jueves, 4 de junio de 2026

2026: los chicos de los "italianos" vuelven al colegio


Calor agobiante y fotos de grandes nevadas

Bajo un sol implacable en Aguilar de Campoo, se celebró el pasado 30 de mayo el encuentro anual de los ex alumnos del Colegio San José, los “italianos”. Al comenzar el encuentro, en la pantalla pudimos ver viejas fotos de aquellas grandes nevadas, donde los chicos, con aire de fiesta, se deslizaban por la ladera de Peña Aguilón o se tiraban bolas de nieve, mitad en broma, mitad en serio. Todos recordamos la dura climatología aguilarense, ese frío intenso cuando salíamos al patio, las abundantes nevadas, las heladas que se prolongaban semanas, el cierzo cortante de cada tarde, y ese aire desapacible en las mismas noches de junio o septiembre. ¿Será el cambio climático?

El calor ambiental tal vez sólo fue una metáfora del calor del encuentro. Entre calurosas acogidas y calurosas despedidas transcurrió un sábado muy especial. No solamente el cálido recuerdo y la dulce añoranza: las travesuras, las marchas a las Tuerces, el pollo de los domingos y los macarrones, las olimpiadas, los concursos culturales, las clases de guitarra y teatro, el deporte a todas horas, los vinilos y las canciones inolvidables, los campamentos… También el cálido recuerdo de los valores que fueron inculcados con paciencia por frailes y maestros. Valores a los que, como buenos adolescentes, a veces nos resistíamos tercamente, y otras veces acepábamos de buen talante. Pero siempre con el convencimiento de que esos valores estaban sembrándose en nuestra piel, y que la vida se encargaría de hacerlos brotar. La experiencia y las décadas transcurridas desde entonces así nos lo han confirmado.

'Caramelos' para los chicos rumanos

El encuentro no es sólo una celebración del pasado, un recuerdo constante de tiempos pretéritos y, ¿mejores? El encuentro de antiguos alumnos tiene también su lado solidario y su vertiente generosa. Aquellos valores vividos en Campañas contra el Hambre, domingos del Domund y Festivales de Navidad, continúan vivos en el “Proyecto Caramelos”, en recuerdo del Hno. Juan. La ongd Puentes trabaja desde 1998 por los misioneros guanelianos en África y Latinoamérica, e incluso en Europa. Cada año se elige un proyecto y se abre a la solidaridad de los antiguos alumnos. En nombre de Puentes, Bautista habló del proyecto para 2026, a favor de los chicos con discapacidad de Bucarest-Rumanía. Un proyecto dirigido en este momento por el misionero Francisco Javier Altuna, el Ringo Star de la batería en el Colegio San José. Un proyecto humilde para costear sábanas y mantas, empapadores, pañales, material de fisioterapia, etc. Todo lo aprendido en este colegio guaneliano sigue encontrando su traducción anual en este proyecto. La cercanía hacia los que lo pasan mal es la marca de la casa (aún puedes colaborar en el BIZUM: 10009 y en el IBAN: ES46 0030 6018 1700 0105 1272).

Ronda de gratitud

En la tradicional ronda del encuentro, cuando cada uno coge el micrófono, dice su nombre y los años que permaneció en el colegio, los mensajes más repetidos fueron: la gratitud por lo recibido, el valor de las enseñanzas, agradecimiento por lo vivido, confirmación de que, sin esos años de internado, seríamos diferentes y, probablemente, peores personas. El internado nos inculcó y marcó a fuego algunos valores: el esfuerzo, el sentido del sacrificio, la perseverancia, el compañerismo, la sensibilidad hacia los que lo pasan mal, ya fuese un compañero torpe, ya fuese un niño de Biafra. Incluso valores muy actuales: compartir las tareas domésticas (desde lavar los platos a poner la mesa, desde limpiar los aseos a fregar los suelos). El cuidado de la naturaleza: se plantaron y se regaron chopos, pinos, frutales, creando un muro verde alrededor del colegio de ladrillo rojo y persianas azules. Los trabajos comunitarios: ponerse manos a la obra para hacer una nueva cancha de baloncesto o una pista de tenis. Uno de los alumnos resumió perfectamente lo aprendido y lo vivido: “los educadores nos enseñaron a distinguir perfectamente el bien del mal. Y esta claridad nos ha ayudado toda la vida”. En una sociedad líquida, de cimientos movedizos, arquitecturas efímeras y fuegos artificiales, la solidez de aquella educación recibida es un asidero humano muy importante y para toda la vida.

La autoridad del cariño y el servicio

El edificio que hasta 1991 ocupó el Colegio San José es desde hace un cuarto de siglo una residencia para la tercera edad. Pero amablemente, sus actuales dueños nos reservan el espacio que ocupó la capilla, para que celebremos nuestra reunión anual. P. José Ángel presidió la eucaristía, flanqueado por otros dos curas, P. Teo y P. Fernando. Los tres fueron también “chicos de los italianos”. Y como no hay misa sin sermón, José Ángel nos recordó, que “siempre seríamos, no obstante las canas y las calvas, aquellos niños que correteaban por patios y pasillos”. Y sirviéndose del evangelio del día, se preguntó con qué autoridad nos enseñaban en ese colegio los frailes de don Guanella y los maestros. Para responder que “la autoridad de los guanelianos era la del servicio y la del cariño” Y que, un día y otro, nos repitieron que “Dios es un padre que nos quiere a todos y que tiene un cariño especial por los que el mundo olvida: ancianos, huérfanos, chicos con discapacidad. Esta es la autoridad del carisma guaneliano que se nos quedó grabada en el alma cuando éramos pequeños. Y este mensaje podemos comunicarlo en nuestras oficinas, en nuestras casas, en nuestros barrios, para arrancar a los que lo están pasando mal de la soledad o del desánimo”.

Almuerzo entre amigos y banda sonora

Después de las dos fotografías de rigor, la segunda parte de la jornada transcurrió en otro escenario: una comida fraterna en el restaurante Dolce Vita. Fue el momento para compartir recuerdos de los tiempos de internado, y también para ponernos al día de la situación de cada uno. O para preguntar por aquel compañero que era de tu pueblo, o aquel que solía venir todos los años. Muchos de los reunidos ya están jubilados; otros, a punto de estarlo. Otros tantos  desempeñan los más diversos oficios y en distintos lugares. Gente que buscó el pan en la ciudad y gente que permaneció en el pueblo, cultivando la tierra. Para muchos, los años de internado fueron el trampolín para acceder a estudios superiores e incluso para aficiones duraderas (música o deporte). En torno a los manteles la conversación se vuelve sonrisa, ternura, chispa, gracia, ironía, tomadura de pelo y abrazo. En estos encuentros hay cabida también para los familiares y las mujeres o compañeras de los antiguos alumnos. Una de ellas resumió: “Yo siempre he oído decir a mi marido que los años de Aguilar fueron sus años más felices”. Y no quiero olvidarme de Ana, viuda de un antiguo alumno, Jesús, que nos volvió a regalar su presencia. O de Germán y Feliciano, que se unen año tras año al grupo en honor del hermano y amigo ya difunto, Amable, antiguo colegial. Y por supuesto, a nuestro amigo querido que 'preside' cada año este encuentro: José Antonio, de la Villa. La vida es así. Y tiene estas complicidades y estos guiños. Y así este caluroso día de mayo llegó a su fin. No faltó la banda musical: Oh, bella ciao, Viva la gente, Somos una familia, Saber que vendrás, Pescador de hombres y Hoy, Señor, te damos gracias… Esa música nos ha acompañado desde niños y aún nos acompañará muchos más días…

Recibir al  otro como un sacramento

Esta crónica no estaría completa sin recordar el minuto de oro  de esta jornada, como se dice ahora en el lenguaje televisivo. Poco antes de iniciar la misa, Toni Fuente comunicó que un antiguo alumno, Juan José Merino, se encontraba, por sus circunstancias de salud, de usuario en esta residencia. E invitaba a los compañeros de curso a hacerle una visita al acabar la misa. P. José Ángel fue más allá: “¿Por qué no le invitáis a unirse a esta celebración, si le apetece?”. La misa ya había empezado, cuando vimos entrar a nuestro antiguo compañero, pero el cura interrumpió la eucaristía para que todos pudiésemos darle la bienvenida. Juan José cruzó el pasillo de la antigua capilla, justo por el medio de sus compañeros que le tendían la mano o le ofrecían muestras de cariñoso afecto. Cruzó con toda su fragilidad hasta situarse al lado del altar. Y allí permaneció durante unos minutos en silenciosa y sagrada presencia. El sacerdote hizo bien en interrumpir la liturgia de la misa para ofrecer el cálido respeto y deferencia al compañero de pupitre y patio, aquel niño pelirrojo al que todos recordábamos. Cuando se acoge a quien lo está pasando mal, sea por el motivo que sea, se acoge el misterio de la vida. El afecto hacia un ser humano en su momento de fragilidad es también un sacramento. 

¡Nos vemos el año que viene! ¡Salud y paz a todos!















jueves, 28 de mayo de 2026

Sobre la sabiduría en el dolor

     


    Iván Campillo imparte una conferencia sobre el dolor como vía privilegiada para acceder al mundo, partiendo del pensamiento de la escritora y mística francesa Simone Weil y del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Lo mismo que el aprendiz en un taller artesano sabe que, cuando le duele el cuerpo por el trabajo realizado, es el oficio que esta penetrando su cuerpo, así también el sabio sabe que cuando algo le duele, en el cuerpo o en el alma, es el oficio de ser hombre el que está penetrando su carne.

    Lo que amamos de veras, nos ocasionará dolor. Si las despedidas no duelen, no hay amistad. Si no duele el fracaso de un hijo, no hay maternidad que valga. Si no duele el cuerpo exhausto o el alma aplastada  de la persona a la que decimos amar, es que no hay amor. 

    Todas las drogas del mundo y la adicciones que esta sociedad nos proporciona para convertir en indolora la vida, constituyen nuestro fracaso como seres humanos. Si empleamos todas las energías en buscar la felicidad, la felicidad huirá de nosotros. Si empleamos todas las energías en alejar el dolor, el dolor nos golpeará sin misericordia.

    El dolor es una de las llaves para que el mundo se revele y sea un poco más accesible y comprensible. La vida es dolor. También alegría. También placer. También dicha. Pero el dolor es una presencia que ni se puede evitar ni se debe evitar. Es nuestra oposición, nuestro rechazo al mundo real, tal y como es, sombra y luz, dicha y desdicha, lo que provoca un sufrimiento atroz. Querer que el mundo se ajuste a nuestros deseos es, además de una insensatez, un absoluto desconocimiento de cómo funciona el universo: día y noche, luz y sombra, calma y tormenta.

    El dolor que causa vivir es medicinal, porque nos hacer caer en la cuentra de nuestra inefable fragilidad, de nuestra vulnerabilidad radical. Y sólo nuestra fragilidad nos puede conducir a mirar al otro con empatía y misericordia. La desdicha nos enseña de golpe que no somos los artífices del mundo y que nuestra voluntad apenas cuenta en el orden del universo. La desdicha se transforma en conocimiento para el sabio, pero en amargura y resentimiento para el necio.

    Cuando el dolor no es ni aceptado ni comprendido, nos corrompe y nos hace inútiles para mirar al otro compasivamente y ser para él motivo de redención. Desoír la llamada del dolor, redobla el sufrimiento y nos convierte en analfabetos del corazón ajeno.

    La felicidad más profunda procede de nuestras heridas, de nuestras limitaciones, de nuestras carencias, de nuestros dolores. Quien ha superado un cáncer, quien pasa días a la cabecera de la cama de un enfermo, quien alcanza la cima de una montaña después de un ascenso durísimo, quien es capaz de consolar no obstante sus propias lágrimas, quien permanece al lado de la persona con la que se comprometió, no obstante tensiones y problemas... gustará la felicidad. El dolor y el amor van juntos, inseparables. Dos caras de una única moneda: la vida.

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    También en este blog:

https://adanbreca.blogspot.com/2026/04/byung-chul-han-y-simone-weil-hablan-de.html




miércoles, 27 de mayo de 2026

Lectura humana y ética del asunto Zapatero



                A estas horas los datos mareantes sobre el caso Zapatero están en todas las televisiones y periódicos. En este asunto –y en el de todos los casos precedentes de corrupción de los últimos años- la presunción de inocencia ha sido barrida de un plumazo. Y como todo, en esta España de una polémica al día, como poco, cada uno, dependiendo de la ideología y del partido, o bien exculpa al ex presidente de todas las imputaciones y responsabiliza a jueces y  periodistas. O bien, carga las tintas y se recrea, con gozo electoral, en los párrafos más explosivos del auto o en las fotos donde brillan joyones de dudosa procedencia. Los unos ponen a Dios por testigo de la inocencia del ex presidente. Los otros ponen a Satanás por testigo de los desmanes y demasías. En fin, nada nuevo en esta España vocinglera, y poco dotada para la prudencia y la templanza.

                ¿Se puede hacer una lectura humana de este caso y de los otros casos de corrupción? ¿Se pueden extraer lecciones morales, en estos tiempos de manga ancha para los pecadillos propios y de torquemadas furibundos para los pecadazos ajenos?

    1.- Una primera lección podría ser la de la eterna tentación de la hipocresía. Parecer mejor de los que se es. Aparentar valores y virtudes que no se poseen. Coger el vicio al postureo ético, tal vez porque previamente se ha construido una imagen bondadosa de uno mismo, y no se quiere o se puede renunciar a ella. Sin duda, porque esa imagen beneficia al interesado:  autoproclamarse socialista austero, que se conforma con nada; exhibirse como adalid del feminismo o como notable gayfriendly. Y sobre todo, presentarse como el pacificador  y el defensor de los pobres venezolanos frente a los intereses malvados de los yanquis. Ahora podemos intuir que las cosas no eran exactamente así. La hipocresía esculpe caretas y máscaras. Y Llega un momento en que el personaje se come a la persona. Y el interesado puede creer que la careta es su verdadera cara.

    2.- La avaricia y la codicia. Suelen estar en la base de toda corrupción. El dinero corrompe. El poder y el dinero corrompen doble o triplemente. La avaricia rompe el saco, pero casi siempre lo hace cuando ya no hay remedio para la enmienda. El saco se rompe porque se ha metido tanto en él y tan apretujadamente que, por las costuras rotas, aparece lo que se ha amasado y robado. Se dice que todos tenemos un precio. Y que si el primer chanchullo sale bien, es impulso para cometer un segundo, que parece facilísimo. Y así sucesivamente. La avaricia está reñida con la conformidad ante lo que uno es y uno posee. El codicioso sobre todo es un engreído y un vanidoso que cree que él se merece mucho más en la vida. La avaricia prospera en un humus y en un territorio donde aprovecharse del cargo para sacar beneficio se convierte en lo más normal del mundo, en lo habitual. Y si no, pareces un mentecato y un memo. ¿Tiene necesidad de robar un ex presidente al que le queda una buena pensión, que puede formar parte del Consejo de Estado, que es invitado a muchos foros como ponente, y que cobra bastante por ello? En estos días se ha repetido una arenga del ex presidente: “Un socialista necesita muy poco para vivir; en cambio está siempre dispuesto a dar mucho”.

    3.- Sentiminiento de total impunidad. El sentirse impune e intocable suele conducir a cruzar esa delgada línea roja entre lo legal y lo ilegal, lo lícito y lo ilícito. Uno puede creerse tan importante, tan lleno de contactos, tan poderoso y tan arropado por personas influyentes, que no concibe que todo pueda ser descubierto y acabar en la cárcel. ¡Alguien tapará las fechorías, alguien comprará voluntades! ¡No se atreverán conmigo. Saldré indemne de cualquier sospecha! Tal vez, el ex presidente creía que sus espaldas estaban bien cubiertas por su partido, por la policía obediente, por el poder de la Moncloa, por las televisiones y los periódicos dóciles y subvencionados, por los expertos que lo asesoraban y que aseguraban cometer ilegalidades de las que no dejan huella o que, en el peor de los casos, otros subalternos cargarían con el muerto, cualquier secretaria, cualquier auxiliar. Se tiene la sensación de que el corrupto no se pregunta si las cosas son legales o si son éticas, sino únicamente si dejan o no rastro o manchas. Sentirse impune es la tentación de quien se cree superior al resto de los mortales y catetos de este mundo. La tentación del jefe de la tribu frente a los palurdos súbditos.

