La noticia se repetía en las páginas culturales de los periódicos españoles. Un coleccionista norteamericano donaba a España dos pequeños grupos escultóricos que él había adquirido de buena fe en una subasta internacional y por las que había pagado varios millones de euros. La documentación de la subasta era 'perfecta'. Y nada hacía pensar que se trataba de dos piezas expoliadas en unas tierras de labor próximas a una excavación arqueológica del sur de España. Traficantes de tesoros se habían encargado de falsificar la documentación y blanquear así el expolio perpetrado en 2012. Una denuncia en Suiza de uno de los compinches contra sus antiguos socios de botín y una exposición en el Museo Metropolitano de Nueva York pusieron en la pista a la Policía Nacional encargada del Patrimonio. El testimonio de los propios traficantes ha sido concluyente para que el actual propietario se convenciese de que no tenía nada que hacer. Y decidió donarlas a entablar un juicio largo y costoso.
Se trata dos pequeñas piezas idénticas. En cada una de ellas una niña persigue a una perdiz. Dos obras en bronce del siglo I o II de nuestra era. Probablemente ambas estaban colocadas en el jardín de una villa romana del sur de España. Los expertos hablan de piezas únicas, de una perfección extrema y de una gran belleza clásica. Muy pronto las veremos en el Museo Arqueológico Nacional.
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