Fui emigrante y me acogisteis
Adán Breca en camino
Apuntes de actualidad, humanidades y espiritualidad
jueves, 18 de junio de 2026
León XIV: Fui emigrante o estuve encarcelado o tengo discapacidad...
miércoles, 17 de junio de 2026
León XIV: Antoni Gaudi y su arquitectura para Dios.
Antonio Gaudí nació en Reus en 1852 y murió el 10 de junio de 1926, tras sufrir un atropello al cruzar una calle tres días antes. Iba vestido tan pobremente que le confundieron con un mendigo y lo llevaron directamente a pabellón de beneficencia del H ospital de la Santa Creu. Una muchedumbre de admiradores y amigos siguió su funeral desde el Hospital de la Santa Creu hasta la catedral y luego hasta la cripta de la Sagrada Familia, en cuya capilla de la Virgen del Carmen (siempre llevó al cuello el escapulario) le dieron sepultura. Probablemente, Gaudí está a la altura de los grandes arquitectos del Renacimiento italiano. Su estilo personalísimo, le hace inconfundible. Todas sus obras podrían calificarse de geniales. Pero es la basílica de la Sagrada Familia, la que le ha dado una fama universal bien merecida. La basílica de la Sagrada Familia empezó a construirse en 1882. Gaudí sólo llegó a realizar la Fachada del Nacimiento, que resume muy bien, no solo su genialidad como arquitecto, sino también su espiritualidad como creyente.
Un
creyente de altura, pues su proceso de beatificación está en marcha en el
Vaticano. A su estatura como artista se une su fama de santidad. En la visita
de León XIV a Barcelona no podía faltar una misa en el templo gaudiano,
coincidiendo precisamente con el centenario de su muerte. No sólo un homenaje
al artista de una basílica cristiana, sino al hombre creyente que gastó su vida
al servicio de Dios en lo que él mejor sabía hacer: el dibujo de los planos y la
dirección de las obras. Pero los edificios salidos de sus manos no fueron la
exhibición de su genialidad, como suelen hacer los actuales arquitectos
estrellas, sino la humilde oración de un creyente a su Creador y Señor.
Dostoievski
dijo en una ocasión que “la belleza salvará al mundo”. Dostoievski amaba los
iconos y los hermosos templos ortodoxos donde, desde el zar hasta el humilde
campesino, se arrodillan para sentirse abrazados y consolados. La belleza ha
constituido siempre uno de los caminos para buscar a Dios y permanecer en Él.
Matisse, cuando pintaba la capilla dominica de Vence, experimentó un plus de
genialidad que no había sentido antes. Fra Angelico pintaba sus cuadros de
rodillas. Y el genial pintor ruso de iconos Rublev decía que “él no pintaba, él rezaba con pinceles”.
Asombro,
pasmo, maravilla, silencio, inefabilidad, adoración, anonadamiento son cosas
que cualquier ser humano, mínimamente sensible, experimenta frente a una obra
de verdadero arte. También una sensación de empequeñecimiento frente a la obra grandiosa
del arte y, al mismo tiempo, una participación en la genialidad creada por el
artista. El orgullo de pertenecer a una especie que ha creado la Novena
Sinfonía, la catedral de Burgos, los frescos de la Capilla Sixtina, el Rey
Lear, el Quijote, y la Sagrada Familia.
En mi libro de
Historia de la Literatura de segundo de bachillerato vi por primera vez una
fotografía en blanco y negro de la fachada del Nacimiento. Me produjo idéntico
asombro al que experimenté cuando vi la primera foto de las pirámides de Gizeh,
de la Acrópolis, del Panteón o la Plaza de San Pedro. Alguien había desplegado
toda su inteligencia y talento y la había compartido con toda la humanidad.
Alguien había creado esa obra genial para mí. “Damos gracias en particular por esta extraordinaria
basílica”, comentó el Santo Padre.
León XIV recordó en la homilía el significado de
la torre que iba a bendecir y a inaugurar: “Esta noche recordemos, pues, que
la Creu de Crist, que corona esta basílica, és la Creu dels últims que se
vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos
que resucitarán. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el
Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos
redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos
partícipes de la gloria divina. Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada
hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de
nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la
torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios
nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. Esta
cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la
ciudad como un faro abierto al Mediterráneo”
Un hecho muy significativo de esta basílica en
construcción es que se trata de un templo expiatorio. Una obra que no ha
admitido nunca subvenciones públicas, sólo la aportación de los particulares
que libremente han querido colaborar. La obra aún no está acabada del todo.
Numerosos artistas y artesanos, al igual que numerosos bienhechores la están
haciendo posible desde hace 144 años. Así lo agradeció el Papa: “Junto con
Gaudí, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y
benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la
construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente
catequesis hecha de piedras, colores y luz. En su sabiduría, la Iglesia renueva
así la Biblia pauperum de las antiguas catedrales, que son en sí mismas
mensajes de evangelización de gran riqueza. En este tiempo de la imagen,
resulta aún más evidente cómo el arte y la belleza son eminentes canales de
evangelización”.
Primero la explicación ofrecida al Papa y a los Reyes por una adolescente ciega sobre el significado de la Torre de Jesús, y después la bendición de la torre al final de la misa fueron dos momentos de de una intensa belleza: palabra, tacto, canto, oración, luz y fuego. Dos partes de una ceremonia digna de la
inauguración de unos juegos olímpicos. La belleza siempre coopera con la bondad
y con la verdad.
La Sagrada Familia no es un monumento más de la
Barcelona modernista, es un templo católico que invita a la oración y a la
alabanza. Mitad luz, mitad piedra, asentada en la tierra, pero tocando el
cielo… será una cita obligatoria para todos los turistas que lleguen a
Barcelona, y una meta de peregrinación para todos los creyentes que se sientan
interpelados por un templo que nos habla de Dios y de la Sagrada Familia de
Nazaret. Vivimos tiempos en los que andamos necesitados del silencio y la
justicia de José, de la dulzura y compasión de María, y del modelo de vida y
redención de Jesús. Piedra y luz entrelazadas con una técnica inconfundible.
Pero más que con técnica, Antoni Gaudí levantó la Sagrada Familia con mucho
amor. Y así lo dejó dicho y escrito: “Primer l’amor; després la técnica”.
domingo, 14 de junio de 2026
León XIV: En Montserrat y en la región más fracturada
No lo sé con
certeza, pero creo que los obispos deseaban el viaje papal por varios motivos: avivar
el despertar religioso de la sociedad española, invitar a todos a la cultura
del encuentro y del respeto, tan contraria a la crispación, y apoyar todos los
esfuerzos para la acogida y la integración de los migrantes.
Que Cataluña es
desde hace varios años la región más fracturada y crispada de Europa, lo sabe
todo el mundo. La irrupción de un independentismo agresivo, excluyente y
radical fracturó la política, la convivencia cívica, la política, incluso las
familias y a los propios católicos. Y también quebró la economía.
Con sus discursos
incendiarios y violentos, los independentistas sembraron el caos y violentaron la
convivencia en las calles, los colegios, las fábricas y las casas. Convirtieron en enemigos a todos los que no comulgaban con las ideas
independentistas, castigándolos de mil formas y denigrándolos de mil maneras.
A fuerza de
prebendas, favores económicos, amnistía a los golpistas condenados, por parte
del Gobierno de Pedro Sánchez, pero también como consecuencia del ese lento
pero inexorable desinflamiento de la quimera independentista, se ha llegado a
una relativa tranquilidad, que probablemente salte por los aires cuando ya no
haya nada que repartir ni tampoco competencias que descentralizar.
En este clima,
León XIV ha visitado el monasterio de Montserrat, alma del sentir religioso
catalán y corazón de la devoción mariana de esa tierra tan hermosa y tan próspera. El Papa conocía la
historia de este monasterio: “Los muros de
este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud
y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada
por amor a Jesucristo”.
El Papa era
consciente, antes de llegar, de la fractura que la propia iglesia catalana
había padecido. Unos obispos tuvieron que hacer malabares para promover una
idea de unidad y universalidad entre los católicos, otros se movieron con
calculada ambigüedad. Y hubo algún obispo que abiertamente apoyo el referéndum
del procés y fue a votar. Este obispo más preocupado por la política que por
Por eso el Papa diridigéndose a la Mare
de Déu de Montserrat: “Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a
renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a
las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia,
entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates
políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la
esperanza y la paz”.
