Si algo me ha impresionado del ‘caso Ceuta’ han sido
las numerosas agresiones sexuales de las que han sido objeto decenas de mujeres,
algunas de ellas menores. ¿Son personas estas mujeres? ¿Tienen dignidad y
derechos? Estas agresiones, ¿formaban parte de las previsiones de los que
planearon la avalancha? Pero lo que aún me ha impresionado más ha sido el silencio
de los movimientos feministas de este país. Y más todavía, si cabe, me ha
sorprendido el silencio de ministras, directoras generales y otras autoridades
que llevan años sin apearse del discurso feminista, de las manifestaciones y
pancartas. ¿Hay un feminismo en España al que no interesan las mujeres, sino
los votos que el feminismo da a ciertos partidos? Este mutismo y esta sordera
sobre las agresiones a mujeres en Ceuta indica claramente que existe un
feminismo de pacotilla y de postureo: un feminismo electoral e ideológico.
No han dicho esta boca es mía en Ceuta. Ellas que,
airadas, paralizaron un país cuando un entrenador dio un beso a una jugadora de
fútbol. Un beso que a todos pareció, incluso a la futbolista, una broma, sin
duda de mal gusto. Las feministas –incluido el Gobierno de España- convirtieron
este episodio en escándalo nacional y no cejaron hasta que rodó la cabeza del
implicado. Recuerdo también la respuesta airada por todas las ciudades cuando
un juzgado no dictó una sentencia lo suficientemente dura, según el feminismo,
contra la llamada ‘Manada’ que en las fiestas de Pamplona había sido denunciada
por una mujer.
Ahora, en cambio, las feministas han hecho mutis por
el foro. Ni han desplegado pancartas ni han convocado manifestaciones. Tampoco
se han acercado a Ceuta para solidarizase con las mujeres agredidas y ofrecer
una palabra de aliento. ¿Por qué? ¿Por qué los agresores son musulmanes y
alguien podría acusarlas de xenofobia y racismo? ¿Por qué en el fondo les dan
igual las mujeres agredidas? ¿Tal vez porque en este río revuelto en el que se
ha convertido Ceuta no iban a pescar ningún voto para sus partidos? ¿Quizás
porque una cosa es una deportista de élite y otra unas menores marroquíes
agredidas por marroquíes?
Se han producido decenas de agresiones desde que tuvo
lugar la entrada masiva de marroquíes, pero el silencio del feminismo español
ha sido prácticamente total. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, a la que recordamos muy indignada por cuestiones menores, se ha puesto de perfil en todo este asunto, como si la cosa no fuese con su Ministerio. Solo 38 días después de la invasión, y cuando ya era un clamor su silencio, viajó a Ceuta, casi de forma clandestina, manteniendo diversos encuentros a puerta cerrada. ¿Se sentirá culpable por su falta de empatía con las mujeres agredidas? ¿Tal vez ha callado por ser el suyo un feminismo ideológico?
Lo que sí sabemos es que entre las mujeres que han
vuelto a Marruecos y las que aún quedan en Ceuta, hay víctimas inocentes de
abusos y violaciones. Lo que sí sabemos es que entre los hombres que han
regresado a su país y los que aún permanecen en Ceuta hay violadores y canallas.
En este episodio de Ceuta, al movimiento feminista asociado a ciertos partidos se
le ha visto el plumero.





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