viernes, 6 de marzo de 2026

No a la guerra (¿Y sí a las fragatas?)

     

    Es muy bonito decir y cantar, proclamar y llevar escrito en la chapa "No a la guerra". Es muy bonito, queda muy bien. A muchos les hace sentir pacifistas e identificados con los grandes ideales. Incluso puede dar muchos votos a determinados partidos y ganar muchos adeptos para las manifestaciones. 

    Es fácil y bonito decir "No a la guerra". Y acto seguido enviar la fragata Cristóbal Colón al área en conflicto. La fragata Cristóbal Colón no es un barco velero de una competición deportiva de Mallorca. Es una fragata de guerra, equipada con el más sofisticado armamento (¿mortífero también?). No hemos visto los rostros de los soldados embarcados en la fragata. ¿Tienen familias, tienen miedo, saben a qué van? Lo que sí es seguro es que en la fragata no van quienes han ordenado el envío.

        Es fácil y bonito decir "No a la guerra", y afirmar que no se va a cooperar de ninguna manera con ella, cuando previamente se ha pactado con Estados Unidos el envío de la fragata en cuestión y de todo el material que sea necesario. ¿Se puede estar en la Otan a ratos, cuando apetece, por ejemplo tan solo para mostrar a los mandatarios de la Otan las Meninas del Prado o llevarles de tapas por Madrid?

    Es fácil y bonito decir que no se ha autorizado a las bases de Rota y Morón para que desde ellas despeguen los aviones que bombardearán Irán. Pero al mismo tiempo cualquiera puede constatar que los aviones salen y entran de continuo en las bases. ¿Van únicamente a hacer piruetas deportivas por los cielos? ¿Cómo podemos saberlo?

     Es fácil y bonito decir que el Gobierno no va a aumentar el presupuesto en armamento, cuando con anterioridad ya se ha estampado la firma, al igual que todos los mandatarios occidentales, de una subida de hasta el 5% del presupuesto nacional para las cuestiones de Defensa.

    Es fácil y bonito despotricar de Trump que la ha tomado con España (¿ o con el presidente del Gobierno? Ya sabemos que lo propio de un cretino (Y Trump lo es) es decir cretinadas y lanzar amenazas a diestro y siniestro. Pero tal vez el problema no es que se caiga mal a Trump, tal vez se empieza a caer mal a otros muchos países, porque en los años en que todos consideraban a Venezuela como una dictadura, el Gobierno de España la defendía y danzaba a su son. Y cuando Irán se aliaba con grupos terroristas y financiaba partidos políticos (¿os suena de algo?) que tendían a la desestabilización de países democrátivos, y cuando, igualmente, Irán masacraba -y aún masacra- a los iraníes, especialmente a sus propias ciudadanas, aquí, desde las alturas de la Moncloa, se miraba a otro lado. 

    Repicar y oír misa no se puede al mismo tiempo. Tampoco nadar y guardar la ropa, como todo el mundo sabe. Salvo, salvo que los ciudadanos prefieran que les mientan en su propia cara. Y además, aplaudir y sentirse muy felices por ello.

    Sólo los pacíficos (¿hay políticos pacíficos o sólo 'pacifistas' de boquilla delante de un micro?) dirán de corazón no a la guerra. Los pacíficos serán constructores de paz allá donde vayan y allá donde estén. Los pacíficos, por su carácter y su entraña personal, crearán la paz en su interior, en su casa, en su trabajo, en su responsabilidad en instituciones políticas o asociaciones civiles. Pero también -y lo sabemos- hay pacifistas de ocasión y de oportunismo. Pacifistas de redes sociales y manifestación. Pacifistas ideológicos y pacifistas muy obedientes a los dictados de sus amos, que no siempre son pacíficos, sino muy beligerantes, aunque con sudadera y capucha de cordero.  

    


 



 

    

Gisèle Pelicot: para que la vergüenza cambie de bando

    


    Gisèle Pelicot pasó por España para presentar su libro de memorias en español: Un himno a la vida. El caso Pelicot ocupó miles de páginas en el país vecino. Durante varios años su marido la drogó para que él y otros hombres la violasen, mientras ella estaba inconsciente. Todas las violaciones fueron grabadas para alimentar el morbo. 

    Aparentemente era un matrimonio normal, sin sobresaltos y sin grandes desaveniencias. Una mañana la policía llamó a la puerta de Gisèle, para comunicarle que su marido había sido conducido a comisaría porque en el supermercado había sido descubierto mientras grababa a unas clientas por debajo de la falda. Gisèle no daba crédito y trató de defender a su marido, porque en él jamás había descubierto una mirada inapropiada, un gesto que pudiera delatar su comportamiento. Pero los policías habían llegado con la intención de acceder al ordenador del marido, y entraron en casa. Fue en ese momento, cuando la propia Gisèle descubrió su pasado de abusos y violaciones. Las pruebas eran devastadoras. A lo largo de los últimos 10 años, unos 70 hombres habían pasado por el domicilio familiar para violar a Gisèle, invitados por su propio marido, mientras él disfrutaba de esas vejaciones y grababa las escenas. 

    La sociedad francesa entró en shock. Y todas las alarmas sociales saltaron. Gisèle se hundió en la más profunda depresión y en la más desoladora vergüenza. Una bajada en toda regla a los infiernos. Su nombre y el de su familia estaban en boca de todos. El morbo, el chismorreo, las dudas sobre el consentimiento o no y la banalidad de muchos medios ocupaban el mismo espacio que la denuncia, el rigor periodístico, los análisis sesudos y los juicios morales. Un tiempo después, comenzó el juicio contra el marido y los 50 hombres. Y ahí, justo en ese momento, después de pensárselo mucho y darle mil vueltas, Gisèle comenzó su rehabilitación como persona y su dignidad como mujer cuando, sorpendiendo a todos, renunció al anonimato en el jucio, al que le amparaba la ley, y decidió: "Quiero que este proceso sea público para que la vergüenza cambie de bando". 

    Su decisión asombró a todos. Gisèle y su familia tuvieron que hacer un esfuerzo titánico para aguantar la presión de los medios de comunicación y de los ciudadanos comunes siempre ávidos de escándalos, de fotos y de declaraciones. Pero, sí, efectivamente, la vergüenza cambió de bando. Y Gisèle, la víctima, tuvo que ser reconocida. La culpa y la vergüenza no podían posarse sobre la mujer drogada, abusada, vejada y violada, sino sobre los abusadores y los violadores, sobre quien la había drogado y sometido a vejaciones continuadas.

    Más allá del escándalo, más allá del jucio, más allá de la valentía de una mujer, que anima a la valentía de tantas mujeres, quedan las preguntas a las que este caso y otros muchos debería obligarnos a hacernos. ¿Por qué sucedió lo que sucedió? ¿En qué nido de víboras puede convertirse la pareja y la familia? ¿De qué barro estamos constituidos? ¿Son compatibles el placer de uno y el sufrimiento del otro? ¿En el menú sexual, todas las prácticas son admisibles? ¿Existen las aberraciones, palabra antigua y denostada, relacionadas con la enfermedad mental? ¿Es posible que hombres 'normales', de conducta intachable, hagan lo que hagan? ¿Qué demonios interiores nos habitan y pueden despertar en cualquier momento? ¿Qué educación reciben los varones y qué mensajes les llegan en esta sociedad de pansexualimo descontrolado?

    Justo cuando el caso Pelicot estaba en la mente de todos, era el tema de todas las conversaciones en Francia, abría los telediarios y las portadas de periódicos y revistas, unos periodistas simularon y publicaron en una página de contactos una anuncio sexual: la posibilidad de violar a una mujer drogada en su propio domicilio. Es decir, una oferta muy similar a la que en su día había anunciado el marido de Gisèle Pelicot. En pocas horas, decenas de hombres (de diferentes edades y diferentes estatus sociales) se apuntaron como candidatos para el abuso, la violación, la vejación, la explotación sexual, más la correspondiente grabación de la escena. 

    Nada que añadir a lo dicho. O sí: ¡Que Dios nos libre del monstruo que podríamos llevar dentro y del que ni siquiera sospechamos! Gisèle Pelicot recordaba últimamente que "durante mucho tiempo fui una ruina, pero ahora he tomado las riendas de mi vida, y ya no quiero cargar con esa condición de víctima, porque es una carga muy pesada", y que ahora tenía una misión: "ser despertadora de conciencias". Y además: "me siento feliz porque he podido confiar en un hombre, después de todo lo que me pasó con los hombres". Esta valentía y esta esperanza ante el futuro, tal vez sean lo que realmente cuenta en la existencia humana. Tal vez por ello, el libro de Gisèle Pelicot se titula, con toda razón: Un himno a la vida.












viernes, 27 de febrero de 2026

Almendros florecidos y basuras en los ríos

    


     Por un lado va la naturaleza. Por otro, van las acciones de los humanos. Después de dos meses de lluvia, ha salido el sol en los últimos días. Para los almendros ha sido como el pistoletazo que esperan los atletas en el estadio. Hoy la senda de la Esgueva era una hilera de almendros florecidos, nubes algodonosas de delicados blancos y rosas, acuarelas de hermosas aguadas. Belleza antigua. Belleza siempre nueva en ese final de cada invierno. Por otro lado, la crecida del caudal del riachuelo ha arrastrado cientos de botellas de plástico, bolsas, láminas de corcho, neumáticos, envases de todos los tamaños y colores. Todos ellos proclaman y pregonan la descortesía de los humanos hacia la naturaleza.

    Podemos echar la culpa a las autoridades políticas y a las confederaciones hidrográficas que no limpian los cauces. Pero básica y llanamente la culpa es de los que arrojan plásticos, envases y todo tipo de basura a los ríos. Dicen que las casas de los españoles destacan por la limpieza, que dedicamos mucho tiempo para que los hogares estén impolutos. Y sin embargo, las calles, los espacios públicos están tapizados de bolsas, envases, papeles, botellas y latas. Esta habitual descortesía hacia la ciudad y la naturaleza, debería avergonzarnos un poco.







 

miércoles, 25 de febrero de 2026

¿Santos oportunos y santos inoportunos?

    

    No se sabe exactamente el número de causas de canonización que no prosperan, ya que la Iglesia no publica esas cifras. Pero se sabe que muchos 'candidatos' se pierden en el limbo de los despachos vaticanos. Los motivos pueden ser varios: postuladores poco sagaces o sin recursos, candidatos que tienen poco tirón popular o que cuentan con pocos devotos, venerables perezosos a la hora de hacer milagros. Los años van empolvando los expedientes y los candidatos pasan al olvido o a una dormición sine die. Se sabe que los procesos son rigurosos y estrictos, costosos y largos. El Vaticano piensa en las vidas ejemplares, pero también en las vidas oportunas. En algunos momentos unos santos son más oportunos que otros. En algunos momentos unos santos convienen más que otros para el ‘discurso vaticano o papal” de cada momento histórico. Pero los santos, ¿son santos porque su vida fue santa o  porque encajan con el relato ganador de un momento de la Iglesia? 

Parece ser que la ‘santidad’ de Isabel la Católica no sería oportuna en este momento porque podría ofender a los movimientos indigenistas y a todos los que piensan que aztecas y demás pueblos originarios, como ahora se dice, eran todos unos angelitos que habían creado un mundo de fraternidad y un paraíso en la tierra justo hasta el 12 de octubre de 1492. Pero se quiera o no, se reconozca o no, la conquista española fue distinta y diversa a las conquistas de ese momento histórico. Sin olvidar desmanes, excesos y crueldades, la conquista estuvo inseparablemente unida a la evangelización. El anuncio de Jesús humanizó toda la conquista. Los frailes dulcificaron la conquista y fueron refugio para los indios más vulnerables. Ahí radicó la singularidad española. No sólo hubo conquista, hubo también encuentro. Se permitieron los matrimonios mixtos. Se crearon universidades y hospitales. Los indios fueron 'vasallos' de los Reyes de España. El inmenso patrimonio artístico de la época virreinal habla de ello.¡Y estamos hablando del siglo XV! 

Una frase del testamento de la Reina Católica cambió la historia de América: "Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien".

No conozco en profundidad la vida y las virtudes y defectos de Isabel la Católica, pero estos jueguecitos vaticanos sobre la conveniencia de ciertos santos, parece más bien oportunismo y juego de contemporización.





domingo, 22 de febrero de 2026

Pandillas juveniles: semilleros de violencia

     


    José Esteban Rubio cumplió sus 18 años el martes, 17 de febrero. Tres días después, tres puñaladas acabaron con su existencia en plena calle y a plena luz del día en el barrio vallisoletano de La Rondilla, en Valladolid. Una muerte violenta. Un menor de 13 años acabó con su vida, con la colaboración de otras dos chicas, de 16 y 18 años.  

    Aún es pronto para saber qué es lo que llevó a un niño de 13 años a coger un cuchillo de cocina y atravesar el corazón de José Esteban, estudiante en un instituto y portero de fútbol en el Club Juventud Rondilla. Todos relacionan el crimen con las pandillas sudamericanas. Algunos dicen que el joven muerto había pertenecido en su día a una de esas pandillas, pero la había abandonado para encauzar su vida en el estudio y el deporte. Abandonar estas pandillas, con sus códigos secretos y sus pactos de silencio, es una traición y una sentencia. Muchos opinan que al agresor, por ser menor de edad, se le habría pedido una prueba de máxima lealtad a la 'pandilla': acabar con la vida de otro. 

    José Esteban es ya una vida derramada y desperdiciada para siempre. Una vida ya en el cementerio. Pero también la vida del niño agresor es una vida ya rota a los 13 años. ¿Qué le habían prometido por este asesinato? ¿Qué sentido de identidad o de pertenencia tan fuerte le hizo cometer este hecho tan cruel? ¿Saben los padres lo qué hacen sus hijos, con quién se divierten, qué compañías frecuentan? ¿Tiene algo que decir la comunidad educativa en todos esto? ¿Son conscientes las autoridades de que, si no se cortan de raíz estas semillas de violencia, arrastrarán a muchos inocentes a una muerte segura o a un miedo espantoso?

      Mientras leía la noticia, cabizbajo por esa gratuita violencia que siega vidas, como un dalle siega heno, he pensado en la novela de Fernando Vallejo, colombiano de nacimiento, La Virgen de los sicarios. Los niños sicarios entran y salen de la iglesia de Medellín para pedir a María Auxiliadora, que les salga bien el negocio de matar, que les afine la puntería, que les perdone esas muertes por encargo, esos asesinatos sin motivo y sin culpa. Porque lo mismo se dispara por que el vecino tiene la música muy alta que por unas zapatillas de marca. O sobre todo por un encargo, a un precio irrisorio. Matar es más barato que llamar al fontanero o al repartidor de pizza. Un cóctel explosivo de narcotráfico, sexo a bajo precio, consumo de droga, fascinación por pertenecer a un grupo que crea identidad a niños sin raíces, nacidos ya con la marca de la corrupción, nacidos ya con el ferviente deseo de pasar de amo en amo, hasta que otro sicario mejor pagado acabe con su vida.   



lunes, 16 de febrero de 2026

Una Propuesta de Desarme Mundial

        Dudo mucho que estos tiempos de hierro sean los mejores para dedicarse a la poesía. Pero dudo aún más que la situación mundial (pensemos en Ucrania, Gaza, Sudán, el discurso de Trump desde la Casa Blanca y el de los mandatarios de los países de la OTAN justificando y suplicando más presupuesto armamentístico) sea el momento más idóneo para lanzar una propuesta de desarme mundial. Y sin embargo, mi última lectura lleva por título “Una propuesta de Desarme Mundial”, y la firma Juan Manuel Molino Laguna, nacido en Pinos Puente, Granada, en 1951. 

            Sin embargo, mi admiración sigue intacta hacia los que piden, reclaman, exigen que soñemos a lo grande, porque a veces lo imposible de hoy, puede ser lo posible de mañana. Y la utopía en estos tiempos puede ser la realidad cotidiana de un tiempo venidero. Hace dos mil ochocientos años Isaías entrevió un día en que “de las espadas forjarían arados y de las lanzas, podaderas”. Ese día aún no ha llegado, pero ese sueño del profeta ha sostenido el corazón de tantos hasta ahora. Admiro al vendedor de banderas blancas en medio de la batalla, al padre que alza a su niño para que toque los cuernos de la luna, al que ofrece un vaso de agua al enemigo al que todos apalean.

            Podríamos decir que esta historia parte de lejos. Y que tiene dos inicios. Primer inicio. El autor, cuando era un estudiante en el Colegio de los Pasionistas de Peñafiel, conoció en la asignatura de Declamación la poesía de Moisés Garcés Cortijo. La profundidad humana de sus versos fue una primera semilla de humanismo pacifista, de entendimiento y de fraternidad. Este contacto con la poesía generó una profunda resonancia en su interior. Segundo inicio. En julio de 2014 Juan Manuel asistió al Festival de Canto y Danza en Tallin (Estonia). Miles de voces, músicos y danzantes hacen vibrar a todo un pueblo en un sentimiento indescriptible de armonía y hermandad. Esta energía musical colectiva genera de nuevo una profunda resonancia en sus adentros, y provoca en el autor la idea de que un mundo en paz es posible. Y lo primero para lograrlo es el desarme, y un desarme a nivel mundial. A estas alturas no sabemos si son las guerras las que necesitan armas, ¿o son las armas las que necesitan y requieren guerras?

            En su juventud Juan Manuel Molino siguió estudios de filosofía, teología, geografía e historia y musicología. Finalmente orientó su vida profesional hacia la música, impartiendo clases de musicología e historia de la música en diversas academias y en institutos de Valladolid y Ceuta. Ya se sabe que la música hace girar los astros en una armonía perfecta que ha cautivado al hombre desde sus inicios y ha hecho surgir la primera filosofía y las grandes preguntas. La música es armonía que invita a la armonía. Y la paz no es sino la abundancia de armonía en los corazones de lo hombres y de los pueblos y en el espíritu de las leyes.

            El libro Una propuesta de Desarme Mundial vio la luz en septiembre de 2025 y habla de todo esto: la génesis de esta propuesta de desarme y los acontecimientos culturales que se producen año tras años en algunas ciudades del mundo y que son como muestras, espejos y momentos de inspiración que nos susurran que un desarme es posible, que una paz es posible, porque el entendimiento es posible, como lo demuestran las composiciones y las interpretaciones musicales en un ambiente de respeto y de valoración del otro. El autor habla mucho del Festival de Canto y Danza de Tallin (Estonia), pero también  del sonido y la música como terapias probadas, de las Comunidades de Damanhur que han surgido en diversos lugares del mundo, de los festivales de poesía celebrados en Granada (Nicaragua) o en Medellín (Colombia), del Festival de las Músicas Sagradas y del Festival de Cultura Sufí ambos en la ciudad marroquí de Fez, del Festival Internacional de Cine de Marrakech, de marcado compromiso social, y de tantas manifestaciones artísticas que intentan traducir en armonía y belleza ese anhelo inmarcesible del corazón humano: la paz.

            Estoy seguro de que este libro será un altavoz más para esta  propuesta de desarme mundial. El libro cuenta este largo proceso. Y, además, contiene diversas crónicas sobre los festivales que han inspirado las Propuesta. Entrevistas del autor a diversas personalidades del mundo de la cultura. Entrevistas que diversos medios han hecho al propio autor. Reseñas de periódicos. Recopilación de las mejores poesías de Moisés Garcés. Entradas biográficas de artistas y poetas. Notas explicativas de lugares y acontecimientos. E incluso un excelente guión dramático para explicar la Historia de la Música. El libro acaba con una serie de fotografías que ilustra muy bien toda esta andadura pacifista. Los objetivos de esta propuesta de desarme son pocos y claros: que los países se comprometan a un desarme y a reducir las ingentes cantidades de dinero destinadas a armamento. Y que se dedique todo ese dinero a la salud y a la educación. Además, la Propuesta quiere apoyar a cuantos (iglesias, ongds, asociaciones, foros, instituciones, festivales, debates, medios de comunicación y hombres y mujeres de buena voluntad) apuestan por una cultura de la paz y del desarme. El autor cree que la música puede ser un nexo de unión y el vehículo más privilegiado entre todos los que trabajan por la paz, a tiempo y a destiempo, a veces con escasos recursos, pero con una esperanza y una insistencia verdaderamente proféticas.

 Esta Propuesta de Desarme Mundial, antes y después de la publicación del libro, ha sido presentada ante muchos organismos públicos, instituciones, embajadas, organizaciones de festivales,  personalidades del mundo de la cultura, bibliotecas, eventos culturales, colegios e institutos, conciertos como el de Plácido Domingo en el Bernabéu, foros de poesía, en las páginas de los medios de comunicación, en diversas entrevistas. Cabría destacar la presentación en 2019 en el Espacio Ronda de Madrid, Sede de la Federación por la Paz Universal. Y han sido muchas las autoridades, personalidades del mundo de la cultura, alumnos y periodistas, responsables de asociaciones... en los que esta propuesta ha econtrado resonancia, eco y respuesta. Tal vez sea una mera coincidencia, pero no está de más decir que el 10 de octubre de 2025, día en que el libro que aquí se reseña se presentó en la ciudad de Ceuta, ciudad puente, ciudad donde conviven, con sus lógicas dificultades, etnias religiones, lenguas diferentes, se firmó la paz entre Israel y Hamás. Sabemos que es una paz frágil, débil, tambaleante. Pero la más imperfecta de las paces es preferible a la más perfecta de las guerras. Preparémonos para una cruzada –escribió Moisés Garcés- en la que las liras venzan a los cañones… porque la paz solo puede escribirse con amor” O como tanto había deseado Giovanni Papini “que los cantos de los poetas sean el gozo de los afligidos y la voz de los que no pueden expresarse”

El poeta Moisés Garcés murió en 1972. Unos años después, su viuda, Ana Silva Aramendi, decidió entregar todo el legado poético a Juan Manuel Molino Laguna, para que lo diera a conocer y lo difundiese. Y este legado está en el origen de esta propuesta de Desarme Mundial. Sobre todo, un poema único, porque es bello y porque es necesario. Este poema ha inspirado la vida de Juan Manuel Molino Laguna y ha inspirado su Propuesta de Desarme Mundial. Este poema lleva por título Imprecación a la paz:

“Desde el taller, desde la fábrica / desde mi libro y mi oficina / desde mi escuela abandonada… yo te pido la paz”

“Desde Hiroshima y Nagasaki / aun no lavados todavía / del gran pecado de los siglos … / Desde la mesa que presiden / los vencedores y agiotistas / de la palabra y la soberbia”

“Que cese la carrera de la muerte / y todas las conciencias estén limpias / y la palabra hermano sea un símbolo / y las hambres no existan / y el odio tampoco…

“Que enarbole justicia su bandera / y en compañía de amor, blancos y negros, / comamos y bebamos en el mismo banquete / de la paz… ¡mi Señor!”.

        Hasta que la guerra sea un negocio muy lucrativo para las empresas de armamento, necesitaremos recorrer un largo camino empedrado de dificultades. Hasta que los más dóciles o interesados en la carrera armamentística, sigan ocupando los palacios del poder donde los destinos del mundo se administran, nos espera una larga carrera de fondo y de obstáculos. La paz es cosa de valientes. No sólo de soñadores, no sólo de idealistas. No sólo de utópicos. Nada se pierde con la paz, pero todo se pierde en tiempo de guerra. 

        Mientras tanto el aliento de los poetas nos acompañará como un viático de pan y agua en el ardiente camino que aún habremos de recorrer:

    "... Yo te pido la paz... / Señor, que es demasiado tanta guerra / y tanto dolor en mis hermanos / y tantas fatuas mil conquistas / para ir desnudos a tu reino".







     



domingo, 15 de febrero de 2026

Las lealtades, de Delphine de Vigan


    De vez en cuando los periódicos hablan de niños o adolescentes ingresados en un hospital con un coma etilíco.  Los padres, los profesores y la sociedad se preguntan cómo hemos llegado a esto. De vez en cuando los psicólogos y pedagogos escriben que las separaciones de los padres están dejando a la intemperie a una generación de niños que no entienden ni comprenden ese ir de casa en casa, como maletas a la deriva. De vez en cuando, alguien, lleno de horror, descubre que la persona con la que convive nada tiene que ver con el que surfea por la red donde da rienda suelta a sus psicopatías. Muy a menudo ni los padres quieren ver, ni los profesores quieren ver. Ni nadie quiere ver, aunque todos intuyan anomalías y se extrañen ante comportamientos poco explicables. Y todos, todos, arrastramos heridas, heridas de cicatrices insospechadas o escondidas con multitud de ropajes y complementos. 

    Sobre estas premisas, Delphine de Vigan (1966, Francia) escribió su novela Las lealtades. Leí hace algún tiempo Nada se opone a la noche. La próxima será Las gratitudes. 

    

viernes, 13 de febrero de 2026

Vida y destino, de Vasili Grossman

 

Clasificada como una de las grandes novelas de la literatura del siglo XX, Vida y destino asusta un poco por dos motivos: las más de mil cien páginas de extensión y la interminable lista de protagonistas. La novela llevaba bastante tiempo en la ‘sala de espera’, pero no me decidía a dar el salto. Un amigo se decidió por mí y me la puso en mis manos.

Vasili Grossman murió en 1960 sin ver publicada su novela. Cuando la presentó al equipo censor para su publicación, le contestaron que ese manuscrito nunca vería la luz o que, como mínimo, dentro de doscientos años. Su casa fue registrada. La policía se llevó el manuscrito, los escritos preparatorios, y hasta la cinta de la máquina de escribir. Grossman empezó a engrosar la larga lista de autores prohibidos y condenados al ostracismo. Años después, algunos disidentes soviéticos, entre ellos el científico Sajarov, lograron microfilmar una copia escondida en casa de una amiga de Vasili, y así la sacaron de la Unión Soviética. Fue publicada en Suiza en 1980. En 1988, ya en tiempos de Gorbachov y de la Perestroika, los soviéticos pudieron leer esta novela.

Grossman había nacido en Ucrania en 1905, y fue un ferviente periodista y escritor comunista, también un convencido antifascista. Como periodista pasó más de mil días en diferentes frentes durante la Segunda Guerra Mundial, en especial en la batalla de Stalingrado, la más famosa y encarnizada de la Segunda Guerra Mundial, entre las tropas de la Unión Soviética y Alemania. Esta batalla, la más decisiva de toda la guerra, es el marco de la novela Vida y destino. Grossman pudo conocer de cerca los campos de concentración de los alemanes, pero también los campos de concentración soviéticos. Pudo ver con sus propios ojos la crueldad de los dos ejércitos. Y ahí empezó su desencanto comunista. Cuando se narra lo que se ve, las ideologías caen y sólo queda el horror de las víctimas. Y la obligación de guardar su memoria.

Vida y destino habla de todo ello, sin paños calientes, sin exculpaciones, sin acusaciones infundadas. No es una novela bélica. Es una novela sobre el corazón de tantos hombres y mujeres en la guerra, sean del bando que sean. La batalla de la ciudad de Stalingrado (1941-1943), actualmente Volgogrado, pone el marco en el que vive la familia Shásposhnikov. Toda la familia se ve implicada en la guerra, pero cada uno lo hace a su manera y cada cual libra su propia guerra en casa, en la escasez, en el frío, en la cárcel, en el frente, en la tortura, en la delación, en el enamoramiento prohibido, en el idealismo, en la frustración, en la muerte, en la culpa y el remordimiento, en el miedo a caer en desgracia, en la doblez y en la mentira.

