jueves, 11 de junio de 2026

León XIV: larga y engañosa ovación en el Congreso



    Mi impresión es que el largo aplauso al Papa en el Congreso fue bastante engañoso. Tuve la sensación de que los representantes de los diversos partidos tenían instrucciones concretas de no ser los primeros en dejar de aplaudir. Aplaudir poco significaba que el Papa les había llamado la atención con un buen tirón de orejas. Aplaudir mucho todo lo contrario: el Papa les había dado la razón y el discurso pontificio se adaptaba perfectamente al ideario de su partido. Nadie quería dejar de aplaudir. Creo que el Papa entendió esta estrategia y decidió abandonar el hemiciclo, con sonrisa condescendiente, cuando la ovación había superado el minuto siete.

                Nada más acabar el discurso, hemos comprobado que los portavoces de los distintos partidos se mostraron encantados porque el Papa les había dado razón en todo y se la había quitado al adversario. Las políticas de su partido estaban perfectamente en consonancia con el mensaje de León XIV.

                El Papa, admitámoslo, tenía ante sí un auditorio difícil. Se dirigía a un parlamento donde el estilo bronco y canalla se ha convertido en norma. El griterío, la chulería, la sinrazón y el insulto han tomado carta de naturaleza, demostrando una incapacidad para construir la política del encuentro y del bien común.

            Ciertamente el discurso, bien trabado, ha abordado todas las cuestiones importantes que atañen a la dignidad humana y a la responsabilidad que los legisladores tienen a la hora de hacer leyes, porque siempre está en juego la persona y el bien común. El Papa se ha dirigido a las Cortes como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica. Así resumiría las ideas más importantes de su discurso.

             La dignidad humana es la piedra angular sobre la que debe asentarse todo el edificio de los poderes del estado, porque la dignidad humana precede al poder y "no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento". “Y la dignidad no puede quedar al vaivén de las mayorías”.

    La defensa de la vida debe corresponderse con la dignidad humana. “Toda vida debe ser reconocida y custodiada desde el momento de su concepción hasta su natural ocaso. La defensa de la vida no es un cuestión confesional sino la meta de toda civilización.”

    En el momento actual, la cuestión migratoria es muy importante y está teniendo una cabida excepcional en todo el viaje. El Papa ha dicho que hay que "ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. En este capítulo de las migraciones el Papa se refirió a un derecho al que normalmente no se alude nunca: “el derecho a permanecer en la propia tierra”. Los que estamos ligados a la cooperación internacional sabemos que ese derecho es el que deben promover los estados y las organizaciones internacionales y las asociaciones humanitarias: facilitar que cada ser humano permanezca en su tierra, con los suyos, en medio de su lengua y su historia.

                Advirtió también de la tentación de caer en la polarización, algo muy útil, porque precisamente uno de los problemas que más preocupa a la sociedad española es precisamente este. El Papa advirtió: "La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

                No podía faltar una alusión a la paz y al respeto del derecho internacional en un momento en que diversos puntos del planeta se ven afectados por la guerra y a un continuo incremento del gato en armas de los diversos países: "Preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable".

    La familia como “fundamento natural de la comunidad”, y también uno de los pilares del cristianismo no ha faltado en el discurso papal, que reivindica el papel fundamental de la “familia que será siempre  la primera escuela de humanidad y fundamento natural de toda comunidad”.

Muy unido a este tema de la familia, está la defensa del derecho de los padres a decidir sobre la educación de los hijos. A la familia,  y no al Estado, le corresponde “elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos”. Y el estado simplemente debe velar para que así sea.

Afirmó también la importancia capital del  derecho a la libertad de conciencia y de religión. Todo hombre y toda mujer deben poder practicar, sin trabas, la fe en la que cree. Y dentro de este apartado defendió, en un momento en que algunos estados han cuestionado este derecho “el sigilo sacramental de la confesión” como algo irrenunciable para la Iglesia Católica”.

Hizo asimismo un llamamiento al entendimiento, al diálogo, a la cultura del encuentro y a la importancia de respetar el valor de la palabra: “Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos” y “porque la discrepancia no puede terminar en humillación.

En esta época en la que las nuevas tecnologías libran una batalla singular contra el humanismo clásico,  el Papa advirtió que la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza".

                El discurso papal iba dirigido, en primer lugar a los parlamentarios españoles, pero, en cierta forma, también al mundo entero, especialmente a Europa. El mensaje de León XIV ha sido un canto a la dignidad humana que debe poner límites éticos a los poderes de los legisladores, pero también a los poderes tecnológicos, cada vez más presentes en nuestra vida.

                Tal vez este importante discurso podría ser un resumen del pensamiento de León XIV y de la Santa Sede para facilitar la colaboración de todos por el bien común. Las Cortes reunidas en sesión extraordinaria siguieron con verdadero respeto y silencio el discurso del Papa. Mi opinión sobre la larga ovación ya la he dejado clara. Cada uno de los presentes en las Cortes ha creído que el Papa había confirmado sus tesis y que nada tenía que aprender de los muchos recados, avisos, advertencias y consejos que el Papa proclamó con absoluta claridad en la sede donde está representada la voluntad popular. Ya que los representantes del pueblo no han entendido mucho de lo dicho por el Pontífice, es deseable que todos los demás hagamos examen de conciencia y nos preguntemos sobre la defensa de la dignidad de cada persona y sobre el valor sagrado de cada vida humana.







            

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