciclo, con sonrisa condescendiente, cuando la ovación había superado el minuto siete.

                Nada más acabar el discurso, hemos comprobado que los portavoces de los distintos partidos se mostraron encantados porque el Papa les había dado razón en todo y se la había quitado al adversario. Las políticas de su partido estaban perfectamente en consonancia con el mensaje de León XIV.

                El Papa, admitámoslo, tenía ante sí un auditorio difícil. Se dirigía a un parlamento donde el estilo bronco y canalla se ha convertido en norma. El griterío, la chulería, la sinrazón y el insulto han tomado carta de naturaleza, demostrando una incapacidad para construir la política del encuentro y del bien común.

            Ciertamente el discurso, bien trabado, ha abordado todas las cuestiones importantes que atañen a la dignidad humana y a la responsabilidad que los legisladores tienen a la hora de hacer leyes, porque siempre está en juego la persona y el bien común. El Papa se ha dirigido a las Cortes como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica. Así resumiría las ideas más importantes de su discurso.

             La dignidad humana es la piedra angular sobre la que debe asentarse todo el edificio de los poderes del estado, porque la dignidad humana precede al poder y "no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento". “Y la dignidad no puede quedar al vaivén de las mayorías”.

    La defensa de la vida debe corresponderse con la dignidad humana. “Toda vida debe ser reconocida y custodiada desde el momento de su concepción hasta su natural ocaso. La defensa de la vida no es un cuestión confesional sino la meta de toda civilización.”

    En el momento actual, la cuestión migratoria es muy importante y está teniendo una cabida excepcional en todo el viaje. El Papa ha dicho que hay que "ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En este capítulo de las migraciones el Papa se refirió a un derecho al que normalmente no se alude nunca: “el derecho a permanecer en la propia tierra”. Los que estamos ligados a la cooperación internacional sabemos que ese derecho es el que deben promover los estados y las organizaciones internacionales y las asociaciones humanitarias: facilitar que cada ser humano permanezca en su tierra, con los suyos, en medio de su lengua y su historia.

                Advirtió también de la tentación de caer en la polarización, algo muy útil, porque precisamente uno de los problemas que más preocupa a la sociedad española es precisamente este. El Papa advirtió: "La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

                No podía faltar una alusión a la paz y al respeto del derecho internacional en un momento en que diversos puntos del planeta se ven afectados por la guerra y a un continuo incremento del gato en armas de los diversos países: "Preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable".

    La familia como “fundamento natural de la comunidad”, y también uno de los pilares del cristianismo no ha faltado en el discurso papal, que reivindica el papel fundamental de la “familia que será siempre  la primera escuela de humanidad y fundamento natural de toda comunidad”.

Muy unido a este tema de la familia, está la defensa del derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos. A la familia,  y no al Estado, le corresponde “elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos”. Y el estado simplemente debe velar para que así sea.

Afirmó también la importancia capital del  derecho a la libertad de conciencia y de religión. Todo hombre y toda mujer deben poder practicar, sin trabas, la fe en la que cree. Y dentro de este apartado defendió, en un momento en que algunos estados han cuestionado este derecho “el sigilo sacramental de la confesión” como algo irrenunciable para la Iglesia Católica”.

Hizo asimismo un llamamiento al entendimiento, al diálogo, a la cultura del encuentro y a la importancia de respetar el valor de la palabra: “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos” y “porque la discrepancia no puede terminar en humillación.

En esta época en la que las nuevas tecnologías libran una batalla singular contra el humanismo clásico,  el Papa advirtió que la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza".

                El discurso papal iba dirigido, en primer lugar a los parlamentarios españoles, pero, en cierta forma, también al mundo entero, especialmente a Europa. El mensaje de León XIV ha sido un canto a la dignidad humana que debe poner límites éticos a los poderes de los legisladores, pero también a los poderes tecnológicos, cada vez más presentes en nuestra vida.

