A propósito del poema “Un caballo
joven", de Ana Blandiana, intercambio con un amigo, por
whatsapp, cromos de pinturas de Franz Marc, el expresionista
alemán que aplicó a los animales colores no realistas sino simbólicos: caballos
azules, leones verdes, vacas amarillas, etc.
Cuando la profesora Teresa Ortega
Coca llegó al expresionismo alemán, nos habló mucho de Franz Marc, un pintor
del que no sabía nada. En esa misma clase me acordé de una anécdota ocurrida en
la escuela de mi pueblo. El maestro nos mandó dibujar animales domésticos, animales que veíamos cada día en nuestro corral: ovejas, cabras, cerdos,
machos, vacas, perros... Al finalizar la hora de clase, recogió los trabajos. Cuando
llegó al pupitre de C., el maestro en voz bien alta, para que nos enteráramos
todos, dijo: “atiza, cerdos azules y ovejas verdes”. El alumno, rojo de
vergüenza, intentó disculparse para acallar la risotada general de una clase
que siguió la corriente al maestro: “Es que ya no me quedan más que estas
pinturas en el estuche”. El C. era un artista, así de sencillo. Un niño expresionista de 9 años en la escuela rural del pueblo, un seguidor, sin saberlo, de Franz Marc. Tampoco lo sabía nadie: ni el maestro, ni los alumnos, ni el propio C. Por la noche, el buen niño rehizo el dibujo y se lo volvió a
presentar al maestro: “Ahora sí, los cerdos tienen color de cerdos y las ovejas
color de ovejas”. En fin, la normalidad había vuelto a la escuela del pueblo.
Pero tal vez esa mañana perdimos a un pintor expresionista. Al final, C. tuvo que resignarse a ser como todos: ovejas contentas de su lana blanca
y cerdos satisfechos de su carne rosada.
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