    4.- El poder genera personalidades complejas, alambicadas. A veces, retorcidas; a veces, abyectas. El poder (y un presidente de Gobierno lo tiene) y el dinero tienen el don de la insaciabilidad. Un vaso de agua puede saciar la sed de cualquier sediento. Un océano de poder o un banco lleno de dinero no sacian la sed de más poder o de más dinero. El poder otorga a quien lo detenta una vestidura de endiosamiento. El dinero otorga a quien lo tiene una vestidura de respetabilidad y éxito. Ambas cosas pueden llegar a marear. Ambas cosas son adictivas, tanto o más que la heroína.  A Zapatero el poder le cayó del cielo, como un maná. Llegó a la presidencia del PSOE, contra todo pronóstico, porque el sector guerrista se negó a apoyar a José Bono, candidato favorito que perdió por un margen de 9 votos. Cuando ZP tuvo el poder, sin duda creyó que no era una chiripa, una pura casualidad, sino algo merecido por sus cualidades de ‘hombre de estado’. Las elecciones que le alzaron a presidente del Gobierno ocurrieron bajo el impacto emocional de la mayor masacre terrorista. El brutal atentado el 11 de marzo de 2004 le convirtió en inquilino de la Moncloa, también contra todo pronóstico. Tal vez, al dejar la Moncloa, no se conformó con ser un ex presidente al que se invita al 12 de octubre al desfile militar, y poco más. Creerse importante y necesario, crea personalidades endiosadas y retorcidas, vanidosas y mesiánicas. Quizás solo vale para filósofos como Tulio Cicerón aquel conformarse “con un jardín y una biblioteca”.

                Lo de Zapatero no es un caso aislado de corrupción o de enriquecimiento ilícito. ¡Tenemos tantos precedentes, a izquierda y a derecha, que se necesitarían varias páginas, simplemente para enumerarlos! Me temo que, igual que la mafia sólo puede funcionar en un territorio mafioso, también la corrupción sólo brota en un territorio corrupto. Y esto es lo verdaderamente grave. La raíz de la corrupción es, por tanto, un problema moral que denota la carencia de valores cívicos sólidos y arraigados. ¡Todos los ámbitos necesitarían una regeneración ética y un rearme moral: de las familias a las escuelas, de las calles a las redes sociales, de las universidades al mundo laboral…!

                Porque lo malo de todo esto es que los sufridos ciudadanos de a pie, además de estar agobiados por tantos impuestos, sin saber muy bien en qué se gastan y malgastan, tienen que sufrir la chapa, la catequización, el discurso aburrido y pesado de los políticos que se alzan como si estuvieran aureolados con una superioridad moral y ética. A todas horas nos dicen, desde los atriles y púlpitos de sus cargos, lo que no podemos hacer, lo que no podemos decir, lo que tenemos que pensar en esta o en otra materia, ya sea sobre el fraude fiscal o el trabajo, la guerra y la paz, la cuestión de género o el cambio climático, o el modo austero de la vida o el lugar exacto de la verdad. Luego, vemos el uso indebido de los aviones oficiales, las denuncias de mujeres por abusos contra políticos muy ‘feministas’ o la frecuentación de prostitutas, los ataques al poder judicial cuando pillan alguno con las manos en la masa, el despilfarro presupuestario, la compra de votos mediante bonos, subvenciones y pagas, el rescate sospechoso de alguna empresa, o los intentos de silenciar o calumniar a los periodistas que no actúan como palmeros del pensamiento de un determinado partido.

                La lectura humana de un acontecimiento político o judicial no debería llevarnos, una vez más, a mesarnos los cabellos en señal de escándalo ni tampoco al linchamiento de los árboles caídos, sino a la práctica de una rectitud moral en cada conducta y en cada palabra. El día que los corruptos, de arriba, de abajo, de derecha y de izquierda, sientan verdadera vergüenza por sus conductas poco éticas, así sea por un lapicero distraído en la oficina o por un saltarse la lista de espera de la seguridad social, ese día, este país habrá dejado de ser un terreno fértil para ejercer la corrupción.









lunes, 25 de mayo de 2026

Josef Beran: el inquebrantable arzobispo de Praga


El cardenal Beran junto a Pablo VI

                Cuando el cardenal Josef Beran falleció en Roma el 17 de mayo de 1969, el Papa Pablo VI ordenó algo bastante insólito: enterrarlo en las criptas vaticanas, es decir, en el lugar habitual donde se entierra a los papas.  Allí vi su sepulcro en 1977 cuando entré por primera vez en el Vaticano. Y ciertamente llamaba la atención, al lado de Juan XXIII y otros muchos pontífices.

                Josef Beran había nacido en 1888 en Pilsen, por entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Era el hijo mayor de un maestro de escuela. Muy joven entró en el seminario para cursar sus estudios teológicos. A los 23 años fue ordenado sacerdote. Poco después lo vemos como profesor de teología y rector del seminario de Praga.

                Pero Praga es ocupada por los nazis. Y en 1942 la Gestapo considera al sacerdote Beran como un elemento subversivo. Es arrestado y enviado, primero, al campo de concentración de Theresienstadt y, posteriormente, a Dachau. Compartió trabajos forzados, hambre y penalidades como el resto de prisioneros, hasta que las tropas aliadas liberaron el campo en 1945. El superviviente Beran regresó a Praga. Apenas un año después, es nombrado arzobispo de la diócesis praguense, en cierta forma enviado a un peligroso campo de batalla, como se vería muy pronto. En 1947, Praga conmemoraba el noveno centenario de la muerte de San Adalberto de Praga, mártir, guía, modelo de cristiano, protector y patrón de Bohemia, Polonia, Hungría y Prusia. Josef Beran hizo vibrantes llamamientos a los católicos praguenses para que, superados los dramáticos años bajo la bota del nazismo, volviesen sus ojos a sus raíces cristianas y a los valores de sus antepasados en la fe. Los fieles católicos de Praga, después de la persecución nazi, encontraron en su arzobispo un líder seguro y un guía humano.