                Tal vez este importante discurso podría ser un resumen del pensamiento de León XIV y de la Santa Sede para facilitar la colaboración de todos por el bien común. Las Cortes reunidas en sesión extraordinaria siguieron con verdadero respeto y silencio el discurso del Papa. Mi opinión sobre la larga ovación ya la he dejado clara. Cada uno de los presentes en las Cortes ha creído que el Papa había confirmado sus tesis y que nada tenía que aprender de los muchos recados, avisos, advertencias y consejos que el Papa proclamó con absoluta claridad en la sede donde está representada la voluntad popular. Ya que los representantes del pueblo no han entendido mucho de lo dicho por el Pontífice, es deseable que todos los demás hagamos examen de conciencia y nos preguntemos sobre la defensa de la dignidad de cada persona y sobre el valor sagrado de cada vida humana.







            

miércoles, 10 de junio de 2026

León XIV: Antonio Banderas y el despertar espiritual


En un reciente artículo titulado A cuestas con la fe, la cineasta Isabel Coixet decía, a propósito de este despertar religioso que se está dando en Europa: “Me cuesta admitirlo, pero mi generación, la que se rio de todo eso, no ha conseguido inventar nada mejor para acompañar a alguien en la madrugada de un duelo y de un miedo de los que no se nombran… Entiendo que cuando el clima se incendia, las democracias se desmoronan, los hijos no llegan o llegan a un mundo del que nadie sabe qué decir, no es extraño que alguien se arrodille o encienda una vela, que alguien quiera un texto antiguo mil veces repetido… Probablemente este volver a lo religioso es lo que hace la gente cuando descubre que la modernidad, esa promesa que nos vendieron como un seguro a todo riesgo, viene con una letra pequeña ilegible y un teléfono de atención al cliente que no contesta nunca”.

                En estos días papales en los que cantantes y artistas famosos ya no se avergüenzan de ser católicos, en los que miles de jóvenes se arrodillan ante el santísimo, en los que chicos y chicas de padres que no les transmitieron ninguna fe por ser una antigualla, piden el bautismo y descubren una fe que da sentido a sus vidas, estamos cayendo en la cuenta de que la vivencia religiosa puede ser un plus de sentido y de alegría, o un apoyo en los días de desolación, o un plus de paz interior en tiempos de desquiciamiento y corazones fracturados. En fin, un plus de vida, en una sociedad que sufre por un nihilismo atroz y un vacío mortal.

              En este contexto, hay que situar el vibrante discurso del conocido y premiado actor, Antonio Banderas. Ocurrió durante el encuentro del Papa en el Movistar Arena, en un acto denominado Tejer Redes. En este foro que escenificaba el encuentro de la Iglesia con la sociedad civil estuvieron presentes Rozalén, Sara Bargas, Carolina Martín, Teresa Perales, además de otros muchos representantes de la sociedad civil. No está nada mal que la Iglesia Católica convoque a tejer redes entre personas procedentes de ámbitos tan diferentes como la cultura, el deporte, la empresa o los sindicatos. Tal vez hace sólo 10 años, la presencia de Antonio Banderas y de otros muchos artistas, presentadores y cantantes hubiera sido impensable en una vigilia católica. En este 2026, la cosa ha parecido natural. También necesaria.

                El anticlericalismo de una parte de la sociedad española, a veces soez, a veces comprensible por nuestra historia pasada de un catolicismo hosco y carca, la descalificación de todo hecho religioso, la irrisión que producía la práctica católica, habían provocado que buena parte de los católicos se retiraran a los campamentos de invierno e incluso a las catacumbas. Nada más políticamente incorrecto que bendecir la mesa en un restaurante, defender en una conversación de oficina a los curas, o abandonar al grupo de amiguetes para acercarse a misa un domingo a la hora del vermut. La presión social  y mediática fue -quizás todavía lo es- tan insistente y descarada que muchos católicos no se atrevían a levantar la cabeza. Y cada uno intentaba vivir la fe sin llamar la atención y sin exponerse mucho socialmente. Ir a una manifestación para ampliar la interrupción del embarazo se veía como algo progre y cool, y sin embargo defender a los no nacidos era cosa de radicales y fanáticos.  

                Volvamos al discurso de Banderas. Con sus dotes interpretativas, su dominio de las tablas, su presencia física y su voz escénica, Antonio ha ido desgranando recuerdos y reflexiones, utilizando el lenguaje del arte en el que todos pueden entenderse. Ha subrayado: “No tememos equivocarnos al decir que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad. En el corazón de ese impulso creativo está quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas, y que con total seguridad ha sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de Jesucristo. El gran protagonista de la película de la vida. En todas las artes Cristo como una presencia constante. No como una imagen repetida, sino como un icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable”.

                En el corazón humano a veces persiste una chispa, tal vez adormecida o anestesiada, pero que en cualquier momento puede encender un pequeño fuego. Por ejemplo, el recuerdo de una lejana semana santa: “Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de raíces y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo 4 o 5 años de edad, nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: ¿Dios?”.

                ¿Pero qué es la fe cristiana? ¿Un sentimiento privado e individual que sólo busca sentirse bien en nuestra zona de confort? ¿O tal vez el aguijón y el acicate para construir junto a otros la civilización del amor? ¿No hay en la religiosidad algo que va conformando y mejorando a los seres humanos? Aquellos costaleros del barrio que cargan con las imágenes por calles y plazas: “… lo hacen dejando tras ellos el yo, para agarrarse al nosotros…del nosotros pasan al ellos, del ellos al todos, del todos al mundo, del mundo al universo, del universo a Dios, para después volver a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada palpito, de cada suspiro”.

                El arte provoca preguntas. Y las preguntas nos llevan al examen de conciencia y a la autocrítica, a la reflexión y a la búsqueda, a experimentar tensión entre lo que sabemos y lo que no podemos explicar. ¡Es tan importante aceptar el misterio en nuestra existencia!  La cultura y el arte están muy cerca de Dios. Y el arte se parece mucho a la fe. Antonio Banderas afirmó: “El arte ha sido -y debe seguir siendo- el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia critica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”

                Tal vez los hombres religiosos son los que se hacen uno y otro día, y con gran seriedad, las preguntas  que verdaderamente cuentan en la vida: ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene la vida y el dolor? ¿Qué significa amar al prójimo? ¿Qué hay más allá? ¿Qué es la verdad? Sólo estos seres humanos pueden acercarse a la trascendencia y mirarla cara a cara: “Porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre, siempre, comienza un camino, un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual, que no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano y en el misterioso corazón de Dios”.

                El creyente no está exento de las dudas. Ni su fe le evita el sufrimiento ni la carcoma del tiempo. Ni le asegura el pan de cada día y el vestido de cada invierno. Pero el creyente experimenta una compañía, una cercanía cálida, el aliento de un ser más grande que sí mismo y más dulce que el mejor amigo. Y por ello está dispuesto a seguir creyendo con una fe, tal vez tan vacilante como una candela en noche de tormenta. Y por ello está dispuesto a cargar con su cruz y con la de cualquiera que pase por la calle de la amargura. Y por ello, cualquier ser humano, rico o pobre, torpe o inteligente, joven o viejo, puede confesar a Dios con humildad y con gozo. Así lo hizo también Antonio Banderas: “Santo Padre, yo estoy aquí por Godspell. Godspell es una obra de teatro musical creada en su país de origen. La traducción de Godspell al español es “El Hechizo de Dios”. Yo estoy hoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios”.

                Antonio Banderas terminó con esta confesión en toda regla, ante miles de personas que llenaban el Movistar Arena y millones que seguían el encuentro en la televisión o que después lo han escuchado en redes o leído en periódicos. Poco antes de poner fin a su discurso ante el Papa agustino, el actor malagueño recordó las palabras de San Agustín, el autor de un libro capital que lleva por título Confesiones. En estos tiempos de cantinelas, de quejas, de lamentos por los malos y amargos tiempos que nos ha tocado vivir, bien merece la pena recordar esta exhortación del converso Agustín de Hipona: “Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo”.

            León XIV hizo propuesta e invitación a reconciliar la trascendencia con la vida de cada día: "No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano"










martes, 9 de junio de 2026

León XIV: las dos procesiones del Corpus por Madrid

 

                Las cifras de los participantes  de la Misa del Corpus hasta podrían dar un poco igual. Hablan que más de un millón de personas llenó las calles que confluyen en Cibeles. El clima de alegría y de exultante sentido de pertenencia no estaba reñido con el respetuoso silencio, con la devoción, con la música sacra y con la belleza de la procesión del Corpus.  Pocas fiestas tan arraigadas en España como "el jueves que relumbra más que el sol". En ninguna otra parte del mundo, la festividad de la solemnidad del Corpus Christi ha dejado una huella tan profunda en el arte y en las tradiciones. Basta recordar las admirables custodias de asiento o de mano que los mejores orfebres nos han legado, así como las tradiciones de danza, teatro, ornamentación y música, asociadas a esta festividad. Desde el pueblo más humilde a la ciudad más importante, las calles se engalanan al paso de la eucaristía con gallardetes, colgaduras, altares y alfombras de flores. Pero el Papa con claridad meridiana recordó que “la religiosidad histórica de España debe ser una escuela de fe y no un museo del pasado”. Y también que “las tradiciones religiosas pierden su alma sino se transforman en amor activo al prójimo”. E igualmente que “la  verdadera devoción se mide en la capacidad de mirar a los ojos de quien sufre y tenderle la mano.”

Por todo ello, el día del Corpus coincide con el día de la Caridad. Por las calles de pueblos y ciudades no sólo pasa Jesús  en ricas custodias y carros triunfantes en medio de altares y flores. Por las calles y plazas pasa también Jesús en carne herida y rostro descompuesto, en cuerpo marginado y alma apaleada.  El perfume de las flores de los altares y el oro de las custodias pueden ser oropel y folclore pagano sino van unidos a la acogida y cuidado de los más necesitados. La visita al centro de Cáritas Cedia, abierto las 24 horas del día, y que acoge a personas sin techo, migrantes, madres y niños abandonados, y las muchas clases de pobres que en el mundo existen fue la otra procesión del Corpus. El Papa sostuvo en sus manos la custodia del Corpus, pero antes y después de esa procesión sostuvo en sus manos las manos de los más vulnerables.  También las manos de algunos que, cuando eran unos niños, gentes de sotana les destrozaron la vida.  Ya lo dijo el Papa en la misa: “Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al prójimo”.

Mujer cubana con sus mellizos

El migrante senegalés durante su encuentro con León XIV


Reunión del Papa con víctimas de abusos

León XIV: Una bienvenida de reyes y de 'buonifigli'

 


                Parece ser que a León XIV le ha costado poco decidirse por España para su primer gran viaje por Europa. Probablemente, si España no hubiera sido durante siglos el dique de contención ante el avance del Islam, la suerte de Europa habría sido bien distinta. En su obra La incomparable Isabel la Católica, Jean Dumont sostiene que, sin el apoyo decidido, la financiación y la expansión global del Evangelio en América llevado a cabo por la Corona (especialmente desde los Reyes Católicos en adelante), el catolicismo se habría visto relegado a una posición marginal en el mundo frente a otras religiones y al protestantismo. El Papa, que pasó 20 años trabajando en Perú, conoce perfectamente todo esto, así como la resonancia que en toda Latinoamérica tiene cuanto sucede, para bien y para mal, en el mundo católico español.

                El Papa, ha llegado a España en un momento de descrédito de las instituciones, con una corrupción que alcanza a las altas esferas, con una polarización ideológica terrible y con un aumento considerable de la pobreza en las clases más desfavorecidas. También es cierto que León XIV llega a España en un momento de un despertar religioso y de varios síntomas que indican que los cristianos ya no sienten vergüenza de manifestarse como tales, con sencillez y naturalidad.

                En este clima, vimos al Papa aterrizar en Madrid. La primera acogida al Papa fue escenificada por los Reyes, algo marcado por el protocolo. El Rey ejerció como perfecto anfitrión. Su discurso en el Palacio Real ofreció altura de miras y visión humanista: “La dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos, porque en ellos está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide”

              Y frente a la mediocridad de los políticos que llevan años sin ofrecer argumentos convincentes y razones entendibles, sino dedicándose al infame vicio del insulto y al ignominioso oficio de la denigración del adversario político, el Papa afirmó: “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”

                Pero en esa primera acogida de Barajas, lo que más me llamó la atención fue la bienvenida brindada por un pequeño grupo de niños con discapacidad y sus familias. Toda una metáfora del mensaje del viaje papal. El cuidado de las personas más frágiles no es que esté en el evangelio, es que es el evangelio. En ese saludo inicial estaban las claves para interpretar la presencia de León XIV en tierras de Madrid, Barcelona y Canarias. En los días siguientes hemos visto más gestos de cercanía a personas vulnerables y hemos escuchado más discursos en esta misma línea, pero en el abrazo y en el rostro de esos niños en el aeropuerto estaba ya explicado el qué y el cómo de la presencia de León XIV en tierras de España.

