viernes, 27 de marzo de 2026

Las gratitudes, de Delphine de Vigan

         


        La autora, al comienzo del libro, se pregunta: “¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces al día dais las gracias? ¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda”

Después de leer Las lealtades, esperaba este último libro de Delphine de Vigan: Las gratitudes. Una novela corta. Michka, una mujer mayor sin familia, comienza un proceso degenerativo de afasia. Su ingreso en una residencia se impone. Con frecuencia la visita Marie, su única allegada que, de niña fue objeto de múltiples cuidados por parte de Michka, vecina suya. Al llegar a la residencia entra en escena Jérme, un pedagogo que, con devoción, intenta atajar o atrasar el proceso de afasia. Pero Michka tiene pendiente una deuda. Cuando era niña, durante la persecución alemana en Francia, un matrimonio la escondió en su casa, para librarla del campo de concentración. Esa deuda de gratitud –todas las deudas de gratitud- necesitan ser pagadas, porque no podemos abandonar este mundo sin haber dicho gracias a quien nos hizo tanto bien. El tema, la gratitud, es el verdadero argumento de esta breve novela. Los personajes son meros andamiajes para sostener su tesis de que el sabor de la vida consiste en mostrarse agradecidos. Una novela para degustarla en una tarde  de paz. Unas páginas que nos invitan a reconocer las deudas de gratitud que cada uno haya contraído, porque solamente nos iremos en paz cuando hayamos expresado un gracias fuerte y sincero desde el corazón. ¡Somos tan deudores de tantos!

El proceso de afasia de Michka es uno de los grandes logros de esta novela. Un logro que hay que atribuir también al traductor, Pablo Martín Sánchez, que ha conseguido pasar los matices del original en francés a la lengua de Cervantes.

Otro de los aciertos de la novela es sintetizar con breves pinceladas ese deterioro cognitivo de tantas personas mayores y ese sufrimiento que acompaña su pérdida de facultades y el pleno de convencimiento de que todo irá a peor cada día. Jérôme, pedagogo, ante un paciente intenta imaginar cómo era esa persona antes de esa vejez y ese deterioro. Cada rostro surcado de arrugas, impedido en sus movimientos o con la memoria perdida, tuvo un pasado. “Él también, ella también amó, gritó, gozó, nadó, corrió hasta perder el aliento, cogió trenes, metros, paseó por el campo, por la montaña, bebió vino, se levantó tarde, discutió sobre el sexo de los ángeles” No han sido siempre viejos, como los conoce el personal de las residencias. Detrás de cada rostro hay una historia de sacrificio, pasión, trabajo, dudas, culpas, ilusiones, traumas, penas, frustraciones y pequeñas alegrías que lo sostuvieron en los días desdichados. 

Conviene seguir leyendo a Delphine de Vigan, porque, de forma breve, trata temas en sus novelas que nos invitan a la reflexión, que nos interrogan acerca de nuestra actitud, en este caso nuestra actitud ante las deudas de gratitud y el trato hacia las personas mayores.




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