                Pero en 1948, un golpe de estado en Checoslovaquia, llevó a los comunistas al poder, bajo la atenta mirada y la dirección férrea de la Unión Soviética. Para los católicos el horizonte empezó a nublarse. Al arzobispo Béran le ofrecieron la impunidad si se ponía bajo el paraguas de las autoridades comunistas y abandonaba su fidelidad a un país extranjero. El país extranjero no era otro que la Iglesia de Roma.  Pero Beran se mostró inflexible. La persecución de la Iglesia no se hizo esperar: cierre de las escuelas y de los periódicos católicos, disolución de la bien organizada Acción Católica, trabas burocráticas, cortapisas y obstáculos. La respuesta del arzobispo tampoco se hizo esperar: ordenó que su carta “No calles, obispo”, fuese leída en todas las parroquias. En la festividad del Corpus Christi de 1949, con la catedral repleta de fieles, pero también de oficiales del régimen travestidos de devotos, gritó alto y claro contra la restricción de las libertades de creyentes y no creyentes y contra la imposición de un pensamiento único, el marxismo. Fue arrestado de inmediato, se le interrogó, se le prohibió el ejercicio de su ministerio y se le impuso un arresto domiciliario, sin contacto con el mundo exterior: ni prensa, ni radio ni televisión.

                Pero el arresto incomunicado no doblegó a este arzobispo de hierro. Por ello, las autoridades comunistas subieron el tono de la condena y lo trasladaron a la cárcel de Roslov. En ella permaneció 12 años. En el Tesoro de la Basílica de San Pedro, en medio de cálices maravillosos de todos los siglos, talleres y metales nobles, el visitante puede ver una lata (de sardinas). Esa lata sirvió al arzobispo Beran de cáliz para celebrar la eucaristía en su celda, cuando a escondidas podían pasarle, tal vez con la ayuda de algún carcelero compasivo, un poco de vino. Esa lata es testigo de esa iglesia perseguida, de catacumbas y cárceles, muy abundantes en todos los países comunistas del Este.

                En 1963, las autoridades checoslovacas se manifestaron dispuestas a liberar a este ilustre e insobornable prisionero, pero con una condición: no podría, en manera alguna, permanecer en territorio checoslovaco. El Vaticano lo acogió. Fue una decisión polémica. Para algunos, una claudicación de la Santa Sede; para otros, la única manera de llegar a pequeños acuerdos con la iglesia silenciada que vivía tras el Telón de Acero. El arzobispo Beran lo vivió con un inmenso sufrimiento, pues creía que era imperdonable alejarse de sus fieles perseguidos. Aceptó, con lágrimas en los ojos, la salida de la cárcel y el viaje a Roma. Por obediencia al Papa y por el bien de la Iglesia.

                Al llegar a Roma, pudo unirse a los obispos de todo el mundo que por aquellos días celebraban el Concilio Vaticano II. Este “testarudo que ni cedió ni traicionó” fue creado cardenal en 1965 por Pablo VI.  En ese mismo año, se discutió en el aula conciliar  la declaración sobre la libertad religiosa. Josef Beran pronunció un discurso memorable que recibió una larga ovación: “Desde el día en que la libertad de conciencia ha sido restringida radicalmente en mi país, se ha podido observar, entre los fieles, graves tentaciones de mentira, de hipocresía y otros grandes vicios. Y estos efectos deplorables son los mismos cuando la opresión pretende ejercerse en favor de la religión. Se puede decir que en Bohemia, la Iglesia expía hoy violaciones de la libertad religiosa en el siglo XV y la conversión forzada de una gran parte del pueblo en el siglo XVIII. La experiencia actual y la historia piden, por lo tanto, que el concilio proclame el principio de la libertad religiosa claramente y sin restricción…”.

                En enero de 1969, el joven universitario Jan Palach se prendió fuego en la plaza de San Wenceslao de Praga, para llamar la atención sobre la situación de opresión que se vivía en su nación. Su sacrificio despertó las conciencias de los checoslovacos y provocó numerosas protestas y enfrentamientos que fueron sofocados por el régimen, poniendo fin a la llamada Primavera de Praga. Y sin embargo, Jan Pallach, inmolándose a lo bonzo, prendió la mecha de la dignidad de un pueblo, que dos décadas más tarde acabaría con el régimen comunista. Justo después de la muerte de Jan Palach, Josef Béran dirigió desde Roma un mensaje de reconciliación a su pueblo, prestando así un último servicio como arzobispo: “No consumamos en el odio nuestras energías espirituales, invirtámoslas en la concordia, en el trabajo, en el servicio a nuestros hermanos, en una nueva prosperidad para Checoslovaquia”.

                Pocos meses después, el cardenal Josef Béran murió en su doloroso exilio romano, después de haber pasado por el campo de concentración nazi y por la cárcel comunista. Pablo VI reconoció su excepcional figura con el privilegio de darle sepultura entre Papas: “por su invicta fortaleza y su incansable fidelidad, acompañados de un carácter siempre manso a pesar de tantas pruebas”.

                Y allí en las grutas vaticanas, lo pudieron ver todos los turistas del mundo, pero también los creyentes que, arrodillados, expresaban la admiración por este cardenal indoblegable. Y esto fue así hasta el año 2018, cuando el Papa Francisco autorizó que los restos mortales abandonasen suelo vaticano camino de su tierra checa, tal era el sentido de su testamento: volver entre los suyos. Fue enterrado definitivamente en la catedral de San Vito de Praga, donde permanece como memoria y recordatorio de un tiempo de horror y violencia, pero también un tiempo en que algunos hombres de Iglesia defendieron la libertad innegociable y guiaron a su pueblo en esa larga noche oscura que atravesó Europa. 





Tumba del cardenal Beran en las criptas vaticanas

2018: Los restos del cardenal Beran vuelven a Praga

Catedral de San Vito: sepultura del cardenal Beran


Lata de sardinas utilizada por Josef Beran como cáliz (Tesoro de San Pedro)

sábado, 23 de mayo de 2026

¿Qué cuenta verdaderamente en Lorca?

           

        Tengo mucha curiosidad por ver la última película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, los Javis, con el título "La bola negra". Este era el título también de la obra de la que Federico García Lorca apenas llegó a escribir unas pocas páginas. La película ha sido presentada en el Festival de Cannes, y ha recibido un larguísima ovación, de las que marcan un festival. Ningún amante de la literatura, niega la valía inmensa del granadino más universal, como excelso dramaturgo y poeta. 