            La palabra "buonifigli" significa literalmente 'buenos hijos'. Así llamaba Luis Guanella a las personas con discapacidad. Eran y son los hijos buenos, los mejores de cada casa. Y también los hijos predilectos de Dios, por inocencia, por sufrimiento, por marginación social, por limitación, por espontaneidad, y por carecer de filtros. No se podía haber elegido una mejor bienvenida para el Papa León XIV.

 


Los niños con discapacidad saludan al Papa y a los Reyes

Simón dio la bienvenida al Papa en Barajas










jueves, 4 de junio de 2026

2026: los chicos de los "italianos" vuelven al colegio


Calor agobiante y fotos de grandes nevadas

Bajo un sol implacable en Aguilar de Campoo, se celebró el pasado 30 de mayo el encuentro anual de los ex alumnos del Colegio San José, los “italianos”. Al comenzar el encuentro, en la pantalla pudimos ver viejas fotos de aquellas grandes nevadas, donde los chicos, con aire de fiesta, se deslizaban por la ladera de Peña Aguilón o se tiraban bolas de nieve, mitad en broma, mitad en serio. Todos recordamos la dura climatología aguilarense, ese frío intenso cuando salíamos al patio, las abundantes nevadas, las heladas que se prolongaban semanas, el cierzo cortante de cada tarde, y ese aire desapacible en las mismas noches de junio o septiembre. ¿Será el cambio climático?

El calor ambiental tal vez sólo fue una metáfora del calor del encuentro. Entre calurosas acogidas y calurosas despedidas transcurrió un sábado muy especial. No solamente el cálido recuerdo y la dulce añoranza: las travesuras, las marchas a las Tuerces, el pollo de los domingos y los macarrones, las olimpiadas, los concursos culturales, las clases de guitarra y teatro, el deporte a todas horas, los vinilos y las canciones inolvidables, los campamentos… También el cálido recuerdo de los valores que fueron inculcados con paciencia por frailes y maestros. Valores a los que, como buenos adolescentes, a veces nos resistíamos tercamente, y otras veces acepábamos de buen talante. Pero siempre con el convencimiento de que esos valores estaban sembrándose en nuestra piel, y que la vida se encargaría de hacerlos brotar. La experiencia y las décadas transcurridas desde entonces así nos lo han confirmado.

'Caramelos' para los chicos rumanos

El encuentro no es sólo una celebración del pasado, un recuerdo constante de tiempos pretéritos y, ¿mejores? El encuentro de antiguos alumnos tiene también su lado solidario y su vertiente generosa. Aquellos valores vividos en Campañas contra el Hambre, domingos del Domund y Festivales de Navidad, continúan vivos en el “Proyecto Caramelos”, en recuerdo del Hno. Juan. La ongd Puentes trabaja desde 1998 por los misioneros guanelianos en África y Latinoamérica, e incluso en Europa. Cada año se elige un proyecto y se abre a la solidaridad de los antiguos alumnos. En nombre de Puentes, Bautista habló del proyecto para 2026, a favor de los chicos con discapacidad de Bucarest-Rumanía. Un proyecto dirigido en este momento por el misionero Francisco Javier Altuna, el Ringo Star de la batería en el Colegio San José. Un proyecto humilde para costear sábanas y mantas, empapadores, pañales, material de fisioterapia, etc. Todo lo aprendido en este colegio guaneliano sigue encontrando su traducción anual en este proyecto. La cercanía hacia los que lo pasan mal es la marca de la casa (aún puedes colaborar en el BIZUM: 10009 y en el IBAN: ES46 0030 6018 1700 0105 1272).

