jueves, 18 de junio de 2026

León XIV: Fui emigrante o estuve encarcelado o tengo discapacidad...

 Fui emigrante y me acogisteis


        El puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, conoce el dolor y la esperanza a partes iguales. El dolor de los que llegan exhaustos a la isla, tras un largo periplo de desventuras, mafias y abusos. Arribar a una playa y a una ciudad como barcos a la deriva, náufragos de la noche y la injusticia. León XIV quiso cumplir un sueño acariciado por su predecesor, Francisco, pero la enfermedad y la muerte se lo impidieron. En el puerto de Arguineguín hay también esperanza y empatía. Al rechazo de muchos hacia la migración, le antecede y le sigue la compasión, el trabajo, el esfuerzo y el voluntariado de otros tantos. Ofrecen esperanza, en forma de un refugio tranquilo, una taza de café, unas galletas, el papeleo, la escucha y un chute de confianza en una cierta clase de humanidad que triunfa sobre la indiferencia. Testimonios de sufrimiento inenarrable, ligados también a testimonios de nuevas oportunidades, lejos de los días de la miseria y el horror. Salvamento marítimo, cáritas parroquiales, voluntarios de asociaciones conocen las mil caras de la migración, los nombres propios en todas las lenguas, las historias que conmueven hasta las lágrimas o hasta la vergüenza de pertenecer a la especie humana. Y también conocen las historias de superación, éxito, el regreso de la confianza a unas almas golpeadas. 
        Con claridad y belleza literaria, el Papa dijo:

    "Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar"

   "Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias".

Estuve en la cárcel y vinisteis a verme
    
    
            Existen en España 84 centros penitenciarios operativos. En ellos viven 62 522 personas cumpliendo condena de privación de libertad. En su reciente visita a España el Papa quiso visitar una de esas cárceles, concretamente la de Brians 1 en Barcelona. No fue un acto de buenismo al uso, ni de postureo fotográfico. Sino la puesta en práctica del evangelio más puro: "estuve preso y vinisteis a verme". ¿Y quiénes pueblan las cárceles? ¿Están en ellas los 62 522 ciudadanos más malvados de España? No podemos negar que mientras habitaban la ciudad y sus calles cometieron maldades en todas su formas y maneras. Y también que sus actos destruyeron o arruinaron vidas ajenas, o conviertieron las calles en más inhóspitas. También algunos presos pagan sus propias factura y las ajenas: infancias desdichadas, malas compañías, errores trágicos. También todos sabemos que no son todos los que están ni están todos los que son. Todos en algún momento de nuestra existencia pudimos rozar la delincuencia o coquetear con ella. A veces una línea delgada separa al santo del asesino. Para el cristiano, todas las vidas merecen una segunda oportunidad. Hasta el último instante, la redención es posible. Y también el arrepentimiento. El ladrón se hizo "buen" ladrón, cuando estaba a punto de expirar. En Brians 1 y en todas las cárceles, hay presos que han llorado mil veces su crimen. Y cargan sobre su conciencia una culpa más pesada que cadenas y grilletes. 
“Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”, señaló el Pontífice. 
Y recordó que la vida cristiana no consiste en no equivocarse, sino en aprender a levantarse: “El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.


Tengo una discapacidad, y me abrazasteis



    Olga es una joven de 26 años con autismo. De lunes a viernes vive en Casa Santa Teresa (hermanas guanelianas), un centro para personas con discapacidad intelectual en Madrid. El fin de semana y las vacaciones las pasa con sus padres adoptivos. Nació en Rusia de madre soltera que pensó que su pequeña estaría mejor en otras manos.

    Olga es una niña doblemente especial. Su sensibilidad religiosa y su cercanía constante a Dios le otorgan unas características muy especiales. De vez en cuando repite que ella quiere ser santa, porque ser santa significa ser buena. El corazón tiene razones que la razón no entiende. Tampoco sabremos por qué Olga se sintió profundamente unida al Papa Francisco. Una admiración que le llevó a revolver Roma con Santiago hasta que el Vaticano le concedió una primera fila y un momento para abrazar al Papa. La fecha ya estaba fijada, febrero de 2025, pero Jorge María Bergoglio fue ingresado en el hospital y poco después murió. ¿Sueño cancelado? Sueño aplazado, mejor dicho. Cuando supo que el Papa León XIV visitaría Madrid, la rueda volvió a ponerse de nuevo en movimiento.
    Una llamada telefónica desde el arzobispado de Madrid, le comunicó que tenía una entrada para acudir al Centro Cedia de Cáritas, donde el Papa iba a celebrar un acto.  Y el abrazo fuerte, emocionante, tantas veces soñado, se produjo. Olga, con su entusiasmo y admiración hacia el Papa, se llame como se llame, se lanzó a un abrazo que ella recordará por el resto de su vida. León XIV cuando conoció los antecedentes de este abrazo, sin duda pensó como el evangelista Mateo que "Dios ha escondido las verdades de su reino a los sabios y entendidos, y las ha revelado a los niños". Tal vez sólo de los pobres y de los 'insignificantes' pueden esperarse abrazos de corazón y corazones en forma de abrazos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

A destacar

León XIV: Fui emigrante o estuve encarcelado o tengo discapacidad...

 Fui emigrante y me acogisteis          El puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, conoce el dolor y la esperanza a partes iguales. El dolor...

Lo más visto: