jueves, 5 de febrero de 2026

Claudio Rodríguez: justicia poética con Cáritas

 


Enero 2026. Firma entre Cáritas y el Seminario Permanente Claudio Rodríguez

    Hace tres años se descubrió un testamento del poeta Claudio Rodríguez y de su mujer, Clara Miranda, en el que manifestaban que era su voluntad que los derechos de autor de su legado poético fuesen a parar a una entidad benéfica.
        Ahora, la familia y el albacea han estimado oportuno que sea Cáritas de Zamora la beneficiaria de esos derechos de autor y, en general, de la explotación económica del legado del poeta. Es una decisión poco habitual. Normalmente es la familia la que explota esos derechos, en beneficio propio. Pero aquí, ha habido mucha generosidad y, yo diría, que mucha decencia.
        Cáritas es el corazón de la Iglesia Católica. Cuando en España uno pasa necesidad, no llama a la puerta de los partidos políticos, los sindicatos, los periódicos o los voceros habituales, sino a la puerta de Cáritas. Los pobres saben que en la sede de Cáritas no les van a preguntar si están o no bautizados, si pisan o no por la iglesia, si creen o no en Dios. Solo les preguntarán qué necesitan.
        Probablemente muchos de los pobres o necesitados que sean atendidos gracias a los derechos de autor del poeta zamorano, no hayan leído nunca un verso suyo. No importa y está bien que así sea. Lo que sí podemos afirmar es que con este testamento se cumple una justicia poética, valga la expresión. Porque el pan, el calor del hogar y la escucha respetuosa son siempre los versos más hermosos. 


Claudio Rodríguez en su biblioteca

Claudio Rodríguez y Clara Miranda

Adiós
Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,

                                        que yo me iré donde la noche quiera.

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