Ronda de gratitud

En la tradicional ronda del encuentro, cuando cada uno coge el micrófono, dice su nombre y los años que permaneció en el colegio, los mensajes más repetidos fueron: la gratitud por lo recibido, el valor de las enseñanzas, agradecimiento por lo vivido, confirmación de que, sin esos años de internado, seríamos diferentes y, probablemente, peores personas. El internado nos inculcó y marcó a fuego algunos valores: el esfuerzo, el sentido del sacrificio, la perseverancia, el compañerismo, la sensibilidad hacia los que lo pasan mal, ya fuese un compañero torpe, ya fuese un niño de Biafra. Incluso valores muy actuales: compartir las tareas domésticas (desde lavar los platos a poner la mesa, desde limpiar los aseos a fregar los suelos). El cuidado de la naturaleza: se plantaron y se regaron chopos, pinos, frutales, creando un muro verde alrededor del colegio de ladrillo rojo y persianas azules. Los trabajos comunitarios: ponerse manos a la obra para hacer una nueva cancha de baloncesto o una pista de tenis. Uno de los alumnos resumió perfectamente lo aprendido y lo vivido: “los educadores nos enseñaron a distinguir perfectamente el bien del mal. Y esta claridad nos ha ayudado toda la vida”. En una sociedad líquida, de cimientos movedizos, arquitecturas efímeras y fuegos artificiales, la solidez de aquella educación recibida es un asidero humano muy importante y para toda la vida.

La autoridad del cariño y el servicio

El edificio que hasta 1991 ocupó el Colegio San José es desde hace un cuarto de siglo una residencia para la tercera edad. Pero amablemente, sus actuales dueños nos reservan el espacio que ocupó la capilla, para que celebremos nuestra reunión anual. P. José Ángel presidió la eucaristía, flanqueado por otros dos curas, P. Teo y P. Fernando. Los tres fueron también “chicos de los italianos”. Y como no hay misa sin sermón, José Ángel nos recordó, que “siempre seríamos, no obstante las canas y las calvas, aquellos niños que correteaban por patios y pasillos”. Y sirviéndose del evangelio del día, se preguntó con qué autoridad nos enseñaban en ese colegio los frailes de don Guanella y los maestros. Para responder que “la autoridad de los guanelianos era la del servicio y la del cariño” Y que, un día y otro, nos repitieron que “Dios es un padre que nos quiere a todos y que tiene un cariño especial por los que el mundo olvida: ancianos, huérfanos, chicos con discapacidad. Esta es la autoridad del carisma guaneliano que se nos quedó grabada en el alma cuando éramos pequeños. Y este mensaje podemos comunicarlo en nuestras oficinas, en nuestras casas, en nuestros barrios, para arrancar a los que lo están pasando mal de la soledad o del desánimo”.

Almuerzo entre amigos y banda sonora

Después de las dos fotografías de rigor, la segunda parte de la jornada transcurrió en otro escenario: una comida fraterna en el restaurante Dolce Vita. Fue el momento para compartir recuerdos de los tiempos de internado, y también para ponernos al día de la situación de cada uno. O para preguntar por aquel compañero que era de tu pueblo, o aquel que solía venir todos los años. Muchos de los reunidos ya están jubilados; otros, a punto de estarlo. Otros tantos  desempeñan los más diversos oficios y en distintos lugares. Gente que buscó el pan en la ciudad y gente que permaneció en el pueblo, cultivando la tierra. Para muchos, los años de internado fueron el trampolín para acceder a estudios superiores e incluso para aficiones duraderas (música o deporte). En torno a los manteles la conversación se vuelve sonrisa, ternura, chispa, gracia, ironía, tomadura de pelo y abrazo. En estos encuentros hay cabida también para los familiares y las mujeres o compañeras de los antiguos alumnos. Una de ellas resumió: “Yo siempre he oído decir a mi marido que los años de Aguilar fueron sus años más felices”. Y no quiero olvidarme de Ana, viuda de un antiguo alumno, Jesús, que nos volvió a regalar su presencia. O de Germán y Feliciano, que se unen año tras año al grupo en honor del hermano y amigo ya difunto, Amable, antiguo colegial. Y por supuesto, a nuestro amigo querido que 'preside' cada año este encuentro: José Antonio, de la Villa. La vida es así. Y tiene estas complicidades y estos guiños. Y así este caluroso día de mayo llegó a su fin. No faltó la banda musical: Oh, bella ciao, Viva la gente, Somos una familia, Saber que vendrás, Pescador de hombres y Hoy, Señor, te damos gracias… Esa música nos ha acompañado desde niños y aún nos acompañará muchos más días…

Recibir al  otro como un sacramento

Esta crónica no estaría completa sin recordar el minuto de oro  de esta jornada, como se dice ahora en el lenguaje televisivo. Poco antes de iniciar la misa, Toni Fuente comunicó que un antiguo alumno, Juan José Merino, se encontraba, por sus circunstancias de salud, de usuario en esta residencia. E invitaba a los compañeros de curso a hacerle una visita al acabar la misa. P. José Ángel fue más allá: “¿Por qué no le invitáis a unirse a esta celebración, si le apetece?”. La misa ya había empezado, cuando vimos entrar a nuestro antiguo compañero, pero el cura interrumpió la eucaristía para que todos pudiésemos darle la bienvenida. Juan José cruzó el pasillo de la antigua capilla, justo por el medio de sus compañeros que le tendían la mano o le ofrecían muestras de cariñoso afecto. Cruzó con toda su fragilidad hasta situarse al lado del altar. Y allí permaneció durante unos minutos en silenciosa y sagrada presencia. El sacerdote hizo bien en interrumpir la liturgia de la misa para ofrecer el cálido respeto y deferencia al compañero de pupitre y patio, aquel niño pelirrojo al que todos recordábamos. Cuando se acoge a quien lo está pasando mal, sea por el motivo que sea, se acoge el misterio de la vida. El afecto hacia un ser humano en su momento de fragilidad es también un sacramento. 

¡Nos vemos el año que viene! ¡Salud y paz a todos!















jueves, 28 de mayo de 2026

Sobre la sabiduría en el dolor

     


    Iván Campillo imparte una conferencia sobre el dolor como vía privilegiada para acceder al mundo, partiendo del pensamiento de la escritora y mística francesa Simone Weil y del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Lo mismo que el aprendiz en un taller artesano sabe que, cuando le duele el cuerpo por el trabajo realizado, es el oficio que esta penetrando su cuerpo, así también el sabio sabe que cuando algo le duele, en el cuerpo o en el alma, es el oficio de ser hombre el que está penetrando su carne.

    Lo que amamos de veras, nos ocasionará dolor. Si las despedidas no duelen, no hay amistad. Si no duele el fracaso de un hijo, no hay maternidad que valga. Si no duele el cuerpo exhausto o el alma aplastada  de la persona a la que decimos amar, es que no hay amor. 

    Todas las drogas del mundo y la adicciones que esta sociedad nos proporciona para convertir en indolora la vida, constituyen nuestro fracaso como seres humanos. Si empleamos todas las energías en buscar la felicidad, la felicidad huirá de nosotros. Si empleamos todas las energías en alejar el dolor, el dolor nos golpeará sin misericordia.

    El dolor es una de las llaves para que el mundo se revele y sea un poco más accesible y comprensible. La vida es dolor. También alegría. También placer. También dicha. Pero el dolor es una presencia que ni se puede evitar ni se debe evitar. Es nuestra oposición, nuestro rechazo al mundo real, tal y como es, sombra y luz, dicha y desdicha, lo que provoca un sufrimiento atroz. Querer que el mundo se ajuste a nuestros deseos es, además de una insensatez, un absoluto desconocimiento de cómo funciona el universo: día y noche, luz y sombra, calma y tormenta.

    El dolor que causa vivir es medicinal, porque nos hacer caer en la cuentra de nuestra inefable fragilidad, de nuestra vulnerabilidad radical. Y sólo nuestra fragilidad nos puede conducir a mirar al otro con empatía y misericordia. La desdicha nos enseña de golpe que no somos los artífices del mundo y que nuestra voluntad apenas cuenta en el orden del universo. La desdicha se transforma en conocimiento para el sabio, pero en amargura y resentimiento para el necio.

    Cuando el dolor no es ni aceptado ni comprendido, nos corrompe y nos hace inútiles para mirar al otro compasivamente y ser para él motivo de redención. Desoír la llamada del dolor, redobla el sufrimiento y nos convierte en analfabetos del corazón ajeno.

    La felicidad más profunda procede de nuestras heridas, de nuestras limitaciones, de nuestras carencias, de nuestros dolores. Quien ha superado un cáncer, quien pasa días a la cabecera de la cama de un enfermo, quien alcanza la cima de una montaña después de un ascenso durísimo, quien es capaz de consolar no obstante sus propias lágrimas, quien permanece al lado de la persona con la que se comprometió, no obstante tensiones y problemas... gustará la felicidad. El dolor y el amor van juntos, inseparables. Dos caras de una única moneda: la vida.

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