Durante las
semanas previas al viaje papal, los independentistas se encargaron de atizar el
fuego a cuenta de la lengua que el Papa usaría. Y una malencarada diputada de
Junts agarró al Papa la mano y no se la soltó hasta echarle una filípica sobre
el amor a la lengua catalana. ¿Qué hubieran dicho las feministas si hubiera
sido el Papa el que hubiera agarrado por la fuerza la mano a la diputada para
recordarle el amor a los no nacidos, por ejemplo? A la diputada en cuestión le
parece que hablar en Cataluña en catalán es un acto de amor. Pero hablar el
castellano en Madrid es un acto de sumisión. Recordemos que incluso varios
miembros de los coros que intervinieron en la misa de
El Papa habló
de fe, de encuentro, de unidad, de formar una única familia, ya nada más entrar
en la catedral de Barcelona: “Con este espíritu también nosotros, en un
mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más
fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y
profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de
sacrificios y renuncias”.
Y lo hizo con claridad y verdad en catalán y en castellano, para que
pudiera ser entendido por todos.
No es de
extrañar que en Cataluña la confianza en la Iglesia haya caído tanto. No es de
extrañar que el número de seminaristas haya disminuido a cota casi ‘cero’ o que
Cataluña sea la región que menos marca la cruz de apoyo a
Probablemente
Los sinceros
creyentes de Cataluña han tenido que hacer frente a esta guerra sucia de
conmigo o contra mí, y han tenido que esforzarse más que en ningún otro lugar
por permanecer fieles a
Desde la iglesia y también desde el balcón del propio
monasterio, el Papa afirmó: “Gracias por
estar aquí. Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una
sola familia, con esa acogida de nuestra Madre María, la Virgen de Montserrat”.
E igualmente: “Gracias
a cada uno y a todos vosotros que estáis aquí esta mañana para recordar a todos
—en Cataluña, en España, en el mundo— que la fe da vida, y la fe da esperanza”.
jueves, 11 de junio de 2026
León XIV: larga y engañosa ovación en el Congreso
Mi impresión es que el
largo aplauso al Papa en el Congreso fue bastante engañoso. Tuve la sensación
de que los representantes de los diversos partidos tenían instrucciones
concretas de no ser los primeros en dejar de aplaudir. Aplaudir poco
significaba que el Papa les había llamado la atención con un buen tirón de
orejas. Aplaudir mucho todo lo contrario: el Papa les había dado la razón y el
discurso pontificio se adaptaba perfectamente al ideario de su partido. Nadie
quería dejar de aplaudir. Creo que el Papa entendió esta estrategia y decidió
abandonar el hemiciclo, con sonrisa condescendiente, cuando la ovación había
superado el minuto siete.
Nada más acabar el discurso, hemos comprobado que los
portavoces de los distintos partidos se mostraron encantados porque el Papa les había
dado razón en todo y se la había quitado al adversario. Las políticas de su
partido estaban perfectamente en consonancia con el mensaje de León XIV.
El Papa, admitámoslo, tenía ante sí un auditorio difícil. Se dirigía
a un parlamento donde el estilo bronco y canalla se ha convertido en norma. El
griterío, la chulería, la sinrazón y el insulto han tomado carta de naturaleza,
demostrando una incapacidad para construir la política del encuentro y del bien
común.
Ciertamente el discurso, bien trabado,
ha abordado todas las cuestiones importantes que atañen a la dignidad humana y a la responsabilidad que los legisladores tienen a la hora de hacer leyes, porque
siempre está en juego la persona y el bien común. El Papa se ha dirigido a las
Cortes como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica. Así resumiría las
ideas más importantes de su discurso.
La defensa de la vida debe
corresponderse con la dignidad humana. “Toda
vida debe ser reconocida y custodiada desde el momento de su concepción hasta
su natural ocaso. La defensa de la vida no es un cuestión confesional sino la
meta de toda civilización.”
En el momento actual, la cuestión migratoria es muy importante y está teniendo una cabida excepcional en todo el viaje. El Papa ha dicho que hay que "ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En este capítulo de las migraciones el Papa se refirió a un derecho al que normalmente no se alude nunca: “el derecho a permanecer en la propia tierra”. Los que estamos ligados a la cooperación internacional sabemos que ese derecho es el que deben promover los estados y las organizaciones internacionales y las asociaciones humanitarias: facilitar que cada ser humano permanezca en su tierra, con los suyos, en medio de su lengua y su historia.
Advirtió también de la tentación de caer en la polarización, algo muy útil, porque precisamente
uno de los problemas que más preocupa a la sociedad española es precisamente
este. El Papa advirtió: "La
pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del
adversario”.
