Una frase en la entrevista que El Cultural hace a
Enmanuel Carréèe, con motivo de la publicación en español de su último libro.
Una oración dramática de este escritor parisino que, después de convertirse al
cristianismo, volvió al agnosticismo, y cerró su diario con esta lacónica
sentencia: "Te abandono, Señor; Tú no me abandones". Una plegaria conmovedora, una oración que sólo pueden pronunciar unos labios que han amado
mucho a Dios, un Dios al que debes abandonar. Esta lacónica sentencia es una
de las plegarias más sinceras que yo haya escuchado. Enmanuel se había
convertido al catolicismo después de una crisis interior, provocada en parte
por una relación tormentosa con una mujer y con el alcohol. Se hizo católico
con el ímpetu del converso. Se casó por la Iglesia, bautizó a sus hijos, e iba
a misa diaria. Pero de nuevo la duda y la sombra le acecharon. De nuevo la razón fría
se opuso a su fe caliente. Y venció la razón, venció la incredulidad. Perdió la
fe. La fe perdió. Y sin embargo, el personaje de Jesús de Nazaret, Kirios, Señor, siguió
ejerciendo una grandísima fascinación sobre el hombre y sobre el escritor Enmanuel Carrère. Por todo ello, en su sincera despedida de Dios, pudo escribir: "Te abandono, Señor; tú no me
abandones".
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