viernes, 9 de octubre de 2026

Los libros buenos no son peligrosos

        


        Ahora me meteré con Anne Carson, la poeta canadiense que acaba de ganar el último Nobel. Pero en los días pasados he estado con Julian Barnes, el escritor inglés, y último Princesa de Asturias de las Letras.. 

        En su libro El loro de Flaubert, me encuentro con estas líneas:     

        Gustave Flauber enseñó literatura a Caroline (su sobrina). Cito las palabras de ella misma: "Él decía que ningún libro que esté bien escrito puede ser peligroso". Desplacémonos unos setenta años aproximadamente, para entrar en otra familia de otra región francesa. Esta vez nos encontramos con un muchacho libresco, una madre, y una amiga de la madre que se llama Mme. Picard. El muchacho escribió posteriormente en sus memorias, cito otra vez: Mme. Picard opinaba que hay que permitirles a los chicos que lo lean todo. "Ningún libro bien escrito puede ser peligroso". El muchacho, consciente de la opinión que con tanta frecuencia expresaba Mme. Picard, explota deliberadamente su presencia y le pide permiso a su madre para leer una novela especialmente famosa. "Pero, si mi hijito lee libros como ese a esta edad -dice la madre-, ¿qué hará cuando se mayor". "Los viviré", contesta el muchacho. Fue una de las contestaciones más ingeniosas de su infancia; los mayores la repitieron una y otra vez en las conversaciones familiares, y gracias a ella conquistó - según se nos permite deducir- el derecho a leer aquella novela. El muchacho era Jean Paul Sartre. El libro era Madame Bovary.





jueves, 8 de octubre de 2026

Maricarmen: vivienda y manipulación

 


        Maricarmen (María del Carmen Abascal) alcanzó una gran notoriedad pública en los últimos 20 días de su vida. Acaba de fallecer a los 85 años en un hospital madrileño. Había vivido de alquiler  en una de las zonas más exclusivas de Madrid, junto al Retiro, pagando un irrisorio alquiler de unos 400 euros (comunidad y agua incluidas). Sus padres habían disfrutado de esa misma vivienda, y al morir ellos, Maricarmen tendría que haber abandonado el piso, pero se negó, dando lugar a un interminable proceso que, en septiembre de este 2026 acabó en desahucio. Y fue aquí, donde su caso, que refleja escasamente el drama de los desahucios y el drama de la vivienda en España, fue tomado como una bandera por diversos colectivos activistas, afines al Gobierno y socios, y en muchos casos receptores de abultadas subvenciones públicas.

            A Maricarmen le convencieron para ser ‘la pobre víctima inocente’ (y en verdad en ese momento del desahucio lo era) de una campaña de protesta. Y ella se prestó, no sabemos si de buen grado o arteramente presionada por algún “grupo de la puerta del Sol” (¿era capaz de discernir a esas alturas de su enfermedad y debilidad?, a ser estandarte de grupos, más preocupados por sus intereses políticos que por el bienestar de los desahuciados.

            Pero tal vez a Maricarmen no le contaron que su sobreexposición pública traería daños colaterales, como los trajo. Cuando aceptó ser la imagen de una campaña, alguien debió explicarle que inmediatamente no faltarían los que husmeasen en su vida y  milagros. Y así en las últimas semanas, tristemente, Maricarmen fue traída y llevada por unos y por otros, como un trapo de fregar, unos para ensalzarla hasta la santidad de heroína, sin serlo; otros para lanzarla sin piedad a los infiernos. Y así, todos hemos conocido su oficio, el importe de su pensión, su anticipada jubilación, su vida cotidiana en la mejor zona de Madrid, la opinión de sus vecinos, el larguísimo proceso de desahucio, la pequeña empresa propietaria del piso (que no era, en contra de lo indicado, un “fondo buitre), el dinero que tenía en el banco y lo mucho que gastaba en sus salidas de ocio.

            Maricarmen ha muerto. Desconozco si sus últimas semanas han sido muy satisfactorias por lo conseguido, o muy amargas por estar en boca de todos, y no siempre para bien. No quisiera, ni en pesadilla, que personas ajenas a mi familia o a mis amigos de toda la vida se apropiasen, para bien o para mal de mis últimas semanas. En torno a su figura de anciana desvalida se montó un espectáculo, patrocinado por el Gobierno y sus socios, con la televisión pública en riguroso directo; todo ello, al servicio de la captación de votos. Después de 8 años en la Moncloa, el Gobierno se dio cuenta de que no había construido viviendas de protección oficial, de que los impuestos por la compra de una vivienda son elevadísimos y de que, si a los propietarios no se les dan unas garantías, los alquileres desaparecen de las agencias inmobiliarias. Y entonces se montó un circo, una performance en directo, buscando la emocionalidad máxima y el máximo lloriqueo, con la sola visión de una mujer anciana en silla de ruedas.

            Demasiadas emociones para Maricarmen en poco tiempo: la ejecución del desahucio, el convertirse en estandarte de grupos políticos que iban a lo suyo, y el hurgar sin miramientos y ásperamente en su vida privada. Ella que disfrutó durante décadas de un alquiler privilegiado, ha sido víctima en sus últimas semanas de la manipulación por parte de Moncloa y los activistas paniaguados. Y también ha sido víctima del linchamiento de todos aquellos a los que el caso de Maricarmen no daba ninguna pena. Todo ello es parte de la manipulación inmoral al servicio de las ganancias electorales, ese territorio donde muy poco importan las personas: lo que cuenta es pescar votos en el río revuelto. O quitar votos en ese mismo río. Nada nuevo. Pero todo deleznable.

            En todo este ‘caso Maricarmen’, además del desahucio de un piso, se han producido otros desahucios: sobre todo el de la razón y el de la verdad. La razón ha sido suplantada por un emocionalismo del instante. La verdad por el argamasa de medias verdades y medias mentiras.

¡Descanse en paz! A los muertos sólo cabe encomendarles a la misericordia de Dios. 

El problema de la vivienda en España sigue igual. Pero eso no importa. ¡Por delante aún quedan muchos años para no hacer nada o menos de nada! El debate se ha abierto en falso, por varios motivos: ha aparecido como una operación para tapar el desastre gubernamental de Ceuta, han elegido un caso aislado que no refleja, ni de lejos, la realidad de los rentistas en España, y ha tenido una clara finalidad electoralista.

El problema de la vivienda pasa por un gran pacto del Estado, las Autonomías y los Ayuntamientos. Pasa por la construcción de miles de viviendas en colaboración con la empresa privada, y pasa por la bajada de los impuestos (muchísimos) asociados a la compra de una vivienda. Lo demás son alharacas y ruido de feria, pero cero soluciones.

    






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