Y alrededor de la familia, a la que la guerra desperdiga por varias ciudades, está la realidad del cerco de Stalingrado, los puestos de combate, los colegas científicos e intelectuales, los prisioneros del campo de concentración alemán, o del campo de trabajo ruso, o de los condenados que se encaminan sin saberlo a la cámara de gas, o luchan contra la tortura en Lubianka, o los que trabajan en la central eléctrica de Stalingrado, o los miembros de un escuadrón aéreo de cazas o de un cuerpo de tanques, los oficiales del ejército Soviético con Yeremenko a la cabeza y del Ejército Alemán con Paulus como comandante en jefe, o los soldados de la Casa 6/I que intentan frenar desesperadamente el avance alemán. Novela coral compuesta por decenas de protagonistas, con varios escenarios, con varios puntos de vista. Todos personajes construidos con tanto verismo que sólo una pluma magistral puede conseguir. Grossman da voz y vida y credibilidad a unos y a otros, para que el lector a lo largo de las mil cien páginas pueda tejer el maravilloso tapiz de Vida y destino. Cada uno vive una vida y tiene un destino. Y sin embargo, hay héroes humanos que aceptan su vida, pero esquivan como pueden el destino al que la Historia les predestinaba.

Desde mi punto de vista, no es el cerco de Stalingrado lo importante de la novela, ni siquiera las vidas apasionadas, mínimas, brillantes, sinuosas, llenas de doblez o bondad, de mezquindad o de altruismo de los muchos protagonistas. Lo que cuenta, el mensaje de Vida y destino es la impiedad del poder, la brutalidad de las ideologías, tanto la del nazismo como la del comunismo. El ser humano, aprisionado por la ferocidad de las ideologías es sólo un ser lleno de miedo, aterrorizado por el poder impúdico del Estado, una marioneta en medio de los vientos huracanados de la Historia, cuyas banderas soviética y alemana causaron increíbles sufrimientos pero también, aunque cueste creerlo, incomprensibles adhesiones y aplausos.

Una sensación de frío recorre toda la novela. No es solo el frío siberiano de la nieve y el hielo. Es el frío que sienten los hombres inocentes en los campos de concentración, el que sienten las familias en sus paupérrimas viviendas, el que sienten los caídos en desgracia cuando son llamados a declarar delante del Partido, el frio de la vida sin libertad, sin alegría, con la desconfianza instalada en las entrañas y el miedo agarrotando los músculos. El bien había dejado de ser el bien para los ciudadanos, para los habitantes de un país. Era el bien del Partido, el bien del líder, Hitler o Stalin, el bien del Comité, el  bien de la Patria. En nombre del bien de los proletarios se cometían las mayores atrocidades. En nombre del bien de la raza aria, todo estaba permitido. “En nombre de una idea abstracta de la humanidad, se sacrificó sin piedad al individuo”.

La derrota alemana en Stalingrado significó la derrota del nazismo. Hitler sacrificó a miles y miles de sus hombres en esa batalla. Otros miles y miles se convirtieron en prisioneros en Rusia durante años. Paulus, el comandante del ejército alemán en Rusia, había solicitado el permiso para una retirada, cuando aún había una salida para hacerlo. Pero ‘rendirse’ no entraba en el vocabulario de Tercer Reich. Stalin demostó al mundo que Hitler no era invencible. Pero, cuando Alemania fue derrotada, Stalin convirtió regiones y naciones enteras en campos de concentración. El comunismo fue otro nazismo durante épocas. Mismos métodos. Mismos objetivos. Mismos partidos. “Estos crímenes sin precedentes, nunca antes vistos en la Tierra ni en el Universo, fueron cometidos en nombre del bien”, como se lee en la novela.

En un momento de la novela, Shtrum, un científico, dice a su colega Chepizhin: “Antes todo me parecía sencillo y claro, pero nosotros hemos tenido el año 1937 y la colectivización forzosa con la deportación de millones de pobres campesinos, el hambre, el canibalismo… Antes todo me parecía sencillo y claro. Pero después de aquellas terribles pérdidas y desgracias, todo se ha vuelto complejo y confuso. El hombre mirará de arriba abajo a Dios, pero ¿acaso no mirará de arriba abajo también al Diablo, no lo superará también a él? Dígame, este hombre del futuro ¿superará en su bondad a Cristo? ¡Eso es lo más importante! ¿No transformará este hombre el mundo entero en un campo de concentración?”

En contra de las ordenanzas de los poderosos, hay gente que seguirá obedeciendo la sagrada conciencia personal. A pesar del terror del Estado y de las consecuencias dramáticas de la desobediencia, a pesar de la tortura, siempre habrá personas dispuestas a salvar su conciencia y a reconocer en el enemigo a un ser humanos. Por eso en el capítulo 16, en las inolvidables páginas escritas por un presidiario en el campo de concentración alemán, Ikónnikon, al que sus compañeros llaman yuródivi, loco santo, podemos leer: “Además de ese bien grande y amenazador del Estado, existe la bondad cotidiana de los hombres. Es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da a beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío, la bondad del guardia de una prisión que, poniendo en peligro su propia libertad, entrega las cartas de los prisioneros a sus madres y mujeres…”

 Vasili Grossman no logró ver publicada su novela. Una de las grandes novelas del siglo XX tuvo que esperar muchos años escondida en un cuartucho. Y algunos disidentes soviéticos arriesgaron mucho para salvarla y darla a conocer. El ‘bien’ del Estado no suele coincidir con la bondad, sino con todo lo contrario. Hoy en día, cualquier lector puede leer tranquilamente esta novela en su cuarto de estar, pero conviene no olvidar que muchas páginas fueron escritas pagando un alto precio por ello. Fue Vasili Grossman en persona el que vio demasiadas cosas en el cerco de Stalingrado. Se atrevió a contar la verdad y a mantener la memoria de las vidas de tantas víctimas de uno y otro lado. Y lo hizo con una belleza que aún sobrecoge. Y también con una profundidad que estremece, porque el lector, cada lector, se ve reflejado en los comportamientos compasivos, serviles, mezquinos, bondadosos, crueles, entregados, resignados, heroicos de tantos de sus personajes.




















jueves, 12 de febrero de 2026

David Broncano y Mariano Barbacid

     


    No sé si por la coincidencia en el tiempo o en la cantidad de millones, pero en las redes sociales han corrido, de forma paralela y comparativa dos noticias. Por un lado, el científicio Mariano Barbacid declaraba en una entrevista que necesitaba treinta millones de euros para continuar su investigación contra el cáncer de páncreas. Por otro lado, la noticia de que Televisión Española firmaba un contrato de 30 millones de euros con el presentador David Broncano, para las dos próximas temporadas del programa de La revuelta. No sé si una cosa tiene que ver con la otra. Y no sé si se puede comparar una cosa con la otra.

      Sólo un día he visto La revuelta, porque me interesaba la entrevista que había realizado al excéntrico escritor Fernando Arrabal en su apartamento de París. Sé de las pasiones, a favor y en contra, que levanta el Broncano. Y me imagino que muchas veces son pasiones ideológicas. 

    Tampoco soy un expero en el trabajo de Barbacid, pero todo parece indicar que se trata de un bioquímico muy valorado. Y parece ser que su estudio sobre el cáncer de páncreas ha sido aplicado sobre ratones con notable éxito. 

    Lo que sí puedo asegurar es que siempre me ha parecido escandaloso lo que cobran algunos artistas y algunos deportistas, sobre todo si los comparamos con los sueldos de miseria de algunos científicos que se pasan la vida enterna, quemándose los ojos en el laboratoios por alcanzar una vacuna o una medicina que pueda salvar vidas. 

         Sin duda, en España el desprecio y la ignorancia de los científicos es notable. Y sin embargo, el club de fans de los presentadores de televisión es ingente y numeroso. El problema no es sólo de que una televisión pública (directamente dependiente del señor de la Moncloa) se gaste tanto en sus presentadores estrella. El problema es también de una sociedad cada vez más zafia y vulgar que disfruta de lo lindo con las ocurrencias e impertinencias del presentador y cómico del momento.

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Claudio Rodríguez: justicia poética con Cáritas

 


Enero 2026. Firma entre Cáritas y el Seminario Permanente Claudio Rodríguez

    Hace tres años se descubrió un testamento del poeta Claudio Rodríguez y de su mujer, Clara Miranda, en el que manifestaban que era su voluntad que los derechos de autor de su legado poético fuesen a parar a una entidad benéfica.
        Ahora, la familia y el albacea han estimado oportuno que sea Cáritas de Zamora la beneficiaria de esos derechos de autor y, en general, de la explotación económica del legado del poeta. Es una decisión poco habitual. Normalmente es la familia la que explota esos derechos, en beneficio propio. Pero aquí, ha habido mucha generosidad y, yo diría, que mucha decencia.
        Cáritas es el corazón de la Iglesia Católica. Cuando en España uno pasa necesidad, no llama a la puerta de los partidos políticos, los sindicatos, los periódicos o los voceros habituales, sino a la puerta de Cáritas. Los pobres saben que en la sede de Cáritas no les van a preguntar si están o no bautizados, si pisan o no por la iglesia, si creen o no en Dios. Solo les preguntarán qué necesitan.
        Probablemente muchos de los pobres o necesitados que sean atendidos gracias a los derechos de autor del poeta zamorano, no hayan leído nunca un verso suyo. No importa y está bien que así sea. Lo que sí podemos afirmar es que con este testamento se cumple una justicia poética, valga la expresión. Porque el pan, el calor del hogar y la escucha respetuosa son siempre los versos más hermosos. 


Claudio Rodríguez en su biblioteca

Claudio Rodríguez y Clara Miranda

Adiós
Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,

                                        que yo me iré donde la noche quiera.

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