Enero 2026. Firma entre Cáritas y el Seminario Permanente Claudio Rodríguez
Hace tres años se descubrió un testamento del poeta Claudio Rodríguez y de su mujer, Clara Miranda, en el que manifestaban que era su voluntad que los derechos de autor de su legado poético fuesen a parar a una entidad benéfica.
Ahora, la familia y el albacea han estimado oportuno que sea Cáritas de Zamora la beneficiaria de esos derechos de autor y, en general, de la explotación económica del legado del poeta. Es una decisión poco habitual. Normalmente es la familia la que explota esos derechos, en beneficio propio. Pero aquí, ha habido mucha generosidad y, yo diría, que mucha decencia.
Cáritas es el corazón de la Iglesia Católica. Cuando en España uno pasa necesidad, no llama a la puerta de los partidos políticos, los sindicatos, los periódicos o los voceros habituales, sino a la puerta de Cáritas. Los pobres saben que en la sede de Cáritas no les van a preguntar si están o no bautizados, si pisan o no por la iglesia, si creen o no en Dios. Solo les preguntarán qué necesitan.
Probablemente muchos de los pobres o necesitados que sean atendidos gracias a los derechos de autor del poeta zamorano, no hayan leído nunca un verso suyo. No importa y está bien que así sea. Lo que sí podemos afirmar es que con este testamento se cumple una justicia poética, valga la expresión. Porque el pan, el calor del hogar y la escucha respetuosa son siempre los versos más hermosos.
Claudio Rodríguez en su biblioteca
Claudio Rodríguez y Clara Miranda
AdiósCualquier cosa valiera por mi vidaesta tarde. Cualquier cosa pequeñasi alguna hay. Martirio me es el ruidosereno, sin escrúpulos, sin vueltade tu zapato bajo. ¿Qué victoriasbusca el que ama? ¿Por qué son tan derechasestas calles? Ni miro atrás ni puedoperderte ya de vista. Esta es la tierradel escarmiento: hasta los amigosdan mala información. Mi boca besalo que muere, y lo acepta. Y la piel mismadel labio es la del viento. Adiós. Es útilnorma este suceso, dicen. Quedatú con las cosas nuestras, tú, que puedes, que yo me iré donde la noche quiera.