Como en
los días de las grandes purgas leninistas, también el Ministerio del Interior,
dirigido por Fernando Grande-Marlaska, tenía su listado con los nombres de
periodistas afectos y desafectos al ‘Régimen de Pedro Sánchez’. Periodistas,
columnistas, reporteros, tertulianos, colaboradores de radio y televisión
clasificados según su opinión más o menos favorable al Gobierno y según su
tendencia ideológica de derechas o de izquierdas.
El
listado con nombre, apellidos, medio de comunicación al que pertenecen y foto,
incluye a 280 periodistas. El Ministro dice que él no había ordenado elaborar
semejante lista, propia de las dictaduras. Cuesta creer que un funcionario
cualquiera se ponga a trabajar en un listado, sin que se lo ordene el superior.
No
sabemos cuál era el fin de este listado: ¿Tenía por objeto acorralar a los desafectos,
indagar en sus vidas para machacarlos, pagar a los afectos con información
privilegiada o premiar sus buenos oficios en el lado correcto indicado por el
Gobierno?
Las
democracias no caen de la noche a la mañana. Antes, se las vacía de contenido.
Dividir a los periodistas, no por su calidad de investigación, por el rigor de
sus escritos o la solidez de sus argumentos, sino únicamente por su afinidad
con la ideología del Gobierno es algo propio de una dictadura. Ya se sabe que
el autoritarismo sólo cree en la libertad de opinión cuando esa opinión aplaude
sus puntos de vista.
No
sé cómo habrán reaccionado los periodistas ante ese listado. ¿Es honroso
aparecer en ese listado como afecto o desafecto al ‘régimen’? ¿Es preferible estar en la columna de los 'afectos', con derecho a medrar y trepar o es preferible estar en la columna de los 'desafectos', sin opción a honores, retribuciones o premios?
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