jueves, 4 de junio de 2026

2026: los chicos de los "italianos" vuelven al colegio


Calor agobiante y fotos de grandes nevadas

Bajo un sol implacable en Aguilar de Campoo, se celebró el pasado 30 de mayo el encuentro anual de los ex alumnos del Colegio San José, los “italianos”. Al comenzar el encuentro, en la pantalla pudimos ver viejas fotos de aquellas grandes nevadas, donde los chicos, con aire de fiesta, se deslizaban por la ladera de Peña Aguilón o se tiraban bolas de nieve, mitad en broma, mitad en serio. Todos recordamos la dura climatología aguilarense, ese frío intenso cuando salíamos al patio, las abundantes nevadas, las heladas que se prolongaban semanas, el cierzo cortante de cada tarde, y ese aire desapacible en las mismas noches de junio o septiembre. ¿Será el cambio climático?

El calor ambiental tal vez sólo fue una metáfora del calor del encuentro. Entre calurosas acogidas y calurosas despedidas transcurrió un sábado muy especial. No solamente el cálido recuerdo y la dulce añoranza: las travesuras, las marchas a las Tuerces, el pollo de los domingos y los macarrones, las olimpiadas, los concursos culturales, las clases de guitarra y teatro, el deporte a todas horas, los vinilos y las canciones inolvidables, los campamentos… También el cálido recuerdo de los valores que fueron inculcados con paciencia por frailes y maestros. Valores a los que, como buenos adolescentes, a veces nos resistíamos tercamente, y otras veces acepábamos de buen talante. Pero siempre con el convencimiento de que esos valores estaban sembrándose en nuestra piel, y que la vida se encargaría de hacerlos brotar. La experiencia y las décadas transcurridas desde entonces así nos lo han confirmado.

'Caramelos' para los chicos rumanos

El encuentro no es sólo una celebración del pasado, un recuerdo constante de tiempos pretéritos y, ¿mejores? El encuentro de antiguos alumnos tiene también su lado solidario y su vertiente generosa. Aquellos valores vividos en Campañas contra el Hambre, domingos del Domund y Festivales de Navidad, continúan vivos en el “Proyecto Caramelos”, en recuerdo del Hno. Juan. La ongd Puentes trabaja desde 1998 por los misioneros guanelianos en África y Latinoamérica, e incluso en Europa. Cada año se elige un proyecto y se abre a la solidaridad de los antiguos alumnos. En nombre de Puentes, Bautista habló del proyecto para 2026, a favor de los chicos con discapacidad de Bucarest-Rumanía. Un proyecto dirigido en este momento por el misionero Francisco Javier Altuna, el Ringo Star de la batería en el Colegio San José. Un proyecto humilde para costear sábanas y mantas, empapadores, pañales, material de fisioterapia, etc. Todo lo aprendido en este colegio guaneliano sigue encontrando su traducción anual en este proyecto. La cercanía hacia los que lo pasan mal es la marca de la casa (aún puedes colaborar en el BIZUM: 10009 y en el IBAN: ES46 0030 6018 1700 0105 1272).

Ronda de gratitud

En la tradicional ronda del encuentro, cuando cada uno coge el micrófono, dice su nombre y los años que permaneció en el colegio, los mensajes más repetidos fueron: la gratitud por lo recibido, el valor de las enseñanzas, agradecimiento por lo vivido, confirmación de que, sin esos años de internado, seríamos diferentes y, probablemente, peores personas. El internado nos inculcó y marcó a fuego algunos valores: el esfuerzo, el sentido del sacrificio, la perseverancia, el compañerismo, la sensibilidad hacia los que lo pasan mal, ya fuese un compañero torpe, ya fuese un niño de Biafra. Incluso valores muy actuales: compartir las tareas domésticas (desde lavar los platos a poner la mesa, desde limpiar los aseos a fregar los suelos). El cuidado de la naturaleza: se plantaron y se regaron chopos, pinos, frutales, creando un muro verde alrededor del colegio de ladrillo rojo y persianas azules. Los trabajos comunitarios: ponerse manos a la obra para hacer una nueva cancha de baloncesto o una pista de tenis. Uno de los alumnos resumió perfectamente lo aprendido y lo vivido: “los educadores nos enseñaron a distinguir perfectamente el bien del mal. Y esta claridad nos ha ayudado toda la vida”. En una sociedad líquida, de cimientos movedizos, arquitecturas efímeras y fuegos artificiales, la solidez de aquella educación recibida es un asidero humano muy importante y para toda la vida.

La autoridad del cariño y el servicio

El edificio que hasta 1991 ocupó el Colegio San José es desde hace un cuarto de siglo una residencia para la tercera edad. Pero amablemente, sus actuales dueños nos reservan el espacio que ocupó la capilla, para que celebremos nuestra reunión anual. P. José Ángel presidió la eucaristía, flanqueado por otros dos curas, P. Teo y P. Fernando. Los tres fueron también “chicos de los italianos”. Y como no hay misa sin sermón, José Ángel nos recordó, que “siempre seríamos, no obstante las canas y las calvas, aquellos niños que correteaban por patios y pasillos”. Y sirviéndose del evangelio del día, se preguntó con qué autoridad nos enseñaban en ese colegio los frailes de don Guanella y los maestros. Para responder que “la autoridad de los guanelianos era la del servicio y la del cariño” Y que, un día y otro, nos repitieron que “Dios es un padre que nos quiere a todos y que tiene un cariño especial por los que el mundo olvida: ancianos, huérfanos, chicos con discapacidad. Esta es la autoridad del carisma guaneliano que se nos quedó grabada en el alma cuando éramos pequeños. Y este mensaje podemos comunicarlo en nuestras oficinas, en nuestras casas, en nuestros barrios, para arrancar a los que lo están pasando mal de la soledad o del desánimo”.

Almuerzo entre amigos y banda sonora

Después de las dos fotografías de rigor, la segunda parte de la jornada transcurrió en otro escenario: una comida fraterna en el restaurante Dolce Vita. Fue el momento para compartir recuerdos de los tiempos de internado, y también para ponernos al día de la situación de cada uno. O para preguntar por aquel compañero que era de tu pueblo, o aquel que solía venir todos los años. Muchos de los reunidos ya están jubilados; otros, a punto de estarlo. Otros tantos  desempeñan los más diversos oficios y en distintos lugares. Gente que buscó el pan en la ciudad y gente que permaneció en el pueblo, cultivando la tierra. Para muchos, los años de internado fueron el trampolín para acceder a estudios superiores e incluso para aficiones duraderas (música o deporte). En torno a los manteles la conversación se vuelve sonrisa, ternura, chispa, gracia, ironía, tomadura de pelo y abrazo. En estos encuentros hay cabida también para los familiares y las mujeres o compañeras de los antiguos alumnos. Una de ellas resumió: “Yo siempre he oído decir a mi marido que los años de Aguilar fueron sus años más felices”. Y no quiero olvidarme de Ana, viuda de un antiguo alumno, Jesús, que nos volvió a regalar su presencia. O de Germán y Feliciano, que se unen año tras año al grupo en honor del hermano y amigo ya difunto, Amable, antiguo colegial. Y por supuesto, a nuestro amigo querido que 'preside' cada año este encuentro: José Antonio, de la Villa. La vida es así. Y tiene estas complicidades y estos guiños. Y así este caluroso día de mayo llegó a su fin. No faltó la banda musical: Oh, bella ciao, Viva la gente, Somos una familia, Saber que vendrás, Pescador de hombres y Hoy, Señor, te damos gracias… Esa música nos ha acompañado desde niños y aún nos acompañará muchos más días…

Recibir al  otro como un sacramento

Esta crónica no estaría completa sin recordar el minuto de oro  de esta jornada, como se dice ahora en el lenguaje televisivo. Poco antes de iniciar la misa, Toni Fuente comunicó que un antiguo alumno, Juan José Merino, se encontraba, por sus circunstancias de salud, de usuario en esta residencia. E invitaba a los compañeros de curso a hacerle una visita al acabar la misa. P. José Ángel fue más allá: “¿Por qué no le invitáis a unirse a esta celebración, si le apetece?”. La misa ya había empezado, cuando vimos entrar a nuestro antiguo compañero, pero el cura interrumpió la eucaristía para que todos pudiésemos darle la bienvenida. Juan José cruzó el pasillo de la antigua capilla, justo por el medio de sus compañeros que le tendían la mano o le ofrecían muestras de cariñoso afecto. Cruzó con toda su fragilidad hasta situarse al lado del altar. Y allí permaneció durante unos minutos en silenciosa y sagrada presencia. El sacerdote hizo bien en interrumpir la liturgia de la misa para ofrecer el cálido respeto y deferencia al compañero de pupitre y patio, aquel niño pelirrojo al que todos recordábamos. Cuando se acoge a quien lo está pasando mal, sea por el motivo que sea, se acoge el misterio de la vida. El afecto hacia un ser humano en su momento de fragilidad es también un sacramento. 

¡Nos vemos el año que viene! ¡Salud y paz a todos!















1 comentario:

  1. Buenas dias desde la lejania que alegria me da cada vez que Bautista me comunica algo de todo lo vivido con todos vosotros, hoy es un dia muy especial ya que cuando he visto el correo que me habia enviado he visto lo bien que lo pasasteis el dia 30 asi da gusto empezar el dia.
    Espero y deseo volver algun dia a poder estar juntos con todos vosotros a recordar esos años pasados ( aunque os tengo que decir que ya se me olvidan muchas cosas y nombres) debe ser por lo jovenes que somos.
    Gracias por seguir recordando esos años y un enorme abrazo para todos.
    Gonzalo

    ResponderEliminar

A destacar

2026: los chicos de los "italianos" vuelven al colegio

Calor agobiante y fotos de grandes nevadas Bajo un sol implacable en Aguilar de Campoo, se celebró el pasado 30 de mayo el encuentro anual...

Lo más visto: