domingo, 22 de febrero de 2026

Pandillas juveniles: semilleros de violencia

     


    José Esteban Rubio cumplió sus 18 años el martes, 17 de febrero. Tres días después, tres puñaladas acabaron con su existencia en plena calle y a plena luz del día en el barrio vallisoletano de La Rondilla, en Valladolid. Una muerte violenta. Un menor de 13 años acabó con su vida, con la colaboración de otras dos chicas, de 16 y 18 años.  

    Aún es pronto para saber qué es lo que llevó a un niño de 13 años a coger un cuchillo de cocina y atravesar el corazón de José Esteban, estudiante en un instituto y portero de fútbol en el Club Juventud Rondilla. Todos relacionan el crimen con las pandillas sudamericanas. Algunos dicen que el joven muerto había pertenecido en su día a una de esas pandillas, pero la había abandonado para encauzar su vida en el estudio y el deporte. Abandonar estas pandillas, con sus códigos secretos y sus pactos de silencio, es una traición y una sentencia. Muchos opinan que al agresor, por ser menor de edad, se le habría pedido una prueba de máxima lealtad a la 'pandilla': acabar con la vida de otro. 

    José Esteban es ya una vida derramada y desperdiciada para siempre. Una vida ya en el cementerio. Pero también la vida del niño agresor es una vida ya rota a los 13 años. ¿Qué le habían prometido por este asesinato? ¿Qué sentido de identidad o de pertenencia tan fuerte le hizo cometer este hecho tan cruel? ¿Saben los padres lo qué hacen sus hijos, con quién se divierten, qué compañías frecuentan? ¿Tiene algo que decir la comunidad educativa en todos esto? ¿Son conscientes las autoridades de que, si no se cortan de raíz estas semillas de violencia, arrastrarán a muchos inocentes a una muerte segura o a un miedo espantoso?

      Mientras leía la noticia, cabizbajo por esa gratuita violencia que siega vidas, como un dalle siega heno, he pensado en la novela de Fernando Vallejo, colombiano de nacimiento, La Virgen de los sicarios. Los niños sicarios entran y salen de la iglesia de Medellín para pedir a María Auxiliadora, que les salga bien el negocio de matar, que les afine la puntería, que les perdone esas muertes por encargo, esos asesinatos sin motivo y sin culpa. Porque lo mismo se dispara por que el vecino tiene la música muy alta que por unas zapatillas de marca. O sobre todo por un encargo, a un precio irrisorio. Matar es más barato que llamar al fontanero o al repartidor de pizza. Un cóctel explosivo de narcotráfico, sexo a bajo precio, consumo de droga, fascinación por pertenecer a un grupo que crea identidad a niños sin raíces, nacidos ya con la marca de la corrupción, nacidos ya con el ferviente deseo de pasar de amo en amo, hasta que otro sicario mejor pagado acabe con su vida.   



No hay comentarios:

Publicar un comentario

A destacar

Siempre nos quedará el Papa

                  Un día sí y otro también escuchamos una frase, tal vez muy manida: “Otro mundo es posible” . Está claro que ese otro mund...

Lo más visto: