martes, 31 de marzo de 2026

Jerusalén, sin domingo de Ramos


         Una vez doblegado el pueblo palestino, Israel se ha lanzado a una guerra con los países vecinos, de la mano de su inseparable amigo Estados Unidos.

        El pasado Domingo de Ramos, las autoridades de Israel impidieron al cardenal Pizzaballa y al custodio franciscano de los Santos Lugares el acceso al Santo Sepulcro para la celebración del inicio de la Semana Santa. Hacía siglos que no se impedía la entrada al lugar más santo de la cristiandad al mismísimo representante del Papa en Tierra Santa. 

        Pero a este punto de irracionalidad y de conculcación del derecho a la libertad de credos hemos llegado. En la tierra donde vivió y murió Jesús se impide la oración y las celebraciones religiosas. En el nombre de las medidas de seguridad se justifican todos los atropellos posibles. ¿Pero qué podemos esperar cuando lo más sagrado del ser humano, la vida, tampoco se respeta en tantos lugares de guerra? La fuerza se impone. La brutalidad se hace norma. El paisaje de la ciudad santa de Jerusalén se transforma: las manos empuñan armas mortíferas en lugar de las palmas, signo de alegría y de alabanza al que viene en nombre del Señor, pacífico y humilde sobre un manso pollino. Los gritos jubilosos de Hosanna son sustituidos por el silencio pétreo de las decisiones políticas.

        

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