domingo, 15 de febrero de 2026

Las lealtades, de Delphine de Vigan


    De vez en cuando los periódicos hablan de niños o adolescentes ingresados en un hospital con un coma etilíco.  Los padres, los profesores y la sociedad se preguntan cómo hemos llegado a esto. De vez en cuando los psicólogos y pedagogos escriben que las separaciones de los padres están dejando a la intemperie a una generación de niños que no entienden ni comprenden ese ir de casa en casa, como maletas a la deriva. De vez en cuando, alguien, lleno de horror, descubre que la persona con la que convive nada tiene que ver con el que surfea por la red donde da rienda suelta a sus psicopatías. Muy a menudo ni los padres quieren ver, ni los profesores quieren ver. Ni nadie quiere ver, aunque todos intuyan anomalías y se extrañen ante comportamientos poco explicables. Y todos, todos, arrastramos heridas, heridas de cicatrices insospechadas o escondidas con multitud de ropajes y complementos. 

    Sobre estas premisas, Delphine de Vigan (1966, Francia) escribió su novela Las lealtades. Leí hace algún tiempo Nada se opone a la noche. La próxima será Las gratitudes. 

    

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