No podía faltar una alusión a la paz y al respeto del derecho internacional en un momento
en que diversos puntos del planeta se ven afectados por la guerra y a un
continuo incremento del gato en armas
de los diversos países: "Preocupa
que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse
el rearme como respuesta casi inevitable".
La familia como “fundamento natural de la comunidad”, y también uno de los pilares
del cristianismo no ha faltado en el discurso papal, que reivindica el papel
fundamental de la “familia que será
siempre la primera escuela de humanidad
y fundamento natural de toda comunidad”.
Muy
unido a este tema de la familia, está la defensa del derecho de los padres a
decidir sobre la educación de los hijos.
A la familia, y no al Estado, le
corresponde “elegir el tipo de educación
y de formación que reciben sus hijos”. Y el estado simplemente debe velar
para que así sea.
Afirmó
también la importancia capital del derecho a la libertad de conciencia y de religión. Todo hombre y toda mujer deben
poder practicar, sin trabas, la fe en la que cree. Y dentro de este apartado
defendió, en un momento en que algunos estados han cuestionado este derecho “el sigilo sacramental de la confesión” como
algo irrenunciable para la Iglesia Católica”.
Hizo
asimismo un llamamiento al entendimiento,
al diálogo, a la cultura del encuentro y a la importancia de respetar el valor
de la palabra: “Las palabras pueden abrir
caminos o cerrarlos” y “porque la discrepancia no puede terminar en humillación.
En esta
época en la que las nuevas tecnologías
libran una batalla singular contra el humanismo clásico, el Papa advirtió que “la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de
quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza".
El discurso papal iba dirigido, en primer lugar a los
parlamentarios españoles, pero, en cierta forma, también al mundo
entero, especialmente a Europa. El mensaje de León XIV ha sido un canto a la
dignidad humana que debe poner límites éticos a los poderes de los
legisladores, pero también a los poderes tecnológicos, cada vez más presentes
en nuestra vida.
Tal vez este importante discurso podría ser un
resumen del pensamiento de León XIV y de la Santa Sede para facilitar la
colaboración de todos por el bien común. Las Cortes reunidas en sesión
extraordinaria siguieron con verdadero respeto y silencio el discurso del Papa.
Mi opinión sobre la larga ovación ya la he dejado clara. Cada uno de los
presentes en las Cortes ha creído que el Papa había confirmado sus tesis y que
nada tenía que aprender de los muchos recados, avisos, advertencias y consejos
que el Papa proclamó con absoluta claridad en la sede donde está representada
la voluntad popular. Ya que los representantes del pueblo no han entendido mucho
de lo dicho por el Pontífice, es deseable que todos los demás hagamos examen de
conciencia y nos preguntemos sobre la defensa de la dignidad de cada persona y
sobre el valor sagrado de cada vida humana.
miércoles, 10 de junio de 2026
León XIV: Antonio Banderas y el despertar espiritual
En un
reciente artículo titulado A cuestas con
la fe, la cineasta Isabel Coixet decía, a propósito de este despertar religioso que se
está dando en Europa: “Me cuesta
admitirlo, pero mi generación, la que se rio de todo eso, no ha conseguido
inventar nada mejor para acompañar a alguien en la madrugada de un duelo y de
un miedo de los que no se nombran… Entiendo que cuando el clima se incendia,
las democracias se desmoronan, los hijos no llegan o llegan a un mundo del que
nadie sabe qué decir, no es extraño que alguien se arrodille o encienda una
vela, que alguien quiera un texto antiguo mil veces repetido… Probablemente
este volver a lo religioso es lo que hace la gente cuando descubre que la
modernidad, esa promesa que nos vendieron como un seguro a todo riesgo, viene
con una letra pequeña ilegible y un teléfono de atención al cliente que no
contesta nunca”.
En estos días papales en los que cantantes y artistas
famosos ya no se avergüenzan de ser católicos, en los que miles de jóvenes se
arrodillan ante el santísimo, en los que chicos y chicas de padres que no les
transmitieron ninguna fe por ser una antigualla, piden el bautismo y descubren
una fe que da sentido a sus vidas, estamos cayendo en la cuenta de que la
vivencia religiosa puede ser un plus de sentido y de alegría, o un apoyo en los
días de desolación, o un plus de paz interior en tiempos de desquiciamiento y corazones
fracturados. En fin, un plus de vida, en una sociedad que sufre por un nihilismo atroz y un vacío mortal.
En este contexto, hay que situar el vibrante discurso
del conocido y premiado actor, Antonio Banderas. Ocurrió durante el encuentro
del Papa en el Movistar Arena, en un acto denominado Tejer Redes. En este foro que escenificaba el encuentro de la Iglesia con la sociedad civil estuvieron presentes Rozalén, Sara Bargas, Carolina Martín, Teresa Perales, además de otros muchos representantes de la sociedad civil. No está nada mal que la Iglesia Católica convoque a tejer redes entre personas procedentes
de ámbitos tan diferentes como la cultura, el deporte, la empresa o los
sindicatos. Tal vez hace sólo 10 años, la presencia de Antonio Banderas y de
otros muchos artistas, presentadores y cantantes hubiera sido impensable en una
vigilia católica. En este 2026, la cosa ha parecido natural. También
necesaria.
El anticlericalismo de una parte de la sociedad
española, a veces soez, a veces comprensible por nuestra historia pasada de un catolicismo hosco y carca, la
descalificación de todo hecho religioso, la irrisión que producía la práctica
católica, habían provocado que buena parte de los católicos se retiraran a los
campamentos de invierno e incluso a las catacumbas. Nada más políticamente incorrecto que bendecir la mesa en un restaurante, defender en una conversación
de oficina a los curas, o abandonar al grupo de amiguetes para acercarse a misa
un domingo a la hora del vermut. La presión social y mediática fue -quizás todavía lo es- tan insistente y descarada que muchos católicos no se
atrevían a levantar la cabeza. Y cada uno intentaba vivir la fe sin llamar la
atención y sin exponerse mucho socialmente. Ir a una manifestación para ampliar la interrupción del embarazo se veía como algo progre y cool, y sin
embargo defender a los no nacidos era cosa de radicales y fanáticos.
Volvamos al discurso de Banderas. Con sus dotes interpretativas, su dominio de las
tablas, su presencia física y su voz escénica, Antonio ha ido
desgranando recuerdos y reflexiones, utilizando el lenguaje del arte en el que
todos pueden entenderse. Ha subrayado: “No
tememos equivocarnos al decir que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte
de la historia de la humanidad. En el corazón de ese impulso creativo está quien
atraviesa los siglos, los estilos y las culturas, y que con total seguridad ha
sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de
Jesucristo. El gran protagonista de la película de la vida. En todas las artes
Cristo como una presencia constante. No como una imagen repetida, sino como un
icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable”.
En el corazón
humano a veces persiste una chispa, tal vez adormecida o anestesiada, pero que
en cualquier momento puede encender un pequeño fuego. Por ejemplo, el recuerdo
de una lejana semana santa: “Esas
manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual
majestuoso de arte y fe, de raíces y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese
marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo 4 o 5 años de edad, nació en
mí una pregunta que solo contenía una palabra: ¿Dios?”.
¿Pero qué es
la fe cristiana? ¿Un sentimiento privado e individual que sólo busca sentirse
bien en nuestra zona de confort? ¿O tal vez el aguijón y el acicate para
construir junto a otros la civilización del amor? ¿No hay en la religiosidad algo que va conformando y mejorando a los seres humanos? Aquellos costaleros
del barrio que cargan con las imágenes por calles y plazas: “… lo hacen dejando tras ellos el yo, para
agarrarse al nosotros…del nosotros pasan al ellos, del ellos al todos, del
todos al mundo, del mundo al universo, del universo a Dios, para después volver
a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada
molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada palpito,
de cada suspiro”.
El arte provoca
preguntas. Y las preguntas nos llevan al examen de conciencia y a la
autocrítica, a la reflexión y a la búsqueda, a experimentar tensión entre lo
que sabemos y lo que no podemos explicar. ¡Es tan importante aceptar el misterio en nuestra existencia! La cultura y el arte están muy
cerca de Dios. Y el arte se parece mucho a la fe. Antonio Banderas afirmó: “El arte ha sido -y debe seguir siendo- el
espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también
la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para
sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una
alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio
Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia
critica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”
Tal vez los
hombres religiosos son los que se hacen uno y otro día, y con gran seriedad, las
preguntas que verdaderamente cuentan en
la vida: ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene la vida y el dolor? ¿Qué significa
amar al prójimo? ¿Qué hay más allá? ¿Qué es la verdad? Sólo estos seres humanos
pueden acercarse a la trascendencia y mirarla cara a cara: “Porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre,
siempre, comienza un camino, un camino que nos puede conducir hacia lo
espiritual, que no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser
humano y en el misterioso corazón de Dios”.
El creyente no está exento de las dudas. Ni su fe le evita el sufrimiento ni la carcoma del
tiempo. Ni le asegura el pan de cada día y el vestido de cada invierno. Pero
el creyente experimenta una compañía, una cercanía cálida, el aliento de un ser
más grande que sí mismo y más dulce que el mejor amigo. Y por ello está
dispuesto a seguir creyendo con una fe, tal vez tan vacilante como una candela en noche
de tormenta. Y por ello está dispuesto a cargar con su cruz y con la de
cualquiera que pase por la calle de la amargura. Y por ello, cualquier ser
humano, rico o pobre, torpe o inteligente, joven o viejo, puede confesar a Dios
con humildad y con gozo. Así lo hizo también Antonio Banderas: “Santo Padre, yo estoy aquí por Godspell.
Godspell es una obra de teatro musical creada en su país de origen. La
traducción de Godspell al español es “El Hechizo de Dios”. Yo estoy hoy aquí
confesando haber sido víctima del hechizo de Dios”.
Antonio
Banderas terminó con esta confesión en toda regla, ante miles de personas que
llenaban el Movistar Arena y millones que seguían el encuentro en la televisión
o que después lo han escuchado en redes o leído en periódicos. Poco antes de
poner fin a su discurso ante el Papa agustino, el actor malagueño recordó las palabras de San Agustín, el autor de un libro capital que lleva
por título Confesiones. En estos
tiempos de cantinelas, de quejas, de lamentos por los malos y amargos tiempos
que nos ha tocado vivir, bien merece la pena recordar esta exhortación del
converso Agustín de Hipona: “Decís vosotros
que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores.
Vosotros sois el tiempo”.
León XIV hizo propuesta e invitación a reconciliar la trascendencia con la vida de cada día: "No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano"
martes, 9 de junio de 2026
León XIV: las dos procesiones del Corpus por Madrid
Las cifras de los participantes de la Misa del Corpus hasta podrían dar un poco igual. Hablan que más de un millón de personas llenó las calles que confluyen en Cibeles. El clima de alegría y de exultante sentido de pertenencia no estaba reñido con el respetuoso silencio, con la devoción, con la música sacra y con la belleza de la procesión del Corpus. Pocas fiestas tan arraigadas en España como "el jueves que relumbra más que el sol". En ninguna otra parte del mundo, la festividad de la solemnidad del Corpus Christi ha dejado una huella tan profunda en el arte y en las tradiciones. Basta recordar las admirables custodias de asiento o de mano que los mejores orfebres nos han legado, así como las tradiciones de danza, teatro, ornamentación y música, asociadas a esta festividad. Desde el pueblo más humilde a la ciudad más importante, las calles se engalanan al paso de la eucaristía con gallardetes, colgaduras, altares y alfombras de flores. Pero el Papa con claridad meridiana recordó que “la religiosidad histórica de España debe ser una escuela de fe y no un museo del pasado”. Y también que “las tradiciones religiosas pierden su alma sino se transforman en amor activo al prójimo”. E igualmente que “la verdadera devoción se mide en la capacidad de mirar a los ojos de quien sufre y tenderle la mano.”
Por todo ello, el día del Corpus coincide con el día de la Caridad. Por las calles de pueblos y ciudades no sólo pasa Jesús en ricas custodias y carros triunfantes en medio de altares y flores. Por las calles y plazas pasa también Jesús en carne herida y rostro descompuesto, en cuerpo marginado y alma apaleada. El perfume de las flores de los altares y el oro de las custodias pueden ser oropel y folclore pagano sino van unidos a la acogida y cuidado de los más necesitados. La visita al centro de Cáritas Cedia, abierto las 24 horas del día, y que acoge a personas sin techo, migrantes, madres y niños abandonados, y las muchas clases de pobres que en el mundo existen fue la otra procesión del Corpus. El Papa sostuvo en sus manos la custodia del Corpus, pero antes y después de esa procesión sostuvo en sus manos las manos de los más vulnerables. También las manos de algunos que, cuando eran unos niños, gentes de sotana les destrozaron la vida. Ya lo dijo el Papa en la misa: “Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al prójimo”.
León XIV: Una bienvenida de reyes y de 'buonifigli'
Parece ser que a León XIV le ha costado poco decidirse
por España para su primer gran viaje por Europa. Probablemente, si España no
hubiera sido durante siglos el dique de contención ante el avance del Islam, la
suerte de Europa habría sido bien distinta. En su obra La incomparable Isabel
la Católica, Jean Dumont sostiene que, sin el apoyo decidido, la financiación y
la expansión global del Evangelio en América llevado a cabo por la Corona (especialmente desde los Reyes Católicos en adelante), el catolicismo
se habría visto relegado a una posición marginal en el mundo frente a otras
religiones y al protestantismo. El Papa, que pasó 20 años trabajando en Perú, conoce
perfectamente todo esto, así como la resonancia que en toda Latinoamérica tiene
cuanto sucede, para bien y para mal, en el mundo católico español.
El Papa, ha llegado a España en un momento de
descrédito de las instituciones, con una corrupción que alcanza a las altas
esferas, con una polarización ideológica terrible y con un aumento considerable
de la pobreza en las clases más desfavorecidas. También es cierto que León XIV llega
a España en un momento de un despertar religioso y de varios síntomas que
indican que los cristianos ya no sienten vergüenza de manifestarse como tales,
con sencillez y naturalidad.
En este clima, vimos al Papa aterrizar en Madrid. La
primera acogida al Papa fue escenificada por los Reyes, algo marcado por el
protocolo. El Rey ejerció como perfecto anfitrión. Su discurso en el Palacio
Real ofreció altura de miras y visión humanista: “La dignidad de la persona, los derechos humanos,
los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo
nuestros números primos, porque en ellos está la aritmética de la
libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que
resta y divide”
Y frente a la mediocridad de los políticos que
llevan años sin ofrecer argumentos convincentes y razones entendibles, sino
dedicándose al infame vicio del insulto y al ignominioso oficio de la denigración
del adversario político, el Papa afirmó: “Invito
a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y
polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las
simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí
una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y
fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si
quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una
misión que aún interpelan. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no
negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que
parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”
Pero en esa primera acogida de Barajas, lo que más me
llamó la atención fue la bienvenida brindada por un pequeño grupo de niños con
discapacidad y sus familias. Toda una metáfora del mensaje del viaje papal. El
cuidado de las personas más frágiles no es que esté en el evangelio, es que es
el evangelio. En ese saludo inicial estaban las claves para interpretar la
presencia de León XIV en tierras de Madrid, Barcelona y Canarias. En los días
siguientes hemos visto más gestos de cercanía a personas vulnerables y hemos
escuchado más discursos en esta misma línea, pero en el abrazo y en el rostro
de esos niños en el aeropuerto estaba ya explicado el qué y el cómo de la
presencia de León XIV en tierras de España.
La palabra "buonifigli" significa literalmente 'buenos hijos'. Así llamaba Luis Guanella a las personas con discapacidad. Eran y son los hijos buenos, los mejores de cada casa. Y también los hijos predilectos de Dios, por inocencia, por sufrimiento, por marginación social, por limitación, por espontaneidad, y por carecer de filtros. No se podía haber elegido una mejor bienvenida para el Papa León XIV.
A destacar
León XIV: Fui emigrante o estuve encarcelado o tengo discapacidad...
Fui emigrante y me acogisteis El puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, conoce el dolor y la esperanza a partes iguales. El dolor...
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Calor agobiante y fotos de grandes nevadas Bajo un sol implacable en Aguilar de Campoo, se celebró el pasado 30 de mayo el encuentro anual...
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Italia es un país donde las noticias religiosas aún tienen cabida en el día a día informativo, más allá de la muerte de un Papa y la ele...
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El 17 de marzo de 1984, los once sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca aparecieron publicados en su totalidad en las páginas de...
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Los españolitos medios, que acababan de comprar su primer televisor a finales de los años sesenta, se sintieron consternados ...
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Marguerite Yourcenar decía que se llega virgen a todas las experiencias importantes de la vida. Y así es. La primera vez es la prim...
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A finales de mayo de 1977 entré por primera vez en el Museo del Prado, en el marco de la excursión organizada por la profesora de arte de CO...