        Leo también en los periódicos algunas de las declaraciones de los Javis, con motivo de su presentación de Cannes. Y algunas de ellas, me sorprenden. Dicen, por ejemplo, "nunca se ha hablado de su sexualidad" y "negarla, estudiarle sin esos sentimientos es homofobia". Creo que si de algo se ha hablado de Lorca ha sido de su homosexualidad y de cómo esa condición influyó tambien en su asesinato. Es más, hay gente que conoce a Lorca, más por su condición sexual que por sus obras de teatro o sus poemarios más conocidos. Hablar de homofobia por no hacer hincapié en la homosexualidad de Lorca, me parece, como poco, una frivolidad y una banalidad. Tal vez sea oportuno saber en qué condiciones y a qué peligros se enfrentan muchos homosexuales en países africanos o asiáticos, por ejemplo. Eso sí que es homofobia. 

        De la homosexualidad de Lorca se lleva hablando mucho tiempo. Y más desde que los Sonetos del amor oscuro fueron publicados en marzo de 1984, precisamente por el periódico conservador ABC. Y resulta estraño que los Javis, que deben rondar apenas los 40 años, afirmen que "si hubieran conocido esa faceta de la vida de Lorca, éste hubiera tenido una importancia muchísimo mayor para ellos".

            Por muy importante que sea la sexualidad, lo que verdaderamente hace grande a un escritor es el talento que logra transmitir a su obra. Los sonetos del amor oscuro están entre las más bellas poesías en castellano. Pero serían igual de hermosos si en lugar de estar destinados a otro hombre, estuvieran destinados a una mujer. La belleza no está en quien suscitó esos versos, hombre o mujer, sino en las palabras y en la musicalidad que plasmaron esa impresión amorosa. Lorca era un ser alado, y en estado de gracia escribió estos versos.

            El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz es para muchos críticos y especialistas la obra maestra de la poesía en español. Es un cántico amoroso, sensual. La amada va en busca del amado. Pregunta a las criaturas si lo han visto pasar. Se funden amada en el amado. Nunca palabras tan luminosas han salido de esta lengua. Pero Juan de la Cruz habla del 'alma' como amada, y de Dios como Amado. Y cualquier lector, creyente o ateo, hombre o mujer, puede leer el Cántico con el mismo placer y con la misma maravilla. Y se puede sentir totalmente identificado con el sentir amoroso expresado tan bellamente por el poeta de Fontiveros. San Juan fue un místico, y tambien escribió en estado de gracia este Cántico.

            La sexualidad forma parte del ser humano, pero no se reduce a ella. El ser humano es mucho más grande que su manera de vivir el sexo. Es razón. Es cultura. Es ambiente en el que vivió. Es tradición. Es deseo, todo tipo de deseo. Es transcendencia. Es inteligencia. Es sabiduría. Es sufrimiento y placer. Es rebeldía o conformidad. Es sobre todo complejidad, con mil matices y mil sombras y mil luces. Y la suma de todo ello no da un tipo de ser humano predeterminado. Porque el ser humano es único. Y también inexplicable. Inefable. Irreductible.

            Para cualquier lector con un poco de sensibilidad lo que verdaderamente cuenta es el genial Lorca, poeta y dramaturgo; lo demás, poco importa. O cuenta bastante menos.

    Más sobre Lorca en este blog:

https://adanbreca.blogspot.com/2021/02/once-sonetos-del-amor-oscuro-el-17-de.html





            





viernes, 22 de mayo de 2026

Una mujer carga con el féretro del compañero caído

 


        Una compañera carga con el feretro del compañero caído. Una mujer carga con el féretro del esposo muerto. Se llama Luisa. Es guardia civil y acaba de perder a su marido. Lleva una chaqueta negra de punto, de viuda, el pelo recogido, la mano crispada se agarra a la enseña nacional y su hombro sostiene las cuatro tablas donde va el hombre muerto que la sostuvo en vida. La mano alentadora de otro compañero se posa sobre el hombro tembloroso de la viuda. Germán murió en acto de servicio, mientras  perseguía  a una narcolancha, intentando impedir que la droga y el dinero sucio campen a sus anchas por los pueblos de España, arruinando más vidas. En el mismo momento murió también otro compañero, Jerónimo. Parece ser que "los ladrones disponen de más medios que los civiles". Desde el asesinato de otros guardias civiles embestidos por una narcolancha en Barbate, se venía denunciando la escasez de medios humanos y materiales para luchar contra el narco, que se ha hecho fuerte en estas aguas, y que cuenta con el apoyo de todos los que se están enriqueciendo en la zona, gracias a la droga. ¿Quiénes son esos todos? Pero el ministro del ramo está a otros asuntos. Y el dinero se pierde en otros menesteres. No hay que poner ejemplos. Los telediarios abundan en ellos. Para Ministro del Interior ni siquiera el trabajo de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado entraña ningún riesgo ni peligro. Reiteradamente ha negado pagar pluses por este concepto. Marlaska, que tuvo una trayectoria valiente y decidida en sus años como juez, se convirtió, nada más ser nombrado ministro, en el perro faldero de su amo, y señor de la Moncloa, que es el que, al final, decide a quienes regalar dinerillos para obtener votos y a quienes no dar ni un duro. Naturalmente, el sr. Marlaska no hizo acto de presencia ni en el velatorio ni en el entierro. Sorprende la cobardía de los que se muestran tan valientes en foros afines y ante micrófonos fáciles.
      Una mujer llora a su marido, al padre de sus dos hijos y a su compañero muerto. ¿Le interesa al feminismo de manifas y pancartas este tipo de mujeres valientes, trabajadoras, veladoras de la seguridad de todos? ¿Le interesan estas mujeres coraje que, a pesar del dolor y de las lágrimas y de la rabia, cargan con la vida, cargan con la muerte, cargan con el mañana, ajenas al desprecio de algunos políticos? Esta foto habla más de la fuerza, de la independencia, de la entereza de muchas mujeres que tantos discursos fáciles de feministas a sueldo, en escenarios de moqueta y megafonía impecable, con un montón de aplaudidores y aplaudidoras a los cuatro lados del estrado y del atril.
        Una mujer, llorosa e inconsolable, carga con el féretro, mientras las voces rotas de otros muchos compañeros y amigos cantan La muerte no es el final, de Cesáreo Gabaráin:

                        Cuando la pena nos alcanza
                        por un compañero caído.
                        Cuando el adiós dolorido
                        busca en la fe su esperanza...







lunes, 11 de mayo de 2026

Indestructibles, de Xavier Aldekoa

                


         El escritor barcelonés (nacido en 1981) viajó a África apenados hubo concluido sus estudios de periodismo. Desde entonces, el continente africano es una pasión y la razón de su escritura. Viajar por África, a muchos les ha hecho escritores. Actualmente el autor ejerce como corresponsal de La Vanguardia para asuntos africanos. Acabo de leer su libro Indestructibles, en el que recoge un buen ramillete de historias concretas, con nombres y rostros, de hombres y mujeres indestructibles en sus deseos de superación e indestructibles en su esperanza. La esperanza, no por mucho repetido es menos cierto, es el motor de África.

                De Madagascar a Etiopía, de Cabo Verde a Mozambique, Xavier Aldekoa nos cuenta vidas venturosas y desventuradas, pero todas ellas valiosas e instructivas. Marceline tiene un sueño: ser profesora. Vive en Madagascar tiene que trabajar y trabajar para ganar unas monedas y pagar sus estudios. Tiene que quitar horas al sueño para aplicarse con los libros y los cuadernos. Ella es la primera ‘indestructible’ que conocemos en las páginas de este libro, pero hay muchas más. El bebé Ibrahim, con 18 meses sobrevivió a la más mortal de las epidemias, el ébola, en un país como Sierra Leona, donde los contagiados fueron abandonados internacionalmente a su suerte, pero también donde un grupo de médicos y voluntarios, sin capa y sin espada, fueron héroes en los hospitales y en las calles. Así conocemos a Abi, una chica a la que el ébola se llevó por delante a su familia y que tuvo que empezar de cero, como tantos, ante esa plaga universal.

                Probablemente el capítulo más desolador, y también el más lúcido, es el que nos habla de la travesía de tantos africanos para alcanzar las costas europeas. Conocemos cifras de los que mueren ahogados en el mar persiguiendo su sueño. Pero hay otros regueros de muerte en tierra firme, especialmente por las rutas del desierto para alcanzar Libia, un trampolín para entrar en Europa. Las mafias campan a sus anchas. Las tarifas para cruzar el desierto en todoterrenos son cada vez más altas. La impiedad de los ‘coyotes del desierto’ hacia los jóvenes que desean emigrar es cada vez más cruenta. Muertos de miedo, helados de frío en las noches y sudorosos en las horas de sol, grupos de jóvenes están a merced de las mafias, inflexibles con las cuotas y las condiciones del viaje. Las arenas del desierto cubren a diario cuerpos, muertos de hipotermia, enfermos de malaria, caídos al suelo por la velocidad y los vaivenes de los vehículos que huyen como bandidos para esquivar los controles. Y en este escenario de terror, el humilde Charif se atrevió a enfrentarse al conductor mafioso, que se negaba a detener la marcha, aunque dos mujeres se habían caído del todoterreno.     

                Aldekoa nos habla también del próspero negocio de la venta de esclavos en Libia, un país que se sumergió en el caos legal después de la caída de Gadafi. Los libios atrapan a los subsaharianos en su camino a Europa, para venderlos como esclavos para trabajar en las minas a ellos, y como prostitutas a ellas. Y también nos cuenta la frustración y la amargura de los que intentaron salir de África y, por muchos motivos, no lo consiguieron. Unos por un miedo insuperable ante un horizonte de penalidades, otros porque fueron atacados y perdieron el dinero que su familia había ahorrado para este incierto viaje. En fin, una suma de infortunios es el pan de los fracasados. Todos ellos sienten vergüenza de volver a sus casas como perdedores, y se quedan malviviendo durante años en otros países, haciendo trabajos que nadie haría. Se sienten atrapados, como Alex Jallah, perdido en Níger, ejerciendo de peluquero, para ganar 1,5 euros al día. Un joven atrapado.

                La historia de Margaret, apenas una niña de once años, casada con un hombre que le triplica la edad, en un país, Uganda, donde la costumbre, la tradición, la pobreza, lleva a muchas familias a establecer estos matrimonios infantiles. Margaret se sienta también atrapada entre la costumbre, la añoranza por los juegos infantiles, las obligaciones de una mujer casada y la promesa de que ella no obligará a sus hijas a casarse de niñas.

                La violencia que en las primeras décadas del siglo XXI han desatado los radicales musulmanes, han provocado el caos y la muerte de tantos inocentes. La irrupción asesina del yihadismo ha causado más de cincuenta mil muertos entre los habitantes de Camerún, Nigeria, Níger y Chad. Boko Haram es el grupo terrorista más conocido, pero hay muchos más. Especialmente dramático fue el caso de las niñas bomba. Jóvenes muchachas medio drogadas, con cinturones explosivos bajos sus ropas holgadas, fueron enviadas a hacerse explotar en medio de los mercados o en lugares de reunión. Se habla de que, al menos, 450 niñas se inmolaron. Las inmolaron. Miles de personas abandonaron apresuradamente el sus aldeas y en su desesperada huida, sin alimentos y sin recursos, muchos murieron. Daniel Jacobs podría servir de ejemplo de los condenados al exilio. Hasan podría servir de ejemplo de los que lograron sobrevivir al infierno, simplemente porque se hicieron el muerto bajo los cuerpos de los que verdaderamente habían sido asesinados. Por otro lado, el ejército, en su lucha contra el yihadismo, sembró un terror paralelo, cargándose a cualquier sospechoso de colaboracionista con el terrorismo.

                Leyendo el libro de Aldekoa me he encontrado con historias, que con otros nombres y en otros países, he conocido en mis viajes a África. Por ejemplo, la historia de Enmanuel, un niño togolés acusado de brujería y, por lo tanto, arrojado a la calle y estigmatizado para siempre. Muchos de los niños de la calle son el fruto maldito de un fenómeno irracional pero real: los llamados brujos, injustamente acusados de provocar la desgracia a su alrededor. Otro ejemplo podría ser la historia de José Albino Luis, otro menino da rua, en las calles de Mozambique, al que la pobreza extrema y el maltrato familiar arrojaron a la calle, como un trasto inservible. La extracción del cobalto o del coltán en las minas de la república democrática del Congo es una de las metáforas de la situación en la que viven y malviven tantos adolescentes y jóvenes, obligados a jornadas extenuantes para extraer minerales que sirven para nuestros aparatos tecnológicos. ¡Hay mucha sangre en el interior de nuestros teléfonos móviles!

                La sabiduría africana nos recuerda que los árboles secos también tienen un valor, aunque ya no den frutos y no tengan hojas, pues sirven para que los pájaros duerman en sus ramas.

                Tienen valor las vidas de los pobres. Tienen valor las vidas de las mujeres casadas en su infancia. Tienen valor las vidas de los niños de la calle. Tienen valor las vidas de los migrantres que cruzan el desierto libio. Y las de los que yacen bajo las arenas. Y las que se perdieron en un mercado por las bombas del yihadismo. Tienen valor las vidas de los que sueñan grandes sueños o sueños pequeñitos. Tienen valor las vidas grávidas de esperanza. Todas esas vidas tienen o tuvieron una semilla de esperanza en sus entrañas. Y por ello, en cierto sentido, fueron indestructibles.





miércoles, 6 de mayo de 2026

ETA: tibia la sociedad, tibia la Iglesia

     


    Durante la presentación del libro de Jaime Mayor Oreja "Una verdad incómoda" en la ciudad de Alicante, Mons. Munilla ha reflexionado en voz alta sobre la tibieza de la sociedad vasca y de la propia Iglesia vasca frente al terror de ETA. No es nada nuevo ni nada que no se sepa: la anbigüedad en la que se movió buena parte del pueblo vasco y buena parte de la jerarquía eclesiástica de aquellos años de plomo del terrorismo. Pero está bien que un obispo así lo reconozca: "Lo peor del terrorismo no es que mata, es que llevó a la sociedad a la tibieza, a la medianía, a la cobardía, a hacer un pacto con el mal. El terrorismo mata el alma, no sólo el cuerpo".

    En el País Vasco, la pseudorreligión de la autodeterminación, unida a la mística de la violencia, dividió a la sociedad en buenos y malos y cosificó a las personas que no comulgaban con la violencia etarra. Y todos sabemos que cuando a las personas se las convierte en cosas, todo es posible. Por ejemplo, apretar el gatillo o colocar una bomba lapa en los fondos del coche, provocar la muerte y no sentir nada, porque los muertos (militares, políticos de partidos nacionales, niños o ciudadanos anónimos, carecen de valor, no son nada, son cosas, objetos a destruir en nombre de unos grandes ideales: la patria vasca, la liberación, la autodeterminación, la ikurriña, el euskera...

    Frente a una mayoría ambigua, tibia, indiferente, cuando no abiertamente proetarra, hubo una minoría de vascos verdaderamente valientes, que no tuvieron miedo, que no se dejaron vencer por la ideología del odio y la violencia. Ciudadanos que se manifestaban en silencio después de cada atentado, a pesar de las presiones de los energúmenos que tenían a unos metros y que no paraban de insultarlos. Empresarios que no sucumbieron al chantaje. Miembros de partidos que aceptaron ir en las listas electorales, con el riesgo que eso suponía, jueces que hacían su trabajo, fuerzas de seguridad que mantuvieron el tipo y la dignidad. Cristianos que no se dejaron ganar por el incienso nacionalista de las sacristías. 

    ¿Hay que pasar página? ¿Hay que olvidarlo todo? Sería lo deseable. Pero hay dos condiciones que necesariamente deben cumplirse: Una: los violentos deben pedir perdón  a las víctimas y a toda la sociedad que sufrió por esta causa. Dos: Los terroristas deben colaborar en esclarecer los casos terroristas aún no resueltos.

        Pero justo se está dando lo contrario. Los pactos entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Bildu han servido para el blanqueamiento de los actos terroristas. Los partidos que sostuvieron el entramado de ETA y que la jalearon campan a sus anchas, mientras que las víctimas se están convirtiendo en invisibles. Sin cumplir las penas de cárcel establecidas, los terroristas salen de los centros penitenciarios. Mientras que el relato de que los chico violentos tenían sus razones y de que las víctimas de ETA lo fueron por su falta de entusiasmo nacionalista, va ganando terreno. Es el relato triunfador. No está de más recordar un hecho: cada dos por tres, los antiguos etarras reciben homenajes en el País Vasco, mientras que los restos mortales de Miguel Ángel Blanco (¡Miguel Ángel Blanco!) debieron ser trasladados a la aldea gallega de Faramontaos, porque la tumba de Emua, la localidad donde vivió y donde fue concejal, aparecía un día sí y otro también con pintadas insultantes,  y destrozos las flores pisoteadas. Buena parte de la sociedad vasca fue tibia. ¿Lo sigue siendo todavía?

   






Tumba de Miguel A. Blanco en Faramontaos (